Política

El reventón térmico de Valencia que barrió Alzira: “Llegó un diluvio de agua y viento que no hemos conocido”

Los municipios afectados por el frente de tormentas que barrió este jueves buena parte de la Comunidad Valenciana tratan de recuperar un día después la normalidad tras el reguero de daños que dejaron rachas de viento de hasta 150 kilómetros por hora. En Alzira, capital de la Ribera Alta, la comarca más afectada por el temporal, sus vecinos se acercaban este viernes por la mañana hasta la plaza de la Constitución para comprobar in situ cómo parte de la bóveda de la iglesia más antigua de la ciudad, la de Santa Catalina, voló literalmente al paso de la tromba de agua y el fuerte viento por esta localidad de 48.000 habitantes. “Llegó un diluvio de agua y viento, de una manera que no hemos conocido. Parecía como si el mundo se acabara”, apunta el alcalde accidental Enric Montalvà, mientras hace recuento de daños.

“Estaba en mi despacho y comencé a oír portazos dentro del edificio del Ayuntamiento; se oían muchos golpes, cuando me asomé a la calle, había una cortina de agua. Vi con mis propios ojos cómo la tormenta arrancaba con facilidad los canalones de una casa de 200 años que hay enfrente del consistorio”, describe Montalvà, que apunta que hace 10 días hubo otro reventón fuerte que ya partió árboles añejos de la localidad.

La bóveda de la iglesia arciprestal de Santa Catalina, un ejemplo del gótico valenciano, es la imagen misma de lo que sucedió este jueves. Parte del tejado en uno de los laterales lo levantó ayer un viento huracanado y lo lanzó contra el suelo de la calle contigua. La hoja de ruta para repararla “está ahora en manos de los técnicos. Lo único que nos ha alegrado es que no hay daños personales porque, al ser verano, la gente está fuera y no pasaba nadie cuando cayó”, explica el vicario parroquial de Santa Catalina, Pablo Sanz.

Amparo, vecina de la casa justo al lado de donde se desplomó el techo del templo, ha explicado que estaba haciendo la comida y escuchó el estruendo. La caída de cascotes ha roto todo el cableado de la calle y ella está sin luz desde entonces.

En la comarca de la Ribera se cultivan tradicionalmente cítricos o caquis, como explican los vecinos, se han visto vientos de hasta 90 kilómetros por hora, que han arrancado las hojas de los frutales, “pero 143 kilómetros por hora, nunca”, añaden. La organización agraria Unió de Llauradors apunta que las tormentas han dañado especialmente la producción de caquis. “Hay una extensión importante de afección en la comarca”, remarca su secretario general, Carles Peris.

María Mesto, de 67 años, madrileña de origen, y su hermana Pilar son dos vecinas que se han acercado a la plaza de la iglesia para ver los destrozos. María asegura que nunca había pasado tanto miedo como ayer, cuando un reventón húmedo barrió el municipio. Los hierros de la barandilla y del toldo de su casa se movían tanto que pensó que se saldrían de la pared. “Madre mía, qué miedo. Lo que lloré… Lo pasé muy mal durante los minutos que duró”, relata a pocos metros del templo, hoy acordonado para evitar el paso de los transeúntes.

Hay árboles con ramas, algunas de 2.000 kilos, que se han retirado de la vía pública y se revisan los daños en el cementerio, donde un empleado recoloca los centros florales de los nichos después de que algunos de ellos salieran volando. Otro árbol partido da testimonio de que el reventón no perdonó en su trayectoria al camposanto.

A 10 kilómetros de Alzira, los servicios municipales de Carcaixent trabajan mano a mano. Su alcaldesa, Carolina Almiñana, recuerda que hasta nuevo aviso está “totalmente prohibido” transitar por parques, jardines y zonas arboladas para “facilitar los trabajos” de saneamiento. Sí se han reabierto la piscina descubierta y el cementerio tras revisar su estado. Los técnicos de Iberdrola trabajan para solucionar el fallo de tensión y restablecer el suministro de electricidad lo antes posible.

La intensa tromba de agua también sorprendió a los conductores que circulaban por las carreteras de la zona, como la autovía de Cullera a Sueca, donde la visibilidad era muy baja. En las vías urbanas, la circulación también fue muy complicada por la acumulación de agua en las calles. Las temperaturas en Cullera, afectada también por el vendaval, cayeron hasta los 19,3 grados, cuando la jornada anterior era de 36.

En la pedanía de El Perellonet, un enclave costero situado junto al parque natural de L’Albufera, de apenas 1.600 habitantes, que se llena en agosto de veraneantes por sus playas, también se vieron sorprendidos por el temporal. “Duró poco, dos o tres minutos, pero daba mucho miedo”, confirman desde la alcaldía pedánea. Según Afan, propietaria del bar Gaviotas 15, el episodio duró, explica en un precario castellano, un minuto “y ¡pum!”, rompió un cristal de su establecimiento y se llevó volando las sillas y mesas de la terraza.

“No habíamos visto algo así en la vida”, cuenta Amparo Ballester, con el pan recién comprado en las manos, en El Perellonet. “Cayeron dos balcones de un bloque de apartamentos”, apunta señalando dos calles más allá. La playa de esta pedanía de Valencia está lista para los veraneantes, no se observa suciedad ni desperfectos. Según los servicios de limpieza, por la mañana se han encontrado papeleras fuera del sitio y poco más.

En el municipio de Sueca, las ráfagas abatieron, sobre todo, árboles. Una montaña de troncos se amontona este viernes en dos plazas de aparcamiento en una de sus avenidas a la espera de que los camiones municipales los retiren. Vicent, un vecino de 80 años de la localidad, vio cómo el viento vencía el tronco del árbol que tiene frente a su casa. Horas antes se dio por advertido con los avisos y alertas meteorológicas y guardó su coche nuevo por si caía pedrisco. “Fue una barbaridad de aire. Los contenedores rodaban por aquí y por allá”, reconoce mientras explica que las fuertes ráfagas han dañado los campos de arroz, según le han contado.


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