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El Real Madrid escapa de sí mismo y aguanta la victoria ante el Inter

El Real Madrid perdió el viernes contra el Betis su mejor partido y ganó contra el Inter el peor, una función desorientada y desesperante en la que se vio dominado por los italianos y sostenido por Courtois. El equipo de Mourinho se adelantó castigando dos fallos del Inter con sendos goles de Mbappé y Valverde y luego acumuló su propia colección de fallos ante la puerta de Josep Martínez, una colección nutridísima. Y así comenzó el Real su camino en la Champions con una victoria difícil de deducir de lo que vio y sintió el Bernabéu, pero que vale los mismos tres puntos que se le escaparon en La Cartuja en Liga.

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Thibaut Courtois, Marc Cucurella, Denzel Dumfries, Ibrahima Konaté, Dean Huijsen, Trent Alexander-Arnold (Aurélien Tchouaméni, min. 78), Brahim Díaz (Yan Diomande, min. 78), Federico Valverde, Jude Bellingham, Vinícius Júnior (Álvaro Carreras, min. 86) y Kylian Mbappé (Carlos Espí, min. 92)

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Josep Martínez, Benjamin Pavard (John Stones, min. 45), Alessandro Bastoni, Yann Bisseck, Hakan Çalhanoglu (Piotr Zielinski, min. 59), Nicolò Barella (Petar Sucic, min. 59), Curtis Jones, Andy Diouf, Carlos Augusto (Henrikh Mkhitaryan, min. 82), Marcus Thuram (Ange-Yoan Bonny, min. 59) y Lautaro Martínez

Goles 1-0 min. 13: Mbappé. 2-0 min. 22: Valverde. 2-1 min. 76: Carlos Augusto

Arbitro Michael Oliver

Tarjetas amarillas Calhanoglu (min. 39), Huijsen (min. 78), Lautaro Martínez (min. 78), Yann Bisseck (min. 93)

Para el Madrid, el partido parecía un experimento, la prueba de un concepto disparatado en los tiempos en los que el fútbol es de los centrocampistas. ¿Qué sucede si se juega sin centro del campo? Entre finales de lesiones (Tchouameni y Thiago) y sanciones (Camavinga, Güler y Bernardo), a Mourinho solo le quedaba Valverde. Sobre la pizarra, le puso al lado a Trent, pero el inglés transparentaba. Y lo que sucede si se juega sin centro del campo es lo que vio el Bernabéu, donde el Madrid se derritió desde el principio ante un Inter que contaba con Barella, Çalhanoglu y Curtis Jones para manejar una parcela a la que el pelotón del portugués renunció desde el comienzo. Y renunciar a esa franja de hierba significa renunciar a la pelota.

Terminaron la primera parte con un 30% de posesión: solo 150 pases, menos de la mitad que los 348 del Inter, según Opta. El equipo italiano gobernaba con aparente tranquilidad, e iba empujando al Madrid contra el área de Courtois, que empezó a sumar paradas pronto, una a un remate a bocajarro de Thuram, otra a un tremendo libre directo de Çalhanoglu. Daban la impresión de jugar solos, mientras el Real se veía incapaz de avanzar juntando tres pases. Ese puede ser la principal conclusión del experimento del Bernabéu. Pero el fútbol se empeña en eludir los cauces del método. Discurre por donde le da la gana. Muchas veces a contracorriente. Burla la lógica. Y al ojo. Lo que se veía era que los italianos tejían con método la mortaja del rival. Lo que sucedió es que Brahim birló una pelota a un defensa al que había apurado Mbappé. El malagueño la filtró en el siguiente parpadeo y el francés marcó.

Pese al gol, el Inter siguió a lo suyo, sobre todo porque el Madrid continuaba en su nada contemplativa. Tranquilidad. Tanta, que Josep Martínez se permitió pisar el balón en el área pequeña para eludir el asalto de Valverde, que volaba en un sprint de más de 20 metros. Cuando el portero se despertó, aún con la pelota bajo los tacos, el uruguayo ya estaba allí. Ya se la había arrebatado. Ya había marcado el segundo.

El Madrid había encontrado el modo de sobrevivir al experimento del centro del campo ausente: se trata de recuperar lo más arriba posible, mejor en el área pequeña, golpear y luego aguantar apoyado en la inspiración del asombroso Courtois, parada a parada. Tal vez exprimir una contra.

La fórmula resultaba desconcertante para el Bernabéu, zarandeado entre la alegría de la victoria y la desesperación por lo que veía, entre el júbilo y los pitidos después de cada ocasión del Inter, después de cada oportunidad desperdiciada por el impreciso Mbappé. Podría pensarse que también formaba parte del experimento de Mourinho, que ya había avisado de que no quería jugar bien como contra el Betis en Sevilla, donde sufrieron el viernes la primera derrota de la temporada. Quería ganar. Y ahí lo tenía: una victoria con el partido del curso que más se alejaba de la senda que recorrió en La Cartuja.

El efecto del 2-0 en el Inter le abrió las vías que no había encontrado con sus escasos pases. Los italianos se lanzaron al ataque, aflojó en el centro y el Madrid echó a correr. Pero la mala puntería de Mbappé y el acierto de Josep Martínez evitaron que ampliara la ventaja, y Carlos Augusto acabó embocando un centro de Lautaro. Mourinho, que llevaba minutos mascando su furia en la banda, fallo tras fallo, retiró al etéreo Trent y Brahim y metió a Tchouameni y Diomande. También quitó a Vinicius, despedido con una pitada ensordecedora, y metió a Carreras, un doble lateral para que no se escapara la victoria. No se escapó. Tampoco la grada la celebró sin reparos, aún entre el cabreo y el alivio de empezar la Champions ganando.


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