Nacional

El migrante herido de bala por el ICE en Austin, devuelto al centro de detención y en una celda de aislamiento

El venezolano Wilber Garcés Pérez no podrá ser deportado por el momento. Un juez de inmigración ha frenado temporalmente su expulsión de Estados Unidos y ordenado que se presentara la semana que viene en su primera audiencia, informó su abogada.

“Fue agendada para el miércoles 30 de septiembre y eso implica que no será expulsado en ese tiempo. Tenemos un bloqueo temporal”, explicó la abogada Kate Lincoln Goldfinch en un video en su cuenta de X. La orden fue dada por el juez del distrito Oeste de Texas, Orlando García.

Este martes por la mañana, la abogada tenía previsto visitarle en un hospital al que había sido trasladado. La noche del lunes, Lincoln y congresistas de Texas, como Joaquín Castro, reportaron que el migrante estaba perdiendo la movilidad del lado izquierdo de su cuerpo. Pero a medianoche fue dado de alta por segunda vez en dos días y devuelto al Centro de Procesamiento del Sur de Texas, en Pearsall.

Así que, en lugar de la visita en persona, Garcés y Lincoln tuvieron una videoconferencia, explicó a EL PAÍS la vocera de la abogada, Fabiana Meléndez. En la llamada, el venezolano le explicó que, después de haber participado en la rueda de prensa del lunes, personal del centro de detención le quitó “a la fuerza” la tableta con la que se comunicaba con el mundo exterior. Además, lo movieron de la sala de enfermería de Pearsall −donde había estado desde la noche del domingo− a una celda en solitario con una cama plana, no reclinable, antes de ser trasladado por un tiempo al hospital.

El lunes en este segundo hospital, contó la vocera de la abogada, los médicos sí se comunicaron con Garcés directamente sobre su tratamiento médico y le administraron morfina para aliviar el dolor causado por la bala que aún tiene en el cuerpo y que fracturó su clavícula. Sin embargo, la abogada aún no tiene suficiente información médica sobre la extensión del daño y de la pérdida de sensaciones y movimiento del migrante en el lado izquierdo de su cuerpo.

Garcés, de 28 años, iba en su Toyota Corolla azul a entregar un pedido de la app DoorDash el domingo cuando fue interceptado por agentes migratorios que le pidieron sus documentos. Él quería estacionar su auto en algún parqueadero antes de ser detenido, pero los funcionarios no se lo permitieron. Eso desencadenó una persecución que terminó con un agente del ICE chocando el auto del venezolano y luego disparándole varias veces. Una de las balas terminó alojada en su espalda, muy cerca de la columna.

Lincoln denunció este martes en su red X que, además, el oficial que hirió a Wilber no llevaba puesta su cámara corporal: “No es una sorpresa”, agregó, y aunque no dio a conocer el nombre del agente, explicó que había sido contratado por la agencia federal el año pasado.

En contraste, el martes el alcalde de la ciudad, Kirk Watson, y la jefa de policía, Lisa Davis, mostraron los videos de las cámaras corporales de los agentes locales que acudieron posteriormente a la escena.

Adolescentes a la calle

Lo ocurrido a Garcés también llevó a estudiantes de secundaria a convocar una protesta este martes. Más de 100 se salieron de los salones de clases y se congregaron en una calle al noreste de Austin. Fue la manifestación más grande que se ha visto después de la del domingo, que acabó cuando las autoridades policiales lanzaron gases lacrimógenos.

Velma Sánchez, de 41 años, acompañó a sus tres hijos de 19, 17 y 14 años. En una mano, sostuvo una bandera mitad de Estados Unidos y mitad de México, como es ella misma; en la otra, una pancarta en la que escribió “chinga la migra”. Aunque ella y sus hijos son ciudadanos estadounidenses, acudieron porque conocen la sensación de tener una familia separada.

El padre de dos de sus hijos menores fue deportado hace 12 años a El Salvador, cuando apenas eran unos bebés. Uno de ellos abraza en sus hombros la bandera de ese país.

“No tuvieron tiempo de conocerlo”, dice a EL PAÍS la madre. Cuenta que después de la deportación de su esposo pasó un año en una depresión que la llevó al alcohol. “Es triste, uno se siente solo y sin saber qué hacer (.) Pero luego lo superé por los niños. Ya habían perdido a su papá; no podían perder a su mamá también”.

Entre la multitud también estaba Carmen, de 17 años y estudiante del penúltimo año de secundaria. Sus dos hermanos fueron detenidos por el ICE, uno en marzo y el otro en junio. Siguen detenidos y es poco lo que han sabido de ellos. Esta es su primera protesta. Acudió no solo por Garcés, sino también por sus hermanos.

Más allá está Giselle, una estadounidense de 15 años. Lleva puesta una franela con la bandera de México, de donde es originaria su familia. “Vine para hablar por aquellos que no pueden hacerlo”, dijo. Una de ellas es su propia madre, que ha optado por encerrarse en casa por miedo a ser detenida. Giselle siente que lo que le ocurrió a Garcés puede pasarle a sus amigos indocumentados y a su propia familia. A todos, sin importar sus edades.

Sofía, de 14 años, aún no puede creer que el ICE haya baleado a un inmigrante por la espalda. “No me hace bien ver que puedan hacerle eso a alguien solo por el color de la piel”, asegura.

Su madre no pudo acompañarla a la protesta por miedo, porque no tiene estatus migratorio y temía que funcionarios policiales pudieran pedirle documentos, detenerla y transferir su custodia al ICE. Le dio dinero para que volviera a casa en un taxi. “Vive con miedo, porque el ICE se ha ido a esconder por la zona donde vivimos. Ella trata de no salir, igual que mi papá”.

En el pasado, una parte de su familia paterna fue deportada. Sofía cuenta que sus padres han estado ahorrando por si alguno llegara a ser detenido. Su papá tiene dos trabajos.

Ella sostiene una pancarta en la que se lee: “Eggs are so expensive because all the chickens are in Congress” (“Los huevos están tan caros porque todas las gallinas están en el Congreso”). Ante la falta de la defensa de los migrantes por parte de los representantes electos, dice, ahí está ella y sus compañeros.


Source link