Durante muchos años se creyó que la mente y el cuerpo funcionaban por separado. Sin embargo, la ciencia moderna ha demostrado que las emociones, el estrés y los estados mentales tienen efectos reales sobre el organismo. Hoy disciplinas como la psiconeuroinmunología estudian precisamente la relación entre las emociones, el sistema nervioso, las hormonas y el sistema inmunológico. El estrés crónico activa mecanismos biológicos de supervivencia. Cuando una persona vive constantemente bajo ansiedad, miedo, presión o tristeza, el cuerpo libera hormonas como cortisol y adrenalina. Aunque estas sustancias ayudan a responder ante peligros inmediatos, cuando permanecen elevadas por largos periodos pueden afectar la salud física. Diversas investigaciones relacionan el estrés sostenido con alteraciones inmunológicas, inflamación, problemas cardiovasculares, trastornos digestivos, insomnio y fatiga crónica. Investigadores han encontrado que el sistema inmune y el sistema nervioso mantienen una comunicación constante. Estados emocionales intensos como duelo, depresión o ansiedad pueden modificar la respuesta inmunológica del organismo. Un artículo publicado en la revista Acta Pediátrica de México señala que procesos psicológicos adversos pueden influir en el desarreglo del sistema inmune mediante mecanismos neuroendocrinos y neurológicos. Además, especialistas en salud han advertido que incluso episodios breves de estrés intenso pueden generar efectos temporales en las defensas del cuerpo. El médico Manuel Sans Segarra explicó recientemente que un minuto de estrés profundo puede provocar una disminución inmunológica durante varias horas debido a la liberación excesiva de hormonas relacionadas con el estrés. La ciencia también ha comenzado a estudiar cómo emociones positivas y vínculos afectivos benefician la salud. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México han señalado que acciones tan simples como los abrazos ayudan a disminuir niveles de cortisol y favorecen el bienestar emocional y físico. Aunque esto no significa que todas las enfermedades sean causadas por emociones, sí existe evidencia sólida de que la salud emocional influye en la evolución, recuperación y prevención de múltiples padecimientos. Por ello, cada vez más especialistas recomiendan integrar hábitos como meditación, terapia psicológica, ejercicio, descanso adecuado, respiración consciente y fortalecimiento de relaciones humanas como parte del cuidado integral de la salud.
En un mundo donde el estrés y la ansiedad se han vuelto comunes, escuchar las emociones podría ser también una forma de prevenir enfermedades. Porque el cuerpo, muchas veces, expresa aquello que la mente calla. Con cariño Paty Mendoza. Información 3121334989. Sígueme en mis redes sociales www.facebook.com/share/18ENodTwLN/
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