El Camp Nou disfruta con el Barça ante un Athletic en formación
El Barça, cada día más reconocible como equipo de Flick, regaló un muy buen partido a un entregado Camp Nou, muy pendiente del fútbol por la afrenta de un Athletic todavía en formación, redimido en cualquier caso por la falta de puntería de Gordon, Fermín y Lamine, y el repertorio de paradas de Unai Simón. A pesar de que la victoria se daba por descontada desde el gol de Raphinha, el jugador que ejerce de nueve y que ya había anotado dos dianas en Elche, los azulgrana agradecieron un regalo de Laporte, encarado a su propia portería y aprovechado por Fermín, que supuso el definitivo el 2-0.
No tuvo el Barcelona la eficacia de Elche después de madurar muy bien un partido intenso, de palabras mayores, condicionado por una colorida y armónica carga simbólica a causa de los incidentes de Elche. El episodio del domingo provocó la cancelación del homenaje a los mundialistas y la exhibición de estelades, la bandera independentista que desde los tiempos del procés ha sustituido en muchas casos a las senyeras que ondeaban en los años setenta, en pleno 75 aniversario del FC Barcelona. El momento duró el tiempo que sonó el himno en plena comunión con un Camp Nou expectante con el reencuentro con su Barça.
A los velocistas de Elche, protagonistas de un partido tan vertical como efectivo, añadió Flick para enfrentar al Athletic a jugadores con muy buen pie y fundamentales para marcar el timing del partido como son Cubarsí y Pedri. El equipo azulgrana, ya aplicado en la recuperación, necesita también elaborar el futbol y controlar el juego, mezclar el fútbol al espacio con el fútbol al pie, sobre todo frente a desafíos como el planteado por el Athletic, un plantel que participa también del ideario de Flick con la llegada de su compatriota Terzic, el técnico que llevó al Borussia Dortmund a la final de la Champions 2024.
La valentía de los técnicos se plasmó en el despliegue de los dos equipos, que tiraron la línea de presión muy arriba, con la defensa alta, hasta la divisoria, tan agrupados que los movimientos eran muy complicados por la falta de espacios, un terreno que propicia las imprecisiones y las pérdidas o también la profundidad y la exquisitez, virtudes que tiene Lamine, defendido por el joven Johaneko. Unai Simón evitó el gol del extremo cuando el partido se abrió un poco, agitado por el fuelle de Gordon y la sutileza de Espart, y también por la amenaza de los hermanos Williams y Sancet, cuyas llegadas obligaban a estar muy atento a Joan García.
El ritmo fue en aumento con Xavi Espart de protagonista, excelente en un centro que Raphinha cabeceó al palo y exigido en una entrada a Nico, derribado cuando encaraba la portería del Barça. La jugada acabó con una tarjeta amarilla para el lateral zurdo del Barcelona. Los giros de Fermín aumentaron el caudal ofensivo y el gol llegó en cuanto Pedri pudo tirar el pase para el desmarque de Raphinha. La sincronización fue perfecta y el brasileño sorteó al meta para reivindicar su condición de delantero centro en pleno sainete con Julián Álvarez. Asistido por Bernal, genial en el quite, Lamine tuvo acto seguido el 2-0 en un tiro franco que sacó Unai.
El descanso no atemperó el dinamismo de Gordon, falto si acaso de tiro, y tampoco afectó a la agresividad de Raphinha ni al talento del mandón Pedri. El último paso, sin embargo, se resistía: no se acababan bien las jugadas, no se afinaba en el remate y el larguero devolvió un chut de Lamine, tan participativo y absorbente como negado ante Unai. Los azulgrana no descansaban sino que mordían en cancha de un Athletic cada vez más alejado del área de Joan García. El partido demandaba más carga y Flick quitó al agotado Rafinha y a Bernal para dar entrada a Olmo y Rodri ante el clamor del Camp Nou.
El Athletic poco tuvo que decir si se exceptúa un chut al palo de Sancet. Acosado en su área, se aturrulló y Laporte quiso jugar de mala manera con Unai y propició el remache de Fermín. Ya apenas quedó partido para disfrutar por más que en la cancha gobernara Rodri. El mediocentro ayudó a guardar la pelota para abrochar una victoria tan meritoria como merecida, muy del agrado del Camp Nou. El runrún por la falta de un nueve escampa con siete goles a favor y ninguno en contra en dos partidos de Liga.



