El cambio climático transforma la ecuación económica del negocio hotelero en México
El fenómeno climático de El Niño provocó lluvias e inundaciones sin precedentes en 2024 en el sur de Brasil que, además de dejar cientos de víctimas, anegaron infraestructura urbana y hotelera, principalmente en Rio Grande do Sul. Un año antes, el huracán Otis había golpeado las costas de Guerrero, en México, con voracidad contra la línea hotelera y de residencias vacacionales. Dos eventos en distintas latitudes que reflejan cómo un clima cada vez más extremo se está convirtiendo en un riesgo creciente para el negocio del turismo. “Justo cuando estamos escuchando mucho de El Niño, hace dos años en Brasil, casi toda nuestra operación en el sur se quedó cerrada por más de tres meses a causa de las lluvias”, recuerda Antonietta Varlese, vicepresidente senior de Sostenibilidad de Accor Américas. “Mirando los riesgos, hoy lo que hacemos es trabajar muy fuertemente con los inversionistas, desde el momento en que se va a construir un hotel”, agrega.
La cadena hotelera francesa, con presencia en 110 países, entre ellos México, explica que el modelo de análisis de riesgo financiero dentro del sector ha cambiado, movido por una lógica de sostenibilidad que se traduzca en operaciones más resilientes al cambio climático y los eventos cada vez más volátiles de la naturaleza. Ahora, antes de construir un nuevo hotel, los inversores evalúan detalladamente la ubicación y exposición del proyecto frente a amenazas futuras, como la cercanía al mar o la disponibilidad de agua a largo plazo. La sustentabilidad también se ha convertido en una herramienta de control de costos, que procura la reducción de desperdicios de alimentos, agua, plásticos y electricidad.
Y no es para menos. Según un adelanto del Informe de Agua y Cambio Climático en Iberoamérica, el 88% de los desastres ocurridos en Latinoamérica en las últimas tres décadas ha tenido un origen hídrico, ya sea por exceso de agua o por sequía. La región vive en una paradoja: aunque concentra una tercera parte del agua dulce del planeta, 164 millones de personas esperan por agua potable. Además, apenas se canaliza un 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB) conjunto en financiamiento climático, en su mayoría en forma de préstamos, según el Colegio de México, encargado académico del informe que será presentado en su totalidad en la Cumbre de jefas y jefes de Estado de Iberoamérica, en noviembre en Madrid.
Mientras México ya se prepara para recibir el apogeo de El Niño a finales de año, con un repunte en los frentes fríos y lluvias y ciclones tropicales por encima del promedio, el riesgo climático ya tiene una traducción económica tangible en una de las zonas más turísticas del país. La temporada de sargazo ha golpeado con fuerza al Caribe mexicano, con niveles récord en 2026, cuando se calcula que unas 90.000 toneladas diarias del alga han recorrido la zona, desde las 40.000 toneladas promedio de años anteriores. De ese volumen, alrededor del 10% recala en las costas de Quintana Roo, según la Secretaría de Medio Ambiente.
Según cifras de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur), los empresarios turísticos de la región deben invertir cerca de 150 millones de dólares al año en la limpieza de las playas, además de los miles de pesos que invierte el Gobierno cada año. “El sargazo es un problema económico y tenemos que ver cómo el atractivo de la playa y de la zona costera se logra mantener y que no afecte al turismo, para que los márgenes que tienen hoteleros y restauranteros no se vean afectados”, ha apuntado este jueves Octavio de la Torre de Stéffano, presidente del gremio.
Consumidores ecorresponsables
El turismo es un pilar de la economía mexicana. El país cerró el año pasado entre los diez más visitados del mundo y la actividad representó el 8,7% del total de la economía en 2024, según la última cifra oficial disponible. No obstante, el sector también forma parte del problema. Distintas investigaciones científicas han calculado que la industria turística aporta cerca del 8,8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y que el alojamiento representa alrededor del 6,3%.
Los eventos naturales empiezan a trastocar los planes —incluso los más sensibles y planificados— de los viajeros. Según la Concanaco, por ejemplo, el arribo masivo de algas a las costas incluso se ha traducido en la cancelación de unas 10.000 reservaciones de bodas, afectando a los huéspedes, pero también los ingresos de hoteles, restaurantes, transporte y otros negocios vinculados al turismo.
En ese contexto, las preferencias de los consumidores también han empezado a transformarse –incluso mientras el negacionismo climático gana espacio en el debate político de Estados Unidos– y lo hacen de manera transversal: desde las juntas directivas hasta el carrito de la compra. Una investigación global realizada por Accor junto con la Universidad de Surrey y Booking.com indica que el 83% de las personas considera importante viajar de manera sostenible, el 43% está dispuesto a pagar más por opciones ecológicas y el 59% filtra sus búsquedas digitales de alojamiento bajo estos criterios.
Accor sostiene que ha reducido su consumo de agua y electricidad y que tiene planes para seguir disminuyendo el desperdicio de alimentos hasta en un 60%, además de ofrecer mayores opciones de alimentación basada en plantas. La cadena opera 37 hoteles en México, con un portafolio que combina marcas económicas, como Ibis, y otras de categoría superior, como Novotel. Cerca de la mitad de sus hoteles en el país ya cuenta con certificaciones de terceros que auditan criterios de sostenibilidad y diversidad. “Estamos pensando en una fórmula para en los próximos años hacer de esta hostelería un poco más resiliente, también, cómo ofrecer un espacio para que las personas se sientan seguras”, agrega Varlese.
“Ya la gente está mirando los factores climáticos antes de hacer sus viajes, se lo piensan dos y tres veces, porque son algo que va a impactar el turismo de aquí en adelante, y no hay vuelta atrás”, concluye.


