EE UU e Irán intercambian ataques por primera vez desde julio
Cuando se han cumplido seis meses de la guerra de Irán, Estados Unidos parecía más interesado en asfixiar económicamente al régimen que en los enfrentamientos directos. Pero una nueva escaramuza ha vuelto a recordar este domingo que la guerra sigue siendo algo muy real. Las tropas de Washington atacaron dos lanzaderas iraníes en la isla de Larak, en el estrecho de Ormuz, según informó primero el medio Axios y luego confirmó la propia Guardia Revolucionaria del régimen. Poco después, la República Islámica respondió lanzando misiles contra Jordania, que el país aliado de Washington logró interceptar. Se trata de los primeros ataques entre los dos enemigos desde el pasado julio. El renovado furor guerrero hizo que el precio del petróleo superase en algún momento los 90 dólares el barril.
Durante la tarde del domingo, la Guardia Revolucionaria iraní informó de una “agresión” estadounidense y amenazó con represalias. A última hora del día, el Mando Central de Estados Unidos (Centcom) dio su versión de lo ocurrido. “Las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una acción limitada y precisa contra fuerzas de la Guardia Revolucionaria que colocaban minas y representaban una amenaza inminente en el estrecho de Ormuz”, aseguró el ejército estadounidense, que resumió la situación como una amenaza por parte iraní que se vieron obligados a eliminar “para proteger a los marinos civiles, al transporte marítimo comercial y al libre flujo del comercio mundial”.
🚫CLAIM: Iran’s Islamic Revolutionary Guard Corps (IRGC) claimed in a recent statement that strikes by.S. forces to prevent the IRGC from placing mines in the Strait of Hormuz were an “act of aggression.” This claim is absolutely FALSE.
✅FACT:.S. forces took limited,… pic.twitter.com/XLx8xNTHto
—.S. Central Command (@CENTCOM) August 31, 2026
La Guardia Revolucionaria, el ejército paralelo que vertebra el régimen islámico y que controla entre el 20% y el 30% de la economía del país, afirmó que el ataque contra la isla de Larak había dejado varios combatientes y civiles muertos y heridos, según la cadena estatal IRIB. Aunque ese cuerpo no proporcionó una cifra exacta de bajas, la agencia de noticias Tasnim, vinculada a ese organismo, informó de dos muertos y de dos heridos.
“La desesperación ante sus problemas domésticos y la caída de su credibilidad entre los países de la región hacen que intenten revivir su siniestro papel y justificarse ante la opinión pública con un acto agresivo, atacando la isla de Larak”, denunció la Guardia Revolucionaria. “El ataque tendrá una respuesta de los hijos del Irán islámico y habrá un castigo para el agresor”, continuaba el comunicado, que hablaba de “mártires y heridos” entre sus combatientes como consecuencia de un ataque del “enemigo estadounidense-sionista”. Más tarde se conoció la respuesta en dirección a Jordania.
“Pudimos observar a efectivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica preparándose para lanzar cohetes con minas marinas hacia el estrecho de Ormuz”, declaró a la agencia Reuters un alto cargo estadounidense antes de que hubiera una comunicación oficial. Los cohetes, según afirmó una fuente citada por la cadena catarí Al Jazeera, estaban siendo preparados para lanzar minas navales. “Nuestras fuerzas han completado el desminado de las rutas mercantes internacionales del estrecho de Ormuz”, señaló esa fuente.
El estrecho de Ormuz sigue siendo el punto clave que muestra hasta qué punto Estados Unidos ha fracasado en sus objetivos estratégicos en la guerra que comenzó el pasado 28 de febrero de la mano de Israel, su aliado. Más allá del innegable éxito que supuso en esos días el descabezamiento del régimen, con la muerte de su líder supremo, Ali Jameneí, la República Islámica ha demostrado una notable capacidad de resistencia. Hoy, con Mojtaba Jameneí, hijo de Ali, al frente, parece en una situación de mayor fortaleza que antes de la guerra. El cambio de régimen que el presidente Donald Trump planteó en algún momento como objetivo parece hoy aún más lejano que antes de la guerra.
El estrecho de Ormuz -por donde antes de la operación impulsada por Trump y por el primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, circulaba aproximadamente el 20% del petróleo mundial- sigue hoy cerrado, causando un efecto muy dañino tanto a la estadounidense como a la global. Esto ocurre cuando quedan dos meses para las vitales elecciones parlamentarias, donde Trump se juega la segunda mitad de su mandato en la Casa Blanca. Dada la gran repercusión mediática en torno al nuevo régimen de sanciones, es fácil llevarse la impresión de que Trump busca una escalada.Sin embargo, al analizar la situación más a fondo, surge un panorama distinto: Trump parece preferir un conflicto de menor intensidad —sin grandes acontecimientos diplomáticos ni escalada militar— hasta las elecciones de mitad de mandato.
“Dada la gran repercusión mediática en torno al nuevo régimen de sanciones, es fácil llevarse la impresión de que Trump busca una escalada”, aseguró en un análisis exprés tras conocer el ataque el experto en Oriente Próximo Trita Parsi. “Sin embargo, al analizar la situación más a fondo, surge un panorama distinto: Trump parece preferir un conflicto de menor intensidad —sin grandes acontecimientos diplomáticos ni escalada militar— hasta las elecciones de mitad de mandato”, continuó.
La operación en la isla de Larak se conoce el mismo día en el que The Washington Post publica una reveladora información sobre el creciente malestar en el ejército de Estados Unidos ante una guerra que se suponía que iba a durar solo unos días y que ya se prolonga durante más de medio año sin ningún viso de finalizar a corto plazo. Según ese periódico, altos mandos militares han advertido al secretario de Defensa, Pete Hegseth, de los riesgos de prolongar las operaciones a gran escala en Irán. Esta posibilidad, aseguran, es insostenible y conlleva el riesgo de debilitar la capacidad para hacer frente a amenazas en otras regiones, incluido el propio territorio de Estados Unidos.
Las advertencias al secretario Hegseth fueron realizadas, según informa el diario, por los jefes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, así como por los comandantes de cuatro estrellas que supervisan las operaciones estadounidenses en Europa, Asia y América Latina.


