Política

Desaparecidos a las puertas de Ceuta: “Se oían movimientos en el agua, después, nada”

El autobús tarda en llegar, frente a la frontera del Tarajal, la gente espera en la parada. Algunos acaban de cruzar desde Marruecos y buscan entre el tráfico y el ir y venir de viajeros un transporte que los lleve hasta el centro de Ceuta. En una de las mamparas, casi a la altura de los ojos, un cartel con fotografías pasa casi inadvertido. En ellas aparecen dos jóvenes marroquíes que sonríen. Sus rostros no dejan entrever la historia que cuenta el texto: “Desaparecidos en el mar y su familia no tiene noticias. Tu información puede salvar vidas”. Son sus familias quienes han colocado allí el mensaje en árabe, aferradas a la posibilidad de que alguien haya visto algo, de que una pista permita saber dónde están. EL PAÍS localizó el cartel mientras realizaba un reportaje en la frontera y contactó con la familia para saber si, después de transcurridas varias semanas, habían conseguido alguna noticia sobre su paradero.

Su testimonio ha hecho aflorar decenas de supuestos casos de desapariciones pendientes de investigación por las autoridades españolas. En Marruecos no se han difundido datos oficiales sobre jóvenes que se encuentran desaparecidos después de haber intentado llegar a Ceuta. España ya ha contabilizado 88 cadáveres de migrantes fallecidos durante la crisis migratoria, mientras que las autoridades de Rabat solo han registrado 11 en su territorio (14, según el organismo público Consejo Nacional de Derechos Humanos).

ONG independientes como la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) elevan hasta 141 la cifra de muertes a ambos lados de la frontera del Tarajal con datos recopilados de fuentes oficiales, mediáticas, en particular, de sus propios observadores. En el lado marroquí, la AMDH asegura haber localizado 31 cadáveres (10 de ellos de extranjeros) en la morgue de Tetuán y otros 17 en la de Tánger, en ambos casos de víctimas del cruce masivo en la frontera. La crisis migratoria empezó a agravarse a mediados de julio, cuando cientos de jóvenes comenzaron a irrumpir a nado en las costas ceutíes.

“Nadie sabe nada”

“No tenemos ninguna información sobre ellos, nadie los ha visto, ni sabe nada. Si pudieras ayudarnos, te lo agradeceríamos mucho”, respondió a EL PAÍS Mohamed Rifi, único hermano de uno de los jóvenes del cartel, Hudaifa Rifi, de 19 años, en nombre de su familia. Su mensaje revela que la espera empieza a convertirse en miedo: “No nos quieren dar ninguna información y empiezo a sospechar que están entre los fallecidos… Que Dios los tenga en su gloria”. Llevan mes y medio sin saber nada de ellos.

Todo comenzó un viernes, el 17 de julio, cuando Hudaifa, que dejó los estudios sin acabar la primaria y trabajaba como albañil yesista en el norte de Marruecos, salió de casa con la intención de llegar a Ceuta a nado. Lo decidió después del rezo del mediodía en la mezquita de Martil (40 kilómetros al sur de Ceuta), el más importante de la semana. Desde hacía tiempo le rondaba en esa ciudad donde vivía la idea de cruzar a nado la frontera costera que separa Fnideq (Castillejos) de Ceuta.

Pero había un obstáculo que su familia consideraba insalvable: Hudaifa no sabía nadar bien, asegura su hermano mayor. Cada vez que hablaba de cruzar, sus familiares intentaban quitarle la idea de la cabeza. Aquel viernes, sin embargo, algo cambió. Al llegar a casa después del rezo, se puso una camiseta blanca con el logotipo de Puma, un pantalón deportivo oscuro y su reloj de metal dorado. Cogió el teléfono y algo de dinero. Después dijo a su familia que iba a la playa con unos amigos. Nada en su aspecto hacía pensar que aquella salida fuera diferente a las demás.

“Al ver su ropa informal pensé que solo iba a dar una vuelta y volvería, como siempre”, relata ahora su hermano, de 25 años, que también cita el testimonio del padre de uno de los menores que se desplazó hasta la frontera. En la playa, Hudaifa había quedado con su amigo Ilías Agroassi, de 17 años, otro chico del barrio y dos de sus primos, también menores de edad. Uno de ellos había llegado desde una zona rural de Chauen, en el montañoso Rif del norte de Marruecos. Vino con una idea ya en mente: cruzar a Ceuta. Se la propuso a los demás.

Lo intentaron a las 11 de la noche (una hora más en territorio ceutí). Se escondieron en distintos puntos de la frontera de Castillejos y esperaron, separados, el momento adecuado para esquivar en la oscuridad de la noche los controles policiales mientras. Parecía una ocasión propicia. Hudaifa e Ilías fueron los últimos en entrar al agua. El grupo se dispersó pronto. Ellos nadaban más despacio que los demás y por eso esperaron hasta el final. Llevaban dos sencillos flotadores hinchables para niños que habían costado menos de dos euros cada uno. Con ellos se lanzaron al mar en dirección a la costa de Ceuta.

Lo que ocurrió durante los minutos siguientes, interminables para quienes estaban en el mar, lo relató uno de los jóvenes que formaba parte del grupo: “Para salvar a un amigo que estaba exhausto y no podía nadar más, Hudaifa e Ilías se desprendieron de uno de los flotadores y se lo dieron. En ese momento, mientras intentaban pasárselo, una fuerte corriente marina los arrastró violentamente. Esa fue la última vez que los vimos, agarrándose con dificultad al único flotador que les quedaba. Era completamente de noche y ya no conseguía distinguirlos en la oscuridad. Todavía escuchaban sus movimientos en el agua, después, nada… Fue entonces cuando la Marina marroquí me localizó y me sacó del agua”.

En las redes y en la frontera

Numerosas familias esperan expectantes en Marruecos informaciones sobre seres queridos a los que se perdió la pista camino de Ceuta. Sobre todo, en las redes sociales, pero también en la misma frontera del Tarajal, como comprobó EL PAÍS durante el cruce masivo del 30 y el 31 de julio, y en el intento de salto a la valla frustrado por las fuerzas de seguridad el pasado 15 de agosto. La AMDH ha denunciado “la ausencia de una comunicación oficial eficaz con las familias de los desaparecidos” y reclama al Gobierno de Rabat que “garantice a las familias el derecho a conocer la suerte de sus seres cercanos” así como “la “restitución de sus restos”.

Sin embargo, el ministro de Justicia, Abdelatif Uahbi, ha vinculado la aceptación de los cadáveres de migrantes fallecidos cuando intentaban llegar a suelo ceutí al retorno efectivo de los niños y adolescentes que se encuentran en la ciudad autónoma. Pero los menores están sometidos a las leyes de protección españolas y europeas que impiden su expulsión inmediata, como en el caso de los adultos. El jueves se llevaron a cabo las últimas 12 inhumaciones de migrantes fallecidos antes de llegar a Ceuta en el cementerio islámico de Sidi Embarek. Estaban todos identificados, incluida la única mujer migrante que ha sido enterrada. Otras tumbas de los ahogados solo tienen un número en la lápida.

Sin rastro de los dos jóvenes

En casa de Hudaifa empezaron a inquietarse en la madrugada del día 18. No era normal que pasaran las horas sin noticias suyas, que no respondiera al teléfono. Cuando llegó a la frontera el padre de uno de los chicos informó de que no había rastro de Ilías, su propio hijo, ni de Hudaifa.

Los datos que figuran en la denuncia sobre su desaparición interpuesta en España son ahora algunas de las pocas referencias disponibles para identificarlos. Ilías vestía la camiseta de la selección fútbol de Marruecos cuando intentó cruzar. Hudaifa tenía una cicatriz grande en el brazo izquierdo. El 8 de agosto, un familiar con pasaporte europeo acudió a la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta para denunciar su desaparición. Habían pasado los días y el silencio comenzaba a resultar insoportable para la familia.

El Instituto Armado ha habilitado una oficina especial en la ciudad autónoma para la recogida de denuncias por desaparición de migrantes que intentaron acceder a España. El 4 de agosto, primer día en que se abrió el correo electrónico ce-cmd-ceuta-pjlaboratorio-identificacion@guardiacivil.org, se presentaron decenas de denuncias y en días posteriores ha seguido creciendo su número, con aportaciones de casos recogidos por Cruz Roja, hasta rondar las 200 en la actualidad, según fuentes conocedoras del proceso, informa Juana Viúdez. Ni Mohamed Rifi ni su familia han recibido aún noticias sobre su paradero, a pesar de haber buscado por toda Ceuta, incluso en la morgue.


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