Internacional

Cómo la secundaria se presta para estereotipos que nos marcan hasta cuando somos adultos

Fuente de la imagen, BBC/ Emmanuel Lafont

Antes de volverme amiga de Georgia*, le tenía miedo.

Un incidente está grabado en mi cabeza. Cuando teníamos 14 años, mi mejor amiga del momento estaba organizando una fiesta donde prácticamente toda la generación estaba invitada. Pero había un grupo de personas a las que no les dijo.

Georgia y su séquito caminaban hacia nosotras con paso firme en el patio escolar y todas las miradas las seguían. Ella era como un rayo aterrador de bronceado postizo, extensiones de pelo teñido y ropa deportiva brillante.

¿Qué podría querer con gente como nosotras? Quedamos congeladas cuando paró abruptamente.

“Estamos invitadas a tu fiesta, ¿verdad?”, reclamó Georgia. “Sí, por supuesto”, tartamudeó mi amiga. Satisfecha, Georgia dio media vuelta y se marchó. Otra chica al lado murmuró, “No tienes que invitarlas si no quieres”.


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