Armenia, la ciudad de Colombia que se reconstruyó tras el terremoto de 1999 y ahora no registró muertos
Fuente de la imagen, Gentileza Vanessa Porras
Tenía 5 años cuando su casa se vino abajo.
Era 1999, el año en que Colombia sufrió el terremoto más mortífero de su historia y la ciudad de Armenia, en el Eje Cafetero, quedó completamente destruída, concentrando allí casi todos los muertos que se registraron en el país.
971 personas perdieron la vida en el desastre.
Vanessa Porras no encontraba a su hermana menor.
Apenas entendía lo que estaba pasando, aunque el recuerdo de su hermana de 4 años debajo de los escombros de su casa quedó grabado en la memoria como si hubiera ocurrido ayer.
27 años después, cuando la Tierra volvió a temblar el pasado 10 de agosto, Vanessa revivió esa traumática experiencia.
Dos experiencias muy distintas
Vanessa Porras recuerda que, aquel 25 de enero de 1999, estaba almorzando con su familia cuando comenzó a temblar. Todos corrieron a la calle, salvo su hermana Angie, que poco antes se había ido a su habitación.
Su madre, desesperada, pedía ayuda para que sacaran a la niña, que debía estar bajo los escombros.
Vanessa tenía un poco de sangre en el cuerpo porque le había caído algo en la cabeza y lloraba junto a su madre, suplicando que su hermana estuviera viva.
No encontraban a la niña. Unas horas más tarde, una réplica tiró al suelo las pocas casas que habían quedado en pie.
Esa réplica terminó de devastar la ciudad de 270.000 habitantes, y muchos de los sobrevivientes quedaron esta vez sepultados bajo sus casas.
Pero esa réplica que mató a tantas personas, fue la que le salvó la vida a Angie.
Como se movieron los escombros, la niña pudo gritar y su voz fue escuchada por los vecinos que se abalanzaron al suelo en su rescate.
Alguien consiguió un tubo por el que le hacían llegar agua, después de muchos esfuerzos, “mi hermanita salió con vida”, cuenta Vanessa, ahora con 33 años.
A diferencia de lo que sucedió hace décadas, a la casa de Vanessa no le pasó nada durante el sismo del pasado lunes; su familia está bien.
La ciudad no tuvo muertos que lamentar, salvo una mujer que, en su desesperación, se lanzó por el balcón de un tercer piso.
Fuente de la imagen, Gentileza Vanessa Porras
El terremoto de 1999 fue un evento tan traumático que las personas que lo vivieron jamás lo olvidarán.
Y ahora, aunque las edificaciones de la ciudad quedaron dañadas, no se derrumbaron sepultando a sus habitantes.
“No hay muertos en Armenia. Están afectadísimas las fachadas, las ventanas, los muros internos, pero nadie murió y ese es el objetivo de los códigos de construcción”, apunta Federico Alejandro Núñez, ingeniero civil y profesor de la Universidad Javeriana en Bogotá.
“El objetivo no es que no le pase nada a tu casa, sino salvar a las personas”.
¿Qué cambió?
¿Qué cambió en estos 27 años?, es la pregunta que muchos se hacen.
Y la respuesta tiene que ver tanto con las características de ambos terremotos, como con la manera en la que Armenia, capital del departamento de Quindío, fue reconstruida desde cero.
A primera vista, la comparación puede parecer una paradoja: ¿cómo es posible que un terremoto de mayor magnitud como el de 2026 causara menos destrucción en Armenia que el de 1999?
La magnitud del reciente evento fue de 7,4 y el de 1999 solo fue de 6,1.
Aunque podría ser visto como un contrasentido, la ciencia explica que no lo es, porque el poder destructivo de un terremoto va mucho más allá de su magnitud.
Fuente de la imagen, AFP via Getty Images
La magnitud no es lo mismo que la intensidad, le dice a BBC Mundo Flover Rodríguez, geólogo y director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía, Acggp.
La magnitud la determinan los servicios geológicos, pero la intensidad depende de una infinidad de factores, como por ejemplo, la distancia, los tipos de suelo, o las características de las construcciones.
Esta vez, el epicentro estuvo localizado en San José del Palmar, departamento del Chocó, a unos 70 km de Armenia, mientras que, en el evento anterior, la ciudad estuvo prácticamente en el epicentro, a solo 10 km de distancia.
Otra clave para entender la diferencia es la profundidad. Los sismólogos explican que los terremotos más superficiales son más destructivos.
“El de 1999 fué más agresivo con Armenia porque ocurrió prácticamente debajo de la ciudad y a muy poca profundidad”, explica el experto.
Aquel terremoto tuvo su origen a solo 21 kilómetros de profundidad, mientras que el actual se originó a 107 kilómetros.
Cuando se trata de un terremoto profundo o de profundidad intermedia, las ondas sísmicas se propagan hacia zonas más lejanas.
Esa característica ayuda a entender por qué este terremoto fue tan destructivo en ciudades más distantes como Cali, que está a unos 160 kilómetros de distancia del epicentro.
El contraste con Pereira
Sin embargo, Pereira, una ciudad muy cercana a Armenia, fue una de las más golpeadas por el reciente terremoto.
No es fácil entender por qué, estando las dos ciudades a una distancia muy similar del epicentro, experimentaron consecuencias tan diferentes.
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En Pereira hubo decenas de víctimas fatales y un daño material extendido, mientras que en Armenia no murió nadie, pese a que las construcciones sufrieron daños, el 90% fue declarado habitable, según las primeras evaluaciones de expertos municipales.
Pereira, conocida como la capital del Eje Cafetero, tiene edificaciones más antiguas que no resistieron el poder destructivo del terremoto.
A lo largo de los años, muchas casas y edificios de Pereira han sido reparados, pero los daños estructurales provenientes de sismos anteriores -como los de 1995 y 1999- los dejaron vulnerables al terremoto de esta semana, cuya energía liberada provocó una tragedia que enluta a la ciudad de casi 500.000 habitantes.
Investigaciones futuras tendrán que determinar cómo era el tipo de suelo donde se construyeron las edificaciones colapsadas, considerando que en el Eje Cafetero hay muchas zonas asentadas sobre depósitos geológicos considerados como suelos blandos que magnifican las ondas sísmicas.
Y también darán luces sobre el nivel de cumplimiento de las normas de construcción sismorresistentes creadas tras la tragedia de 1999.
La reconstrucción de Armenia
Pasados 27 años desde el devastador terremoto de 1999, la Armenia actual es una ciudad que fue levantada desde el suelo.
Tal fue el nivel de destrucción que la gente, pese a haber perdido a sus seres queridos bajo los escombros, tuvo que ponerse de pie y reconstruir en medio de la desolación.
Fuente de la imagen, Gentileza Claudia Arenas
El ingeniero civil Federico Núñez cuenta que en esa época se encontraron muchísimas viviendas construidas de una manera informal que no cumplían con los requisitos mínimos. Tampoco resistieron las viviendas antiguas.
Después del terremoto de 1999, agrega, todas las nuevas edificaciones tenían que cumplir con los estándares establecidos y en el año 2010 se creó el Reglamento Colombiano de Construcción Sismorresistente NSR-10 que aún sigue vigente, cuyo principal objetivo es salvaguardar la vida de las personas.
“Armenia es un ejemplo porque logra reconstruirse a pesar de la devastación”, dice Núñez, y lo hace siguiendo la norma sismorresistente.
“Yo creo que es una pequeña batalla ganada en la guerra de un país que tiene amenaza sísmica”.
En el terreno, Claudia Arenas, ingeniera civil del municipio de Armenia, no ha parado de recorrer las edificaciones de la ciudad para hacer una evaluación preliminar de los daños.
El trabajo de ella y su equipo de ingenieros y arquitectos es esencial después del terremoto, porque muchas familias tienen miedo de regresar a sus viviendas y necesitan desesperadamente que un experto les diga si existe peligro.
En los últimos días alcanzaron a revisar más de 1.000 edificaciones y esperan recibir la ayuda de más profesionales voluntarios que llegarán a Armenia la próxima semana.
Fuente de la imagen, Gentileza Claudia Arenas
Una de las escenas que más felicidad le ha provocado es lo que encontró al visitar el Colegio Rufino José Cuervo.
El terremoto comenzó a las 7:34 de la mañana hora local, cuando 1.600 estudiantes de primaria y secundaria estaban en sus aulas.
“Hace unos días habíamos hecho un simulacro y cuando vino el terremoto hicieron exactamente lo que tenían que hacer”, cuenta emocionada. “No hubo ningún niño lesionado, ni una piernita, ni un bracito, es increíble, es un milagro”.
Eso es una muestra, dice, de que en los últimos 27 años Armenia se ha venido preparando para construir mejor y crear conciencia de que hay que vivir en lugares seguros.
“La finalidad de una edificación bien hecha es que nos dé tiempo de evacuar y eso lo logramos”.
Cuenta que los especialistas han estado trabajando con una aplicación que les permite hacer una primera clasificación de las viviendas con un semáforo que divide las construcciones en habitable, habitable con restricciones, o inhabitable, con los colores verde, naranja y rojo, y ver en tiempo real qué está pasando.
Incluso sus propios vecinos le pedían que revisara sus casas y le preguntaban: “¿Claudia, podemos entrar?”.
Hace 27 años, a ella también le tocó ir en ayuda de otras personas, cuando recién había egresado de la universidad. Aún recuerda el olor a muerte y el sufrimiento de la gente.
“La diferencia es enorme ahora que estamos mejor preparados y hemos creado conciencia entre nosotros”.

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