Amnistía Internacional denuncia “tortura y malos tratos” a los inmigrantes en Ceuta
Amnistía Internacional ha denunciado casos de “tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes” a inmigrantes y solicitantes de asilo en Ceuta. La ONG asegura que estas conductas son realizadas por “miembros de las Fuerzas Armadas españolas, en particular por unidades de Regulares y de la Legión”, y advierte de que “parecen responder a un patrón contra personas migrantes que permanecen en Ceuta en situación de desprotección y son objeto de abusos”, desde la entrada de entre 70.000 y 80.000 personas a la ciudad los pasados 30 y 31 de julio.
La organización realizó una visita a Ceuta entre el 10 y el 15 de septiembre y sus investigadores hablaron con más de 65 personas migrantes y solicitantes de asilo “y muchos de los testimonios han señalado la violencia y los tratos vejatorios que sufren por parte de militares, incluyendo también a mujeres y niños no acompañados que, en algunos casos, por su gravedad”, advierte, “pueden constituir tortura, un crimen de derecho internacional”. En concreto, la misión de AI recibió 22 testimonios directos que atribuyen a militares que patrullan la ciudad “palizas, acoso, humillaciones y robo de dinero y confiscación y rotura de teléfonos móviles de personas migrantes sin importar su edad, condición o sexo”, según el informe.
Amnistía Internacional reconoce la dificultad de la labor de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para afrontar una situación compleja, “que ha incluido también la detención de más de 30 personas migrantes por agresiones a militares”, pero recuerda que militares y agentes de seguridad “están obligados a hacer frente a estas situaciones respetando la legislación nacional e internacional y los derechos humanos de todas las personas”.
AI asegura haber documentado, “gráfica y visualmente, cuerpos magullados de migrantes con lesiones que parecen compatibles con golpes de defensas rígidas” o porras reglamentarias como las que llevan los militares. En concreto, “dos chicos marroquíes entrevistados por la organización presentaban lesiones en la cabeza, una zona muy sensible de alto riesgo de conmociones cerebrales y otros traumatismos craneales, afirmando uno de ellos que fue obligado a arrodillarse antes de ser golpeado”. Otro aseguró llevar 25 días sin poder caminar, después de “haber sido empujado por un militar desde una altura elevada tras ser despertado y acosado por un grupo de militares, mientras dormía a las puertas de la ermita de San Antonio”.
Otros dos chicos, uno marroquí y otro argelino, aseguraron haber sido golpeados reiteradamente con porras y puñetazos mientras estaban inmovilizados con bridas de sujeción cuyas marcas pudieron constatar los enviados de AI. “Me pusieron bridas y me metieron en el maletero. Cuando me sacaron, me amordazaron la boca y me pegaron la cara contra un árbol, y así me pegaron porrazos y puñetazos. Cuando terminaron, me tiraron por un terraplén”, relató uno de ellos.
Según testimonios confirmados por videos a los que ha tenido acceso AI, “algunos militares han llegado a actuar de noche y encapuchados contra las personas migrantes, para evitar ser reconocidos, propinándoles golpes y palizas, o rociando la cara y el cuerpo con un espray irritante y procediendo a su expulsión sumaria a través de la valla del Tarajal”, fronteriza con Marruecos.
Entre las prácticas denunciadas por los inmigrantes a los que entrevistó la organización figuran “insultos y amenazas constantes para que abandonen Ceuta, impedirles dormir por la noche y transitar de día, obligar a los jóvenes a raparse el pelo, arrodillarse para besar una cruz cristiana a personas que son musulmanas, golpearlas fuertemente y con brutalidad en la cabeza y espalda con porras y botas y retirarles la comida si se niegan a cumplir la orden”. AI asegura que esta violencia también es ejercida contra mujeres marroquíes, “incluyendo insultos, humillaciones y vejaciones de carácter sexual.” Explica que una joven marroquí relató “que un militar se mofó de ella con comentarios de carácter sexual relativos a ‘cómo había podido abrir las piernas’, refiriéndose a su situación de embarazo”.
El propio equipo de AI asegura haber presenciado cómo un grupo de militares se dirigía a inmigrantes que hablaban entre ellos sentados en un banco público cerca del centro de la ciudad “preguntándoles ‘si eran de aquí’ y obligándoles a marcharse del lugar. Al preguntar por el motivo de esa pregunta, la respuesta que recibieron fue: ‘Tenemos órdenes para que no se sientan cómodos”.
Además, AI ha recogido testimonios de inmigrantes con heridas abiertas en la cabeza que denuncian haber pasado horas en la calle esperando a ser atendidos por el personal sanitario, así como hostigamiento por parte de los militares que patrullan en torno al Hospital de Ceuta. Uno de ellos, en silla de ruedas y con lesiones severas en los tobillos, brazos y torso, aseguró que, tras haber sido empujado por militares desde una altura de más de seis metros, no le habían hecho ni una radiografía, solo un vendaje de emergencia.
La propia delegación de AI fue identificada por miembros de la Policía Nacional avisados por militares y guardias de seguridad del hospital durante su investigación, “al cuestionar que estuvieran expulsando de la zona a personas que consideraban migrantes”. Y agrega: “También recibió hostigamiento, desprecio e insultos por parte de un grupo de militares que patrullaba junto a la puerta principal del Hospital Universitario de Ceuta el 11 de septiembre a las 17.30. ‘Perroflautas, ¡a chuparla!”, espetó uno de los militares”.
AI ha dirigido por carta a los presidentes del Gobierno español, Pedro Sánchez, y de la ciudad de Ceuta, Juan Jesús Vivas, para informarles de las conclusiones de la visita y pedirles un plan urgente que proporcione ayuda humanitaria adecuada y una acogida urgente, con atención especializada a mujeres, niñas y niños y a personas en riesgo ya sea en Ceuta o mediante su traslado a la Península. Además, reclama una investigación “pronta, imparcial, independiente y exhaustiva de las alegaciones de abusos contra personas migrantes” y que se aparte cautelarmente a los militares implicados en agresiones, abordando “la posibilidad de motivación racista de estos ataques”.
Falta de denuncia e indefensión
El informe de Amnistía Internacional supone una prueba documental de algo que decenas de migrantes, fundamentalmente hombres, cuentan desde hace semanas en Ceuta. Amine (nombre ficticio) guarda en su teléfono las fotografías de su espalda magullada desde inicios de septiembre. Estaba con un grupo de menores cerca del barrio de El Príncipe, donde cada noche buscan sitio para dormir a la espera de una plaza de acogida, cuando les interceptó una patrulla de “unos siete militares”. El joven, de 18 años, relata que les chillaron primero, reuniéndolos en corro para golpearles después. Varios de ellos huyeron corriendo, pero Amine quedó en el suelo inmovilizado, mientras varios militares le propinaban porrazos y patadas en el costado y la tripa. “No entendía lo que decían, pero chillaban”, cuenta. Ni él ni el resto de jóvenes que también salieron heridos denunciaron la agresión. “¿A quién? ¿A la policía que no nos deja ni entrar en la comisaría para identificarnos?“, responde.
Es un patrón que se repite, la mayoría de ellos no presenta denuncia tras los episodios, porque temen acudir ante las autoridades y que la situación se le vuelva en contra. En cambio, huyen en desbandada cuando una patrulla militar aparece en las inmediaciones de cualquier calle en la que se reúnan. “Sobre todo, por la noche”, relata Haitam. Tiene 16 años y entró al centro de menores Aljarafe hace solo unos días, pero ha pasado en la calle cerca de mes y medio. Enseña fotografías de sus piernas ensangrentadas, que ahora lucen moradas y amarillentas. “Me cogieron solo, estaba por la zona de San Antonio, porque solía dormir por allí para esperar cerca del centro por la mañana”, recuerda. Cuenta que unos militares “con boina roja” le empujaron contra un vallado y le propinaron patadas y bofetadas.

