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Acapulco se encierra ante el temor por ‘Polo’: “Tres días sin saber qué va a pasar”

Una gran nube blanca envuelve este miércoles la playa, el malecón, las palapas y bares de vida nocturna que le dieron a Acapulco, Guerrero, el sobrenombre de La Perla del Pacífico. Las calles desiertas y los comercios cerrados en la famosa Costera Miguel Alemán dan la sensación de que algo está a punto de suceder. La nube blanca trajo consigo lluvia, altas olas e incertidumbre que han inundado a la ciudad. Son los efectos del poderoso huracán Polo, estacionado desde el martes frente a las costas de Guerrero. El ciclón, de categoría 5, descendió a 4 durante la madrugada después de haber haber alcanzado la máxima categoría en un tiempo récord el martes. Los expertos aseguran que el ciclón no tocará la costa, pero los acapulqueños se han volcado a prepararse “para lo que sea”, asegura desde el centro de la ciudad Carolina Esquivel, comerciante de 43 años.

Lejos de los hoteles de lujo y los camastros, se baja la cortina a las 13.30, seis horas antes de lo habitual, el negocio de reparación de celulares de Esquivel. Teme por igual a la rapiña y a que suba el nivel del agua de la inundación que se formó frente a su trabajo. “La gente no ha salido en tres días. Tres días sin saber qué va a pasar”, explica. “Todos en la casa con el miedo”, dice. “Nos preparamos desde hace días, pues, a tener frijol, arrocito, huevos, lo que se pueda por cualquier cosa”, agrega su vecino de la florería. “¿Ahorita quién va a venir? No hay venta, pero uno tiene que abrir”, explica. Entre la necesidad de trabajar y el temor, han llegado al concenso de abrir al menos unas horas al día antes de resguardarse. Solo permanecen abiertas las franquicias de las grandes tiendas, bancos y supermercados.

Ante la amenaza, el Gobierno mexicano también ha apostado por la prevención. Las clases se mantienen suspendidas para 500.000 estudiantes guerrerenses, hay parón en las labores administrativas del municipio y se instalaron más de 600 albergues que nadie ha utilizado. El puerto continua cerrado a la navegación. Además, cerca de 14.000 elementos de las Fuerzas Armadas en todo el país aguardan en la fase preventiva de los planes de protección civil. En Acapulco, esos agentes se encuentran en las calles y plazas comerciales supervisando y advirtiendo a la población sobre el peligro de Polo. “Contamos con el equipo necesario para responder ante una emergencia”, asegura la Marina en un video compartido en redes sociales. Hasta ahora, la prensa local reporta saldo blanco por el paso de Polo, que ha dejado encharcamientos, inundaciones y algunas caídas de árboles.

Los operativos se extienden más allá de la zona turística, hacia la costa grande, chica, montaña y sierra. En la capital, Chilpancingo, “llueve y se quita, llueve y se quita”, cuenta Carlos Ruiz, un vendedor de lentes de sol de 43 años. En los últimos dos días ha visto “mucho militar” que pasa por su ciudad rumbo a las playas o a los pueblos más pequeños “para ver que todo esté bien”, dice, “pero por ahora todo normal”. Para allá es donde está “complicada la cosa”, considera. “Allá” es el puerto. La hora de carretera que separa a Chilpancingo poco nublado y con humedad, de Acapulco, donde la lluvia no cesa, refleja el cambio al que se refiere Ruiz.

Considerado por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos como un fenómeno “extremadamente peligroso”, Polo tomó fuerza con rachas de vientos de hasta 350 kilómetros por hora. Este miércoles empieza a alejarse de Guerrero lentamente, a 4 kilómetros por hora. La profundidad, la presión y demás conceptos no le dicen mucho a Roberto Martínez, de 27 años, que quiere atraer clientes a un restaurante vacío. “Sólo espero que se calme para retomar cuanto antes el trabajo”, dice. Aquí el dinero viene con el turismo y los huracanes ahuyentan a los pocos visitantes presentes en temporada baja.


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