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Lavinia Fontana, la artista italiana del Renacimiento que fue la primera pintora de desnudos eróticos

La artista pionera Lavinia Fontana tenía dos facetas. La primera puede apreciarse en su autorretrato de 1577, en el que aparece sentada ante una espineta (un instrumento de la familia del clavecín), ataviada con un elegante vestido y joyas; encarna a la perfección a la joven italiana adinerada, culta y virtuosa, mientras que el caballete, visible al fondo, constituye un orgulloso testimonio de la vocación que ella misma eligió.

Considerada la primera mujer artista profesional, fue una retratista muy solicitada y llegó a obtener importantes encargos para más de una docena de retablos, desafiando así la idea de que las mujeres eran incapaces de conseguir —y mucho menos de ejecutar— encargos de tal envergadura.

La segunda faceta se manifiesta en su monumental obra “Minerva vistiéndose”, en la que la diosa aparece desnuda, sorprendida en el momento en que se dispone a ponerse una túnica finamente bordada. Sosteniendo la prenda con cuidado entre sus manos, se vuelve hacia el espectador con una mirada que resulta, a la vez, pícara y sugerente.

La obra fue pintada para el cardenal Scipione Borghese en 1613, un año antes de la muerte de Fontana; el hecho de que fuera una mujer quien la creó debió de añadir, sin duda, un toque de emoción —o incluso de inquietud— a quienes la contemplaban.

Lo mismo ocurría al saber que Fontana tenía fama de realizar este tipo de pinturas, un aspecto del que solo hace poco tiempo hemos tomado plena conciencia.



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