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Meloni amenaza con elecciones anticipadas si no prospera su controvertida reforma electoral


Italia se acerca cada vez más a unas elecciones anticipadas, pero aún está por ver de qué manera y con qué tiempos. Un momento decisivo será este jueves, con la votación final en la Cámara de Diputados de la polémica reforma del sistema electoral —la cuarta en veinte años, siempre en busca de que beneficie a quien gobierna—, una ley que regala un premio de escaños a la coalición más votada. Es controvertida incluso entre los propios diputados del Ejecutivo, tanto que, como el voto ser secreto, la primera ministra, Giorgia Meloni, les ha advertido de que si la tumban amparados en el anonimato, arraigada tradición parlamentaria italiana, pedirá al jefe de Estado convocar elecciones anticipadas (lo que les dejaría sin la pensión vitalicia, derecho que solo se obtiene en abril).

En todo caso, si como es probable la ley sale adelante, hay cierta sensación general de que la legislatura se agota y Meloni, una vez aprobado el cambio, anticipará las elecciones a primavera, antes del fin natural del mandato en octubre de 2027. Por acabar de enredar aún más todo, se da por hecho que habrá recursos por algunos artículos de la norma al Tribunal Constitucional, que podría anularlos. Una razón más para acelerar las elecciones, antes de que se pronuncie.

Los temores de Meloni de una emboscada a traición de sus propios diputados no son infundados. Ya ocurrió en julio cuando comenzó la tramitación del texto. El Gobierno fue derrotado por un solo voto en uno de los artículos clave, el que imponía listas casi abiertas después de tres décadas de papeletas con candidatos ya cerrados. Se debió al voto contrario, en secreto, de al menos 40 de sus diputados y de los otros dos partidos de su coalición, La Liga y Forza Italia. Era una tropa consistente de parlamentarios alérgicos a esa posibilidad, temerosos de que de ese modo no volverían a ser reelegidos. Para Meloni fue un duro golpe, porque se había comprometido a volver a introducir las listas abiertas, presumiendo de que daba la palabra al pueblo, y sufrió así la derrota parlamentaria más visible de la legislatura.

Hubo rebelión y eso que la reforma plantea solo un apaño intermedio. El primer candidato de la lista, el que tiene mayores posibilidades de salir, está bloqueado y así los partidos pueden colocar a quien quieran, mientras que sobre los demás el ciudadano podrá elegir tres nombres entre siete. En realidad, según un cálculo de Youtrend, este sistema garantiza que el 57% de los escaños se cubrirán con los nombres bloqueados en las listas.

Menos mujeres

La propuesta, además, tiene otro matiz polémico: hasta ahora era obligatoria la paridad de sexos en las listas, pero ya no se aplicará a ese primer puesto bloqueado, solo en los de elección abierta. El votante deberá elegir los nombres alternando el género de los candidatos. Esto ha causado protestas de las parlamentarias, también dentro de la coalición de Gobierno, pues temen que los partidos elijan en su mayoría a hombres para encabezar las listas y emergerá un Parlamento mayoritariamente masculino.

Todo ello ha creado un malestar de fondo en la coalición de Gobierno, donde ya están muy nerviosos por el ascenso del nuevo partido de ultraderecha del exgeneral Roberto Vannacci, Futuro Nacional. Se está comiendo sobre todo los votos de La Liga y Forza Italia, que temen tener mucho menos peso en el futuro y por tanto prefieren agotar la legislatura. Se supone que se han limado las diferencias, pero esta vez Meloni no quiere sorpresas, y de ahí su amenaza de elecciones anticipadas en caso de derrota, aunque sea con el sistema actual. Se habla incluso de que su partido ha colocado espías en lo alto del hemiciclo para pillar a los llamados “francotiradores”.

La reforma del sistema de voto ha sido controvertida por muchas razones. La primera, por el mero hecho de que se proponga en vísperas de la próxima cita electoral. Meloni ha dicho que es para asegurar la estabilidad, independientemente de quien gane, pues el nuevo sistema regala una mayoría de escaños a la coalición que supere el 42% de los votos (70 en la Cámara y 35 en el Senado). Aunque debe hacerlo en ambos hemiciclos, si no se aplicará un sistema proporcional puro, lo que también ha desatado la alarma porque quedaría un Parlamento caótico, donde se volvería a las maquinaciones de toda la vida, con primeros ministros negociados sin haber sido elegidos en las urnas y Ejecutivos inestables bajo permanente chantaje.

Pese a las buenas intenciones que asegura tener Meloni, lo cierto es que con el sistema vigente es posible que pierda o se produzca un empate, pues en 2022 solo ganó porque sus rivales —Partido Demócrata (PD) y Movimiento Cinco Estrellas (M5S)— estaban peleados y acudieron separados. Entonces un tercio de los escaños se eligió en colegios electorales por sistema mayoritario, donde obtenía el escaño el candidato más votado, un sistema que hoy favorecería a una coalición de izquierda. Y es aquí donde Meloni ha hecho un cambio clave: ahora será todo proporcional, con varios escaños en juego en cada colegio, un escenario peor para la oposición.

En este momento los sondeos están bastante igualados, con ligera ventaja de la izquierda, pero el partido de Vannacci es la variable decisiva, porque de momento acudirá por su cuenta a las urnas. Puede robar un buen porcentaje de votos a la coalición de Meloni, pues en los sondeos está en el 8%, y si es así le haría perder las elecciones.

En la oposición, el PD de Elly Schlein y el M5S de Giuseppe Conte ya han hecho las paces y concurrirán juntos a las urnas, aunque para desesperación de los votantes de izquierda siguen discutiendo mucho y su coalición es aún muy gaseosa (no tienen ni nombre, se habla coloquialmente de “campo ancho”, un frente amplio).

Sobre todo, se pelean por quién será el candidato del centro-izquierda, y Meloni también ha introducido astutamente en la nueva ley elementos para hacerles pelear más: el texto indica que cada coalición debe designar antes de las elecciones a su candidato a primer ministro. Esto acaba con la solución que se había dado la oposición, que era no decidir nada y que fuera el líder del partido más votado. Así que el nuevo sistema les obligaría a hacer unas primarias, algo que el PD quería evitar y que también es objeto de disputas, en cuanto a cómo organizarlas. Si la nueva ley se aprueba, deberán correr para celebrarlas.


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