Los estudiantes reaccionan al caso Cornell: “Voy a clase con uno de los agresores. Ahora me siento más insegura”
Hoy es un día gris en la Universidad de Cornell. Tanto por el clima, con una lluvia fina que no ha cesado en todo el día, como por la atención involuntaria que ha atraído este centro de élite del Estado de Nueva York tras conocerse que una de sus alumnas fue violada hace dos años por siete compañeros en medio de una fiesta regada con alcohol y drogas.
Muchos de los estudiantes evitan el tema. Ya sea porque tienen prisa para llegar a sus clases o simplemente porque no quieren entrar en detalles sobre un tema tan doloroso. Los que acceden a hablar piden el anonimato. Ninguno quiere verse en un periódico opinando sobre sus compañeros. Pero la mayoría coincide en dos cosas: en la mala gestión de los responsables de la universidad, que conocieron el caso hace dos años y no tomaron las medidas oportunas, y en que el clima ha cambiado en Cornell. Muchos de ellos insisten en que este no es un problema exclusivo de este centro, sino que afecta a las universidades de todo Estados Unidos.
Una de los seis estudiantes que han accedido a contar sus experiencias a EL PAÍS relató que comparte clase con uno de los supuestos agresores, que aún no ha sido expulsado de la universidad. “Cuando supe que era él, me estremecí. Ahora me siento mucho más insegura”, dijo en el Willard Straight Hall, el centro de la vida estudiantil de Cornell.
Esta alumna de Ciencias de la Computación oyó hablar del caso por primera vez hace dos años. Dio por hecho que las autoridades del Estado y de la universidad tomarían las medidas oportunas. Pero su decepción fue mayúscula al enterarse de que la víctima, cuya identidad no ha trascendido y es conocida con el nombre genérico de Jane Doe, tuvo que presentar una demanda dos años más tarde de los brutales hechos.
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“Fue horrible saber que nadie había hecho justicia. Y que algunos de los que hicieron esas cosas horribles siguen yendo a las clases”, dijo. No se atreve a señalar un solo responsable: cree que las autoridades, la Universidad y las fraternidades —la agresión ocurrió en una fiesta de estos grupos estudiantiles— han fallado: “Aquí hay un fallo estructural. Toda la sociedad debe repensar cómo abordar estos casos”.
Es una opinión que comparte una compañera de 18 años que se prepara para estudiar Derecho. Dice sentirse segura en el campus, pero que no iría a una fiesta de una fraternidad, donde tiene la sensación de que este tipo de comportamiento con alcohol y drogas puede ocurrir. Asegura, además, que la ley de Nueva York es más garantista que en otros Estados: “Creo que en California las víctimas de violencia sexual están más protegidas”.
Otra estudiante añade que casi le preocupa más que la universidad no investigara hasta el fondo que el hecho de que se produjera una violación.
Alice, de 23 años, cursa un máster en Ciencias Computacionales. Es la única mujer que acepta dar su nombre de pila. Dice que no sabe si es parte de un prejuicio, pero que jamás iría a una fiesta de lo que en Estados Unidos se llama Vida Griega, es decir, las fraternidades. Como otras compañeras, considera totalmente decepcionante la respuesta de Cornell. “Fue incapaz de denunciar a los agresores ante las autoridades”, concluye.
Pero no todos los alumnos echan la culpa a la cultura de las fraternidades. Roman Viksich, estudiante ucranio de Economía, lamenta que este escándalo esté manchando el nombre de Cornell. Asegura que la versión que está circulando ahora no coincide con la que corrió en ciertos círculos hace dos años, así que prefiere no dar su opinión: “No quiero adelantar conclusiones. Habrá que ver qué dicen las autoridades”.
Él no pertenece a ninguna fraternidad, pero cree que ofrecen una buena oportunidad para crear amistades y forjar recuerdos compartidos. “No creo que sean gente peligrosa”, añade. Dice que este tipo de agresiones ocurren en universidades todo el rato, y que no es un motivo para arruinar la reputación de un centro con unos 20.000 estudiantes.
No comparte su opinión un compañero de 24 años, que estudia Biología Humana, Salud y Sociedad, quien dice que antes de este caso su opinión de las fraternidades no era muy positiva. “Todo ha sido un desastre desde el principio. Que la chica no recibiera la atención desde el principio, que las autoridades educativas trataran de esconderlo debajo de la alfombra…. No se ha podido gestionar peor”.



