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La familia de Renée Good demanda al Gobierno de EE UU y a varios funcionarios por su muerte a manos de un agente del ICE

La familia de Renée Good, la ciudadana estadounidense que murió por los disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minneapolis en enero, ha presentado dos demandas contra el Gobierno de Estados Unidos y varios funcionarios de inmigración. Los demandantes son el hermano de Renée, Brent Ganger, en representación de los tres hijos de la víctima menores de edad, sus padres y sus hermanos, y Becca Good, pareja de Renée.

La primera demanda reclama una indemnización por la muerte por negligencia de Good y por “el inmenso sufrimiento que Renée padeció en los últimos momentos de su vida, así como por las pérdidas profundas y permanentes que su muerte ha causado a su familia”, según un comunicado de prensa presentado por los abogados. Alegan muerte por negligencia, agresión física, agresión, detención ilegal, angustia emocional y negligencia.

La segunda demanda alega una conspiración para interferir en los derechos civiles y está presentada contra Jonathan Ross —el agente del ICE que disparó contra Good— y varios funcionarios federales, entre ellos la exsecretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem; el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller; el zar de la frontera, Tom Homan; el exdirector en funciones del ICE, Todd Lyons, y el exjefe de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, que dirigió las operaciones migratorias en las ciudades de Minneapolis y Saint Paul. Los abogados solicitan un juicio con jurado.

Good, poeta y madre de tres hijos, murió tras recibir un disparo el 7 de enero, en medio de una oleada de protestas por la llamada operación Metro Surge, lanzada desde la Administración a finales de diciembre en el Estado de Minesota.

Su muerte desencadenó fuertes críticas, incluso entre las filas republicanas, por la excesiva violencia que los agentes migratorios usaron contra migrantes y manifestantes que los apoyaban. La indignación aumentó cuando, nada más suceder y sin conocer los detalles del suceso, Noem justificó que el agente actuó en defensa propia y acusó a Good de cometer un acto de “terrorismo doméstico”.

Los vídeos que se publicaron después mostraron una historia diferente.

Good, que acaba de dejar a su hijo en la escuela, pasó con su esposa por un lugar donde los agentes del ICE estaban realizando redadas. Según Becca Good, su pareja detuvo el vehículo en la calle para apoyar a los vecinos.

Un video grabado por un testigo muestra a Renée en el asiento del conductor de una camioneta SUV roja, bloqueando parte de la vía y tocando la bocina repetidamente. El agente Ross salió de su vehículo con el teléfono móvil en la mano y ya estaba grabando. Pasó junto a la ventanilla abierta del lado del conductor cuando Renée le dijo: “No estoy enfadada contigo. No estoy enfadada con ninguno de ustedes”.

El agente ordenó que bajara del coche y Renée comenzó a avanzar lentamente para alejarse. Ross disparó un tiro a través del parabrisas. Mientras el coche se apartaba, el agente disparó dos veces más a través de la ventanilla abierta del conductor. Uno de esos disparos alcanzó a Renée en la cabeza.

Los abogados sostienen que ningún agente prestó asistencia médica. Cuando un transeúnte que se identificó como médico ofreció ayuda, un agente le respondió: “No me importa”, y no se le permitió intervenir.

Según la defensa, las decisiones tomadas por el agente Ross aquella mañana violaron la Cuarta Enmienda de la Constitución de EE UU y las políticas obligatorias sobre el uso de la fuerza de su propia agencia. Según las mismas, la fuerza letal solo debe usarse contra una amenaza inminente de muerte o lesiones corporales graves, y no debe usarse para únicamente impedir la fuga.

En una nota de prensa, los abogados expresaron que la muerte de Good “fue el resultado previsible de una campaña coordinada por altos funcionarios de esta Administración para señalar a los habitantes de Minnesota de origen somalí o hispano y silenciar a cualquiera que se atreviera a alzar la voz en señal de protesta”.

“Estas dos demandas civiles buscan remediar dos agravios distintos, pero relacionados. Buscamos que se rindan cuentas por el uso de la fuerza —injustificable e inconstitucional— por parte de un agente federal que acabó con la vida de Renée el 7 de enero. Pero también buscamos responsabilidades por el operativo discriminatorio y violento que situó a Jonathan Ross en Portland Avenue aquel día”, declaró el abogado principal Benjamin. Berkman.

Disparo en el parabrisas del auto de Renee Nicole Good, en Minneapolis, el 7 de enero.

La de Good fue la primera muerte a manos de agentes migratorios de un ciudadano estadounidense. Unos días después, en la misma ciudad, el enfermero Alex Pretti también murió por los tiros disparados por otro agente migratorio, esta vez de la Patrulla Fronteriza. Pretti intentaba defender a una manifestante de la violencia de los agentes cuando recibió el disparo. También en ese caso, Noem salió en defensa del funcionario federal.

Dos muertes más se han sumado este año a la lista de víctimas de operativos del ICE, las del mexicano Lorenzo Salgado Araujo, en Houston, y el colombiano Johan Sebastián Durán Guerrero, en Maine, ocurridas en el mes de julio.

“Cada mañana, ella es mi primer pensamiento. Pienso en cómo los niños están creciendo sin su mamá y en cómo yo envejeceré sin el amor de mi vida. Pienso en que deberíamos haber tenido otros 40 años juntas. Pero también pienso en lo que ella habría querido después de todo esto”, dijo Becca Good.

“Mientras intentamos sobrellevar nuestra propia e inmensa pérdida, también me siento devastada al ver cuántas otras vidas han quedado destrozadas en estos tiempos tan oscuros”, lamentó.


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