Política

Julián García Vargas, un hombre prudente


Las notas necrológicas de Julián García Vargas destacan algunos aspectos de su vida profesional que han tenido efectos que todavía siguen vigentes, como la puesta en marcha del recién creado Sistema Nacional de Salud en su etapa de ministro de Sanidad y Consumo y la dirección de las primeras participaciones importantes de las fuerzas armadas en operaciones militares de paz de la OTAN y la ONU. También resaltan su dimisión en 1995 por las escuchas ilegales del Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid), de las que no tenía conocimiento.

Durante sus largos años de servicio público, nunca apareció en los medios por motivos distintos de los profesionales. Fue siempre discreto. El día de su dimisión decidió también afeitarse el bigote y pasó al anonimato en el que se encontraba a gusto. Por supuesto, en los ambientes relacionados con las relaciones internacionales y la tecnología de la defensa sabían dónde encontrarle. Siempre estuvo disponible para colaborar en la mejora de nuestras instituciones en esos sectores y no solamente en ellas.

Julián fue un ejemplo de la meritocracia surgida en los años setenta del pasado siglo, que transformó la sociedad española cuando el miedo a los últimos coletazos de la dictadura fue poco a poco pasando a segundo plano y se estaban poniendo las bases para circular hacia la democracia.

Formó parte de la Federación de Partidos Socialistas que se integró en el PSOE antes de las primeras elecciones democráticas de 1977. Participó de manera destacada en el diseño de las políticas económicas del partido tanto durante la oposición como en los años de gobierno, pero no quiso que otras actividades políticas le desviaran de lo que él consideraba su misión: la mejora de las estructuras económicas y sociales de España que pudieran permitir una mejora en la calidad de vida de los españoles, por lo que nunca fue en las listas ni al Congreso ni al Senado. El servicio al país, como economista, estaba por encima de lo demás.

Su mente analítica y las muchas horas de estudio le permitieron tener un conocimiento profundo de las materias sobre las que tenía que tomar decisiones, siempre de manera prudente y sin estridencias. Buscaba convencer en vez de imponer. Susurraba no solo a los generales, sino a la vida en general, convencido de que la buena educación abría todas las puertas.

Fue siempre prudente tanto en la esfera pública como en la privada. Sus apariciones en los medios eran siempre profesionales. Se casó joven con Araceli Pereda, actual presidenta de Hispania Nostra, con quien tuvo dos hijos. Era aficionado a la música, al jazz de joven y a la ópera después.

Los que hemos compartido la vida, tanto la pública como la privada, con Julián durante los últimos sesenta años, sentimos el dolor personal por su pérdida y también la creencia de que España ha perdido a un político importante, discreto y prudente, alejado del ruido que ahora invade ese espacio.


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