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Del portazo de Petro al regreso al Fondo Monetario Internacional


El presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado su intención de acercarse al Fondo Monetario Internacional para que ese organismo ayude a una recuperación de la economía colombiana, según dijo el domingo en su mensaje semanal. Ese anuncio, que aún está por concretar, ya deja el mensaje del mandatario de haber recibido una economía en peor estado del que esperaba. “La realidad en la que nos dejó el Gobierno Petro es muy grave”, refrendó el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, en un video en la tarde de este lunes. “El daño de estos cuatro años no se resuelve en 50 días que llevamos administrando el desastre”.

Anunciar la búsqueda de ayudas del FMI, que el propio encargado de Hacienda había negado en sus primeras semanas, es un mensaje de ortodoxia económica que refleja la visión económica del Gobierno y refuerza su contraste frente al anterior, el de Gustavo Petro. No solo porque la izquierda haya sido tradicionalmente renuente a recibir apoyos del FMI en diferentes países por cuenta de las exigencias de disciplina fiscal que suele imponer, sino porque el propio Petro canceló en octubre de 2025 el acuerdo por el que Colombia tenía disponible, la llamada línea de crédito flexible, un préstamo de emergencia que no requería más negociaciones, por unos 8.000 millones de dólares. Aunque el Fondo había suspendido el acceso a esa línea en abril, a la espera de una nueva revisión, el mensaje de ruptura fue claro.

El Gobierno no ha dicho hasta el momento qué tipo de ayuda exactamente buscará del FMI. El ministro Gómez solo aclaró este lunes que pedirán al Fondo enviar pronto la misión que todos los años viene al país para auditar la situación, como lo hizo en abril de 2025. Aclaró que esa invitación es “un primer paso en el relacionamiento con el FMI y es importante en el proceso de buscar aliados y caminos para enfrentar la crítica situación actual fiscal”, dejando abierta la pregunta sobre cuáles serán esos aliados y sus apoyos.

Para el caso del Fondo, creado tras la Segunda Guerra Mundial como un mecanismo para evitar que las crisis económicas locales crezcan y afecten al mundo entero, este tiene varios tipos de asistencia distintos para los Estados según las necesidades y condiciones de cada uno. En general, el Fondo presta dinero a los países para que puedan hacer ajustes teniendo liquidez, por ejemplo, para pagar deudas o evitar una fuga de capitales. No existe un préstamo predeterminado, pues cada país negocia con el FMI según sus necesidades, pero lo hace en una serie de líneas e instrumentos predeterminados.

Por ejemplo, para casos extremos existe el instrumento de financiamiento rápido, por el que el FMI presta a los países que están a punto de tener una grave crisis económica, como guerras, desastres naturales o grandes choques económicos. Justamente, el anuncio de De la Espriella abre la puerta a una negociación que, si bien puede reducir la presión sobre el fisco colombiano, también despierta temores de alzas de impuestos, recortes del Estado y otras medidas ortodoxas que ha impulsado el FMI en el pasado en países como Grecia en 2010 o Argentina en 2001 y 2018.

El caso colombiano, sin embargo, es hoy menos grave que el de aquellos países. En esas situaciones, estaban muy cerca de dejar de pagar su deuda o incluso ya lo habían hecho, en lo que se conoce como cesación de pagos; tenían enormes desajustes en precios, mientras Colombia tiene una inflación manejable del 6,24%, aunque se aleja de su meta del 3%; o enfrentaban enormes déficits fiscales, cuando el de Colombia ha crecido hasta un estimado del Ministerio de Hacienda del 7,2% del PIB este año, el más alto que ha sufrido en un año que no sea de crisis económica, pero muy inferior al 15,4% de Grecia en 2009. Por eso, el caso colombiano es menos extremo y el tipo de crédito sería otro.

El que suena probablemente más cercano es otro, la llamada línea de precaución y liquidez, que busca evitar grandes desequilibrios. Esa línea, que presta por seis meses, uno o dos años, con un reembolso de tres a cinco años, permite que un Estado tenga un crédito a un valor mucho más bajo que el del mercado. Para acceder a ella, sin embargo, el Fondo exige finanzas públicas sólidas y una deuda sostenible, o que un ajuste creíble ya esté en marcha. De allí el anuncio del ministro Gómez de acelerar la visita de sus técnicos.

De abrirse esa puerta, Colombia podría recibir 20.000 millones de dólares en un préstamo al 4%, y con ellos recomprar parte de su deuda, por la que paga el 13% de intereses, ha explicado el exministro Mauricio Cárdenas, y además daría una señal muy positiva al mercado de prestamistas. Se trata de una negociación similar a la que Colombia ya logró en 1999, ha explicado Luis Fernando Mejía, fundador de la consultora Lumen. Conseguir deuda más barata libera recursos de un presupuesto desfinanciado y acerca en sí mismo la estabilidad fiscal.

Eso, sin embargo, no significa que pedir prestado al FMI sea algo mágico. El Fondo suele hacer sus préstamos a buenas tasas, pero exige reformas económicas: puede ser venta de empresas, reducción de algunas líneas de gasto público u otras medidas que lleven a una mayor sostenibilidad financiera, pero que también reduzcan el Estado. “Es muy grave pedir prestado al FMI”, decía este lunes el senador de izquierda Alejandro Ocampo. “Generalmente, ellos piden bajar la inversión y las ayudas sociales a los más pobres”, argumentó. El Gobierno ha anunciado la presentación de una ley de ajuste fiscal, pero no lo ha hecho ni ha detallado su contenido; Cárdenas apunta a que sería un buen mecanismo para lograr acuerdos con el FMI. La pregunta, sin embargo, es cuáles serían esas medidas.

De la Espriella, que ganó con un discurso antiizquierda, sobre todo, anti-Petro, no ha enfrentado en sus casi dos meses de gobierno grandes protestas sociales. En 2019, una propuesta tributaria del conservador Iván Duque las desató y llevó al país a tres años de gran tensión social. Por ahora, datos como el desempleo, la inflación o la carga tributaria se han mantenido estáticos, pero con unas elecciones regionales a un año y la posibilidad de asumir condicionamientos del FMI que restrinjan algunos de los pagos a los que estaban acostumbrados los colombianos, ese panorama puede cambiar. Incluso sin ello, el presupuesto que está haciendo su trámite en el Congreso ya establece la reducción de ayudas a las personas más necesitadas.

Por ahora, el anuncio sobre el FMI es solo eso, un anuncio. Pero una vez inicien las negociaciones, al tiempo que se defina cómo financiar el presupuesto del próximo año, las condiciones pueden ser otras.


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