Política

Cuenta atrás para el regreso de Puigdemont: un plan guardado en un ordenador protegido


El bloqueo judicial de la ley de amnistía toca a su fin. La agenda del Tribunal Constitucional tiene marcado en rojo el martes 6 de octubre para dar el carpetazo definitivo al delito de malversación que sigue pesando sobre los líderes del procés. Es una trama con poco suspense porque la mayoría progresista del Constitucional ya ha avanzado que no pondrá objeciones al borrón y cuenta nueva. Tras larga espera, el despliegue de la amnistía cuenta ahora con dos bazas donde apoyarse: el recurso que presentó la exconsellera Dolors Bassa, cuya ponencia depende del presidente Cándido Conde-Pumpido, o el de Jordi Turull, pendiente del magistrado conservador José María Macías.

Se da por hecho que habrá luz verde al menos a una de las dos, y que la resolución tendrá un efecto escoba para barrer, también en sentido favorable para los encausados, todas las causas pendientes. Quedan diez días para poder dar respuesta a una pregunta que se ha hecho viral: ¿Cuándo volverá Carles Puigdemont a Cataluña?

“Cuando él lo decida”, responden los dirigentes de Junts per Catalunya cada vez que se les traslada el dilema. El último en zanjar con contundencia el asunto fue, esta misma semana, Jordi Turull, el secretario general del partido. En un corrillo con la prensa incluso hizo mofa de aquellos que dicen tener información privilegiada de las intenciones de Puigdemont. La reserva con la que se aborda la posible vuelta del líder de la formación es una extensión del secretismo con el que ha diseñado el retorno el propio expresident. Todo lo referido a su plan de regreso lo guarda en un ordenador protegido que custodia en su casa de Waterloo.

Se trata de un ordenador que opera con sistema Linux y que, para dificultar pirateos y ataques informáticos, nunca ha sido conectado a internet. El entorno del expresidente de la Generalitat explica que las precauciones que habitualmente toma para tratar asuntos que considera de especial relevancia sube de grado hasta la confidencialidad absoluta cuando se refiere a su futuro personal y político.

En su residencia belga, Carles Puigdemont recibe de manera periódica visitas de colaboradores de Junts, emisarios políticos, entidades, empresas o personas conocidas suyas que se interesan por la situación que vive y sus planes a corto y medio plazo. Quienes le conocen bien cuentan que, tras nueve años de “exilio”, mide sus palabras en función de la confianza que le merece la visita y que raramente se le escapa algo que él no quiera revelar.

La cercanía de la resolución del Constitucional no ha aflojado ni la tensión ni la cautela con la que se afronta el plan retorno. En Junts explican que si el expresidente catalán y su núcleo de más confianza —esto es: Turull, los diputados Toni Castellà y Josep Rius, su abogado Gonzalo Boye y su viejo amigo de Girona, el empresario Jami Matamala— fueron capaces organizar un retorno clandestino durante el mes de agosto de 2024 para terminar apareciendo en un mitin en el centro de Barcelona, ahora todo parece más fácil.

Fuentes judiciales subrayan que tan pronto como el Constitucional resuelva los recursos que tiene sobre el mesa el 6 de octubre, o al menos uno de ellos, se producirá un efecto dominó que, más pronto que tarde, forzará al magistrado Pablo Llarena a levantar la orden de arresto que tiene sobre el expresidente catalán.

Pese a que Junts está al día de los mensajes que se mandan desde los despachos de la alta magistratura, y que dan a entender que el asunto de la amnistía ya no tiene más rodeos posibles, desde el partido se insiste en dejar claro que Puigdemont no va a desvelar por ahora nada sobre la posible fecha del retorno. Sí se da por descontado que, tras nueve años residiendo fuera de España para evitar ser detenido, no va arriesgarse a tener ningún resbalón judicial por querer acelerar el viaje de vuelta. “No hará ni un movimiento hasta que tenga un documento que le asegure que puede volver como ciudadano plenamente libre”, afirman fuentes de su partido.

La misma reserva se impone sobre el formato que debe tener el acto de recibimiento que se prepare en Cataluña. Solo se destaca que se trata “del retorno de un presidente de la Generalitat, no de Carles Puigdemont”. Cómo van a ser los detalles del viaje de vuelta es materia reservada que solo conoce el ordenador que custodia Puigdemont en Waterloo.


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