Tesh Sidi: “La IA es más peligrosa que el fascismo. Es la bomba atómica de este siglo”
Tesh Sidi (Campamento de refugiados de Tinduf, Argelia, 32 años) es ingeniera informática, activista y diputada de Más Madrid, dentro de Sumar, en el Congreso. De formas siempre amables y muy activa en las redes sociales, llegó a la política institucional para impulsar la ley que devuelve la nacionalidad española a los nacidos en el territorio del Sáhara Occidental cuando era colonia española. La norma obtuvo la luz verde de la Cámara baja el pasado jueves, en un ambiente menos crispado de lo que suele ser habitual en el hemiciclo. Tras este logro, como vicepresidenta segunda de la Comisión de Economía, Comercio y Transición Digital, cree que toca abordar el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral y no duda cuando sentencia que “la IA es más peligrosa que el fascismo”.
Pregunta. La ley para reconocer la nacionalidad de los saharauis fue registrada por Unidas Podemos en la pasada legislatura y llevaba año y medio parada. ¿Qué ha hecho posible ahora su aprobación?
Respuesta. Entre los grupos que apoyamos al Gobierno había ya consenso, pero este era el momento para apretar y obligar al PSOE a que lo hiciera. La exclusión de los saharauis de la regulación extraordinaria de inmigrantes fue un punto y aparte para el espacio y para decirle a los socialistas que esto no puede volver a suceder. También ha habido mucha ayuda de la presidenta del Congreso [Francina Armengol] con su propio partido, y ha sido una gran suerte haberlo dejado dictaminado el 23 de julio.
P. El contexto político ha cambiado completamente desde el salto a Ceuta posterior. ¿Temían que el PSOE pudiese dar marcha atrás?
R. Sí, pero ya no tenían opción. No nos hubiera sorprendido, pero habría supuesto dar la razón a la teoría de que Marruecos provocó lo de Ceuta por la ley, y eso no se lo podían permitir. El compromiso del PSOE con nosotras era llevarlo al primer pleno.
P. ¿Qué mensaje cree que manda el PP con su abstención?
R. Esperábamos mucho más de ellos, pensábamos que iban a votar a favor. Cuando se ha podido hacer política de hechos con el pueblo saharaui y no de palabras, como ha sucedido en estos 50 años, no han tenido la valentía de estar del lado del pueblo saharaui.
P. Desde el punto de vista personal, ¿qué supone esta norma?
R. Es la ley por la que entré en política institucional. He sido la persona que ha sufrido su ausencia, igual que todos los saharauis. Es muy emocionante haber entrado con este motivo, cumplirlo en una legislatura y ver el jueves a la generación de mi padre con sus trajes, con ese pueblo beduino que no ha conseguido tomar ni la colonización, que ha vuelto después de 50 años a las Cortes con su identidad, sus ropas, su lengua, pero reclamando memoria, más importante incluso que la propia nacionalización.
P. ¿Es coherente el discurso que mantiene el PSOE en el Gobierno sobre lo sucedido en Ceuta?
R. La publicación de los informes beneficia más a Marruecos que al Gobierno, porque la publicación de 40 documentos sin contexto lo que hace es abrir el debate a toda una sociedad en la que de pronto todo el mundo parece experto en ciberseguridad o en política migratoria. Hubiera estado mejor haberlos presentado en una rueda de prensa. Yo sí veo elementos probatorios de que Marruecos podría haber cooperado un poco más y podría, al menos, haber avisado, porque tenían la capacidad de saber si por su frontera estaban pasando 80.000 personas. Porque 80.000 personas no llegan como un tuit; se desplazan en frontera terrestre. Mi preocupación, más allá de quién ha sido o no, es que las redes sociales con una convocatoria pueden traerte a cinco personas o colapsarte Gran Vía, como hizo Rosalía con su disco. Ese es el poder que tienen las redes, que nunca vas a poder saber, hasta que no sucede, el impacto de una cosa u otra. Y tenemos que estar más preparados para unas redes sociales sobre las que no tenemos soberanía, que son todas empresas privadas, y que se han convertido ya más en una amenaza contra los Estados que otros Estados; es decir, las redes sociales se pueden elevar ya a una categoría de Estado amenazante. Pero más allá de eso, ¿qué podemos hacer para que esto no vuelva a ocurrir? Habrá que rediseñar la estrategia y ahora lo que toca es una política de Estado entre las autonomías y el Gobierno.
P. ¿Está llegando tarde el Ejecutivo para resolver la crisis en todas sus fases?
R. Hubo un problema al inicio, una parte de comunicación, pero muchas veces lo que percibimos es más importante que lo que se está haciendo. Y esa percepción en la ciudadanía es muy importante; hay que entenderla y no ponerla en duda. El PSOE, con esa falta de comunicación inicial, ha abierto la puerta a todos los discursos que estamos viendo, a que peguen a un menor, a que hayamos visto un desembarco de Normandía del fascismo. Ahora se están haciendo cosas, pero hay que entonar el mea culpa del inicio.
P. Entramos en el último año de la legislatura. ¿Dónde se ve en 2027?
R. Esté donde esté, siempre haré política. La hacía ya en el Banco Santander como empleada. Me decían bromeando que era muy roja, más roja que el banco. Pero lo que quiero es empezar a hablar de la redistribución de la riqueza debido a la automatización de la inteligencia artificial en el mercado laboral. Creo que dentro de poco vamos a ver una pérdida de empleos muy grande y desde las izquierdas no estamos dando este debate. Vamos a tener muchísima gente parada y el Gobierno que deba gestionar eso, el que sea, no lo va a tener fácil. Y esas pérdidas de empleo tienen un causante: una concentración de la riqueza muy grande y una oligarquía que está amenazando a las propias democracias sin que hayamos construido aún las herramientas para darle a la ciudadanía una alternativa.
P. ¿Qué es más peligroso, el fascismo o la inteligencia artificial?
R. La IA. El fascismo está lleno de catetos, pero la IA es la bomba atómica de este siglo. Puedes usarla para el bien, como decía Einstein, o puedes utilizarla para el mal. Creo que la sociedad va a elegir que sea para el bien. Así que ahí es donde tenemos que estar.
