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La cámara de los 200.000 millones: Londres retiene su estatus como custodio del oro de 70 países


El país que gestionó de manera más torpe sus reservas de oro en los últimos años es a la vez uno de los que más confianza suscita en otros para guardar sus lingotes. El Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) custodia en sus nueve cámaras acorazadas, en los sótanos del histórico edificio de Threadneedle Street, unas 5.000 toneladas del metal precioso, con un valor actual superior a los 230.000 millones de euros. Solo la Reserva Federal de Estados Unidos supera esa cantidad.

En la jerga financiera, se conoce como Brown´s Bottom (una expresión que, en su doble lenguaje, lo mismo significa “el fondo o el suelo de [Gordon] Brown”, como, con más mala leche, “el trasero de Brown”) a la decisión del entonces ministro de Economía del Gobierno laborista británico de vender prácticamente la mitad de las reservas de oro del Reino Unido. En total, unas 400 toneladas. Brown quería cambiar un activo “perezoso” y de escaso rendimiento por valores más rentables como divisas estadounidenses.

Al anticipar con tantos meses su decisión de venta, el precio mundial del oro se depreció a su nivel histórico más bajo. La medida fue una torpeza económica que ya nunca abandonó la reputación del político. Desde entonces, el metal no ha dejado de subir: cotizaba en 350 dólares la onza allá por 2002 y ahora lo hace en 4.400.

Pero, si el Reino Unido es hoy uno de los países ricos con menos reservas de este metal, por detrás de otros como Francia, Italia, Japón o Turquía, su capital, Londres, es el principal mercado mundial de oro para operaciones en ventanilla, y las cámaras del Banco de Inglaterra cumplen la misión de ser el depósito físico donde se realizan esas transacciones. Más de 70 bancos centrales del resto del mundo, así como otras entidades financieras, tienen depositadas sus reservas en el BoE. Existen otras cámaras acorazadas en Londres para el oro, como las de JP Morgan Chase, el HSBC o el ICBC Standard Bank, pero las de la autoridad monetaria central reúnen la inmensa mayoría de los lingotes.

Esta acumulación de lingotes tiene una gran ventaja: el oro custodiado en estas cámaras subterráneas puede así cambiar de propietario con simples anotaciones en el registro de contabilidad, sin necesidad de mover físicamente el metal. Se ahorra así el dinero que supondría la logística de transporte y se reducen riesgos de seguridad.

Estabilidad del mercado

Desde el siglo XIX, la isla ha mantenido una historia de estabilidad económica y política que la ha ayudado a preservar su papel central en el mercado mundial del oro. Muchos países han confiado en el Reino Unido como un lugar seguro para guardar sus reservas. “El oro se custodia de manera asignada, con lo que los clientes retienen la propiedad de lingotes específicos. Además, el BoE solo acepta aquellos lingotes que cumplen con los estándares del London Good Delivery [unas 400 onzas troy —la unidad de medida para metales preciosos—, o unos 12,4 kilogramos, y una pureza mínima del 99,5%]. Eso facilita que se puedan vender o intercambiar por divisas extranjeras en periodos de estrés de los mercados”, explica Ewa Manthey, experta en Estrategia de Materias Primas del banco ING y especializada en metales preciosos.

El Banco Central de Países Bajos ha justificado su reciente decisión de trasladar parte de los lingotes que tenía en Estados Unidos y en Canadá al BoE en el hecho de que así “se mejora la comerciabilidad de nuestras reservas de oro. Confiamos en no tener que usarlas nunca, pero necesitamos reforzar nuestra resiliencia y nuestra capacidad de respuesta”, según explicó el gobernador de la entidad monetaria neerlandesa, Olaf Sleijpen.

Loco London

Cuando la jerga del mercado habla de “loco London” no se refiere ni al ritmo vertiginoso de las transacciones financieras en la capital británica ni a un acrónimo concreto. La palabra proviene del latín locus (lugar) y hace referencia al espacio físico donde se hallan depositados los lingotes de oro y donde se realizan las transacciones. El London Bullion Market (Mercado de Lingotes de Londres) es el mayor mercado mundial de operaciones de venta libre de oro, plata, platino o paladio, y las transacciones se realizan directamente entre agentes, sin un intermediario central, pero bajo la supervisión de la London Bullion Market Association (LBMA, por sus siglas en inglés), que regula las normas y participantes de un mercado que funciona sin interrupción veinticuatro horas al día.

El BoE, que llegó a jugar un papel regulador de este mercado en el siglo XIX, tiene hoy un rol mucho más limitado. Se sienta en calidad de observador en algunos de los comités que operan en la LBMA, e incluso en su junta directiva, pero se limita a ejercer de custodio del oro y a proveer un servicio de seguridad a todos sus potenciales clientes.

Los secretos del Banco de Inglaterra

Son contadas las veces en las que un medio de comunicación ha podido acceder a las cámaras acorazadas donde el BoE guarda el oro, y las imágenes que ha podido ofrecer han sido siempre limitadas. Resultan impresionantes las largas hileras de estanterías de acero reforzado y madera donde se ordenan miles de lingotes, pero nunca se han mostrado en una televisión los mecanismos de seguridad que deben activarse para acceder a esos sótanos. La Central Line, la línea de metro que atraviesa la City financiera de Londres, modificó en parte su trayecto para bordear las cámaras acorazadas del banco.

Cuenta la leyenda —nunca se ha confirmado la historia, aunque se da por buena— que en 1836, varios de los directores del BoE recibieron una carta anónima de alguien que aseguraba tener acceso a las cámaras del oro. Aunque en un principio se tomaron a broma la advertencia, una segunda misiva les invitó a proponer día y hora para encontrarse con el remitente.

Los directores se congregaron una noche en la cámara principal, para su asombro, oyeron un ruido en el suelo del sótano. De él salió uno de los trabajadores del alcantarillado de Londres, que reveló cómo permanecía sin taponar una salida al sistema de desagües de la capital que nadie había detectado hasta entonces. Una auditoría interna confirmó que ningún lingote había sido robado. El trabajador fue recompensado con 800 libras esterlinas (más de 90.000 euros en la actualidad), se reforzaron los sistemas de seguridad del banco y se corrió un tupido velo respecto al único incidente que arrojó algo de sombra sobre la reputación internacional de la entidad monetaria.

Los muros actuales de las cámaras son de un grosor a prueba de bomba. De hecho, durante el blitz de la Segunda Guerra Mundial (el bombardeo masivo de Londres por la aviación alemana), el oro se trasladó en secreto a Canadá en la llamada Operation Fish, el mayor desplazamiento de riqueza en la historia de la humanidad. El sótano pasó a ser la cantina y lugar de refugio de los trabajadores del banco.

Gran parte de los bancos centrales de todo el mundo han comenzado a repatriar sus reservas, debido a la inestabilidad geopolítica actual, así como a realizar importantes compras de oro. La ventaja y seguridad acumuladas por Londres durante décadas han logrado hasta ahora, como pasó con su mercado financiero después de las turbulencias del Brexit, que la capital británica y el BoE mantengan una reputación muy potente, que sigue convenciendo a otros bancos centrales para entregarles la custodia de su oro.


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