Liderar la izquierda para las generales: el último desafío de Irene Montero
La política española está en precampaña y la izquierda se mueve ya para tomar posiciones de cara a la gran batalla que serán las generales previstas en 2027. En un escenario de división y mucho más débiles que hace tres años, Podemos se sacudió ayer la enorme presión para acudir en una papeleta unitaria a las urnas —lo que permitiría rentabilizar votos en un contexto muy difícil— con el lanzamiento de la candidatura de la eurodiputada y exministra de Igualdad, Irene Montero, y su propuesta para celebrar primarias abiertas. Esto es una fórmula que acogería a candidatos de otras organizaciones y en la que todo el mundo, no solo la militancia de Podemos, podría votar para elegir al aspirante a la presidencia y el resto de la lista. El movimiento permite además al partido que dirige Ione Belarra marcar el paso a las formaciones de Sumar en el Gobierno, que llevan meses trabajando en una candidatura conjunta, pero aún no han decidido ni marca electoral ni candidato, y las obliga a pronunciarse respecto a su iniciativa.
“Quiero ser vuestra candidata, pero no de cualquier manera. Quiero serlo con unas primarias abiertas a todo el mundo en las que todo el equipo pueda ser elegido no solo por la gente de Podemos, sino por cualquier persona que quiera participar y a las que se pueda presentar cualquier persona”, anunció ante unos 350 simpatizantes en Madrid y arropada sobre el escenario por la secretaria general, Ione Belarra.
La oferta da ventaja a Montero sobre Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar, que han entrado ya en tiempo de descuento para concretar su candidato tras el paso a un lado de Yolanda Díaz en febrero y la presentación entonces de su proyecto conjunto, que se ha retrasado también por la coyuntura política, con las crisis por la actualidad judicial y el salto de inmigrantes a Ceuta en julio, en cuya gestión está volcado ahora el Gobierno.
La fórmula que ofrece la exministra tampoco es nueva y supuso un punto de fricción fundamental en 2023 que impidió durante meses cerrar el acuerdo con la plataforma de Yolanda Díaz. Los de Belarra reclamaban entonces esas primarias abiertas y el resto de partidos recelaban de una votación conjunta, porque Podemos cuenta con una base amplia de militantes muy movilizados en la esfera digital que podría darles ventaja en el censo, aunque luego carezca de estructura real en los territorios. Al final, el anticipo de las elecciones al 23-J obligó a un acuerdo exprés en los despachos.
El anuncio ha sido recibido con cautela por el resto de la izquierda. “En la búsqueda de un bloque histórico amplio no ponemos fronteras y no se la vamos a poner a nadie”, dijo ayer el coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, sobre la candidatura de Montero antes de conocer su idea de primarias. Una fuente de la dirección añade que con este último giro, Podemos entra en un “marco de coalición” en el que ya no hay vetos (hasta ahora rechazaban ir con Movimiento Sumar, el partido que creó Díaz) y opina que eso es “una buena noticia”. “Para la gente lo importante es si vamos juntos o no; por tanto, les exigirán voluntad de acuerdo bajo la fórmula que sea”, añade. “Cuanto más se hable directamente y menos a través de la prensa, mejor”, traslada con prudencia otra fuente. La sensación en distintos partidos del grupo es similar. “Llevamos meses construyendo un espacio común y ese es el trabajo que vamos a seguir haciendo. La prioridad es construir un espacio lo más amplio posible. Es una buena noticia que Podemos entienda que estamos en esa fase, pero vamos paso a paso”, opinan desde la ejecutiva de Movimiento Sumar. Más Madrid, que ha priorizado la organización de municipales y autonómicas, donde, si nada cambia, la ministra de Sanidad, Mónica García, competirá contra Belarra por el voto en la comunidad, se limita a señalar que “no están en eso ahora”, mientras otra fuente parlamentaria ve en el paso de la dirigente un simple “gesto de cara a la galería” y cree que si realmente busca un acuerdo, debería haberlo negociado antes.
“Cualquier anuncio público, tanto de Podemos como de Sumar, que no fuera conjunto, que dijera que han resuelto todas sus cuitas a puerta cerrada para no aburrir a votantes de la izquierda y que va a haber una candidatura potente y unitaria en la que lo único importante es intentar frenar a la derecha, la gente lo va a enmarcar dentro de la eterna lucha de la izquierda por conseguir pequeñas ventajas tácticas en la pelea por el poder interno”, analiza el exdiputado y antiguo secretario de Organización del partido, Sergio Pascual.
Como si acabara de llegar a la política, Irene Montero se presentó este sábado ante los suyos con un discurso impugnatorio del sistema actual, salpicado de frases lapidarias: “Vida solo hay una, planeta solo hay uno y no es ninguna locura decir que no nos podemos gastar un euro más en armas mientras tenemos a bomberos protegiendo nuestro país cobrando una miseria”. Habló la eurodiputada, tirando en ocasiones de ironía, de regular los precios de la vivienda, redistribuir la riqueza (“No quieren que miremos arriba”, repitió como eje de su intervención), las políticas antibelicistas, la reducción del tiempo de trabajo y la lucha contra la emergencia climática.
Montero lleva años preparando su vuelta a la política nacional. Nunca se fue ni renunció a jugar un papel relevante, casi desde el mismo día en el que Podemos, muy golpeado tras unas autonómicas y municipales en las que perdió prácticamente todo su poder, aceptó finalmente el veto impuesto por Sumar en la lista a las generales. “Aquí seguimos y podéis contar conmigo”, dijo ante la dirección del partido entonces.
Su carrera política, en ningún caso, quedó interrumpida entonces. Había entrado en el Congreso como diputada en enero de 2016 y relevó a Íñigo Errejón en la portavocía parlamentaria a comienzos de 2017, tras el enfrentamiento con Pablo Iglesias en la asamblea de Vistalegre II. La ausencia de las últimas generales, traumática para los suyos, no impidió que Podemos la propusiera meses después para llevar de nuevo las riendas de Igualdad esta legislatura, una línea roja en el PSOE tras la polémica gestión con la ley del solo sí es sí. La dirigente aprovechó el traspaso de carteras para acusar al presidente de “echarla del Gobierno”, permaneció menos de 30 días en silencio y anunció en diciembre de 2023 su disposición a encabezar la papeleta de su formación a las europeas. En la Eurocámara ha asumido el reto también estos dos años de ser una de las vicepresidentas del grupo de La Izquierda, papel que ha compaginado con su labor en la dirección y la presencia, como número dos del partido, en las campañas autonómicas, que han dejado más débil a Podemos, fuera ya de 11 parlamentos, y complican el panorama para las generales, con la subida de la extrema derecha y la proliferación de los discursos ultra de fondo.
El último sondeo de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER otorga a su partido el 2,8% de los votos y a Sumar el 5,7%, frente al 12,3% que alcanzaron juntos el 23-J. “Es una tarea difícil, no soy ingenua, pero creo que merece muchísimo la pena: intentar usar la política para que la gente viva bien y tenga lo necesario para vivir bien: paz, casa y trabajo”, remató ayer su intervención. Pese a todas las dificultades, Montero mantuvo siempre la vista puesta en Madrid.


