Mohamed VI: un monarca con plenos poderes alejado de la escena pública
“Al repasar el camino que hemos recorrido juntos, siento orgullo por los logros alcanzados”, confesaba Mohamed VI en el discurso a la nación que marcaba los 27 años de su llegada al Trono en la noche del 29 de julio. Pocas horas después, decenas de miles de jóvenes desbordaban la frontera de Ceuta en la mayor crisis política y migratoria con España de su reinado en Marruecos. Nada en sus palabras indicaba agravios bilaterales, sino más bien la reivindicación de un estilo templado de gobernanza —de monarca silencioso alejado de la escena pública, a pesar de sus plenos poderes ejecutivos— con el que aseguraba no haber buscado “gloria” ni “liderazgo internacional”.
Recién cumplidos los 63 años, Mohamed ben Hasán ben Mohamed el Alauí, nombre completo del soberano, puede alardear de haber transformado el Marruecos empobrecido y extremamente represivo que recibió en 1999 de su padre, Hasán II. Pero también ha tenido que alertar de la creciente amenaza que se cierne sobre “un país a dos velocidades” marcado por la desigualdad, y ha debido afrontar revueltas como las del Rif, hace una década en el Norte de identidad amazig o bereber, o las protestas sociales de los jóvenes, en el estallido generalizado de la Generación Z que cumple ahora un año.
El soberano presidió la recepción de la Fiesta del Trono el mismo día 30 de julio en la residencia real de M’diq (Rincón, en la era del Protectorado español) a apenas 30 kilómetros de la frontera de Ceuta. Tras asistir al acto, tanto el escritor Tahar Ben Jelloun, como el ex primer ministro y líder político islamista Abdelilá Benkirán relataron que miles de jóvenes se dirigían hacia el norte mientras los invitados abandonaban el palacete. A ambos les sorprendió que el cruce masivo por la frontera, que se prolongó más de 24 horas, se hubiese producido en plena conmemoración de la llegada al trono del rey, que en el país magrebí equivale a la principal fiesta nacional.
El rey ha ignorado oficialmente la crisis migratoria con España y ha proseguido sus vacaciones estivales en la costa mediterránea del Norte. Los medios de Ceuta apuntan a que el yate real ha navegado en estos días en aguas próximas a la ciudad autónoma. Es una frecuente travesía de recreo. En 2014, una patrullera de la Guardia Civil dio el alto en esas mismas aguas a una embarcación en la que viajaba el monarca, lo que desató un incidente diplomático que incluyó una llamada del monarca de la dinastía alauí a Felipe VI.
Mohamed VI tan solo ha parecido intervenir tangencialmente en la crisis de Ceuta cuando, en calidad de Comendador de los Creyentes, presidió a finales de agosto en la mezquita del palacio real de Rabat una velada religiosa por la festividad de Al Mawlid, que conmemora el nacimiento del profeta Mahoma. En una alocución pronunciada entonces por el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, se aludió veladamente a la histórica reivindicación de Marruecos sobre las ciudades autónomas españolas. El ministro se refirió a eruditos musulmanes nacidos en Ceuta antes de que el enclave norteafricano pasara a soberanía española, en 1580, y a “su lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas”, en una época en la que Portugal controlaba varios puertos en la costa del actual Marruecos.
La presión migratoria subsahariana se suma en Marruecos a la salida de sus propios ciudadanos. El Barómetro Árabe, un estudio de opinión elaborado por una red de investigadores universitarios del Norte de África y Oriente Próximo, revelaba en 2025 que el 35% de los marroquíes se ha planteado emigrar a Europa y Norteamérica, y más de la mitad de ellos están dispuestos a hacerlo de forma irregular.
Un monarca ausente de la vida pública
Los tiempos de baños de masas y de reformas en serie emprendidas por el joven monarca en los primeros años de su reinado han quedado atrás. Debilitado por dos intervenciones cardiacas y tras recientes accidentes que afectaron a su movilidad y acrecentaron su deterioro físico, se muestra ausente en gran parte de la vida pública. Incluso de su propio país durante largos periodos, en medio de una deriva conservadora e inmovilista.
El Gabinete Real es el sanedrín de consejeros del monarca surgidos en su mayoría entre compañeros de estudios del monarca que controla los resortes esenciales del reino jerifiano. Desde hace tiempo lleva en su nombre gran parte del peso público de las decisiones Fuad Alí el Himma, su principal hombre de confianza. En paralelo, la seguridad del Estado se encuentra al mando del superagente Abdelatif Hamuchi, quien ha acumulado el control de la Dirección General de Supervisión del Territorio (inteligencia interior) y la Seguridad Nacional, de la que dependen decenas de miles de policías.
Pese a la patente desigualdad entre la modernidad de las urbes de la costa y los atrasados pueblos del interior, Marruecos ha cambiado durante la era de Mohamed VI. Es un país con más agua corriente y electricidad y muchas menos chabolas que en 1999. Y también con los únicos trenes de alta velocidad de África, modernas autopistas y una red 5G de telefonía que sorprenden a los visitantes occidentales.
A mitad de camino entre la salida del régimen autoritario heredado de Hasán II y una truncada transición hacia la democracia, Marruecos tiende a paralizarse —a pesar del poderío de los visires y validos del reino— a la espera de que el rey diga siempre la última palabra desde el vértice de la pirámide del poder. El novelista Tahar Ben Jelloun recordaba durante el terremoto que sacudió el Atlas en 2023 que “el rey tiene plenos poderes sobre todo lo que ocurre en el interior del país, sobre el ejército y sobre todas las cuestiones vitales, pero también tiene que poner las cosas en marcha”.
“Mohamed VI trabaja mucho, pero habla poco”, explicaba entonces Ben Jelloun. El soberano prefiere gobernar en silencio. Su última entrevista presencial a un medio de comunicación, precisamente con EL PAÍS, está datada en 2005. Bien al contrario que su padre, que reinó entre 1961 y 1999 y gustaba de hacer declaraciones a la prensa. En los últimos años ha renunciado a pronunciar dos de los cuatro discursos anuales que tradicionalmente dirigía a su pueblo. El próximo no está previsto hasta octubre, con motivo de la solemne sesión anual de apertura del Parlamento.
Pero el actual soberano alauí aún sostiene el timón de una monarquía más ejecutiva que parlamentaria, aglutinante de una sociedad de identidad diversa árabe y amazig, modernizante y conservadora al mismo tiempo. Aunque promulgó una Constitución reformista en 2011, en plena ebullición de la Primavera Árabe, se ha reservado el control directo –por encima del primer ministro investido con mayoría parlamentaria– de las áreas de defensa, seguridad interna y de la diplomacia. Y también sobre los asuntos islámicos, en calidad de líder religioso de su pueblo.
Licenciado en Derecho y diplomado en Ciencias Políticas en Rabat, Mohamed VI cursó estudios de posgrado en Francia y efectuó prácticas en el gabinete de Jacques Delors, entonces presidente de la Comisión Europea. Su educación comenzó en el mismo palacio, en el Colegio Real donde compartió aula con algunos de sus principales consejeros, como Fuad Alí el Himma, alumnos seleccionados entre las élites del país magrebí. Habla árabe clásico y dariya (dialecto marroquí), francés, inglés y además castellano, aprendido de sus institutrices españolas. Una de ellas le salvo la vida a los siete años al protegerle de los disparos durante el fallido golpe militar de Sjirat (alrededores de Rabat) contra Hasán II en 1971.
Hijo también de la noble de ascendencia bereber Lala Latifa –consorte sin visibilidad en el Palacio Real fallecida en 2024–, Mohamed VI quiso que su esposa, la ingeniera informática Salma Bennani, tuviera un papel social relevante como madre del príncipe heredero Hasán y de su hermana, Lala Jadiya.
El matrimonio real convirtió en 2002 en princesa a la plebeya Lala Salma, por vez primera para una esposa de un monarca alauí. Ambos se divorciaron en 2018, pero los hijos del soberano siguen estrechamente unidos a su madre, con la que conviven y comparten vacaciones. Los tres han sido vistos el pasado invierno en un palco durante partidos de la última Copa de África de Naciones en el estadio Mulay Abdelá de la capital.
Reformas iniciales en cadena
El impulso inicial reformista del reinado de Mohamed VI culminó con la revisión del Código de Familia o Mudawana, que concedió derechos a las mujeres, aunque mantuvo la vigencia de la poligamia, mediante excepciones a la norma para sortear la prohibición, toleró el matrimonio con menores de edad. Una nueva revisión proyectada para modernizar el estatuto familiar dos décadas después permanece en suspenso desde 2024, a pesar de haber sido aprobada por el Consejo Superior de Ulemas, los doctores de la ley islámica.
Con al menos 5.000 millones de euros en activos, según publicó la revista Forbes, la Fundación Al Mada administra los intereses económicos de la familia real. Es considerada la primera fortuna del país magrebí y centra su actividad en sectores como la banca, las telecomunicaciones, la construcción, el turismo o los supermercados.
En más de un cuarto de siglo en el trono, Mohamed VI ha consolidado avances diplomáticos en favor de su país, como los que han llevado al reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara Occidental por Estados Unidos, en diciembre de 2020. Cinco años más tarde, el plan de autonomía marroquí para la antigua colonia española recibió el espaldarazo de la ONU.
En un giro radical, España –antigua metrópoli del territorio–, respaldó en 2022 la tesis de la autonomía del Sáhara, bajo control marroquí en un 80%, frente a la opción de autodeterminación e independencia defendida por el Frente Polisario, respaldado por Argelia y que controla el 20% restante del territorio.
La transformación de Marruecos bajo el reinado de Mohamed VI se ha concentrado en la modernización de infraestructuras como la red de autopistas, el tren de alta velocidad Tánger-Casablanca, en un proyecto que se extenderá hasta Marraquech antes de 2030, o el superpuerto Tanger Med en el Estrecho, complementado con la construcción de grandes terminales marítimas en Dajla (Sáhara Occidental), en el Atlántico, y en Nador, en aguas del Mediterráneo próximas a la ciudad autónoma española de Melilla.
En paralelo, se han desarrollado sectores punteros de la industria, como el montaje de automóviles, hasta convertirse en el primer exportador de vehículos a la UE, con más de medio millón de vehículos, por delante de Japón. El producto interior bruto (PIB) de Marruecos se ha multiplicado por más de tres en lo que va de siglo, en paralelo a la emergencia de una clase media en las grandes ciudades. Sin embargo, las desigualdades económicas y sociales se han acrecentado entre la población desfavorecida rural y de las periferias urbanas.
El informe Nuevo Modelo de Desarrollo, encargado por el rey en 2019, al cumplirse dos décadas de su reinado, reveló un “agravamiento de la desigualdad” al reflejar que el 10% de la población más acomodada acaparaba 11 veces más riqueza que el 10% más pobre. El descontento social se reproduce cíclicamente en Marruecos.
Las marchas pacíficas de la Primavera Árabe propiciaron en 2011 una reescritura formalmente democrática de la Constitución, antes de la llegada al poder del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo, que gobernó durante un decenio. En 2016, el Rif estalló en revueltas que se prolongaron hasta mediados de 2017. Medio millar de personas fueron arrestadas y condenadas a penas de cárcel, aunque casi todas acabaron siendo indultadas por el rey. Media docena de ellas siguen aún entre rejas, como el líder del movimiento Naser Zafzafi, sentenciado a 20 años de prisión.
Con menor intensidad, pero con mayor amplitud territorial, la protesta de los jóvenes de la Generación Z (menores de 30 años) sacudió las ciudades del país magrebí a comienzos del otoño de 2025. Los jóvenes reclamaban mejores servicios de sanidad y educación y medidas contra de la corrupción. La represión cortó en seco el movimiento social. Más de 1.500 personas fueron procesadas por su participación en las marchas, reivindicativas, que en ocasiones desembocaron en violentos disturbios. Tres jóvenes perdieron la vida por disparos policiales en la región de Agadir (sur) y decenas resultaron heridos. Las condenas impuestas llegaron hasta los 15 años de cárcel.
El auge económico bajo el reinado de Mohamed VI queda ensombrecido por una tasa de analfabetismo que ronda el 24% en Marruecos (31% para las mujeres), y el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, que mide la educación, la salud y otros parámetros además del desarrollo, se sitúa en el puesto 120 entre 193 países y territorios.
Una creencia popular ve en Mohamed VI a un rey silencioso y reservado que prefiere observar por sí mismo la realidad sin fiarse de ministros y consejeros, y pasea con discreción por calles y pueblos. En un país en el que reina y gobierna desde hace 27 años, goza del aprecio generalizado de sus súbditos. Se le otorga el poder arbitral definitivo del reino jerifiano.
Reivindicación de la Generación Z
Incluso los jóvenes de la Generación Z le dirigieron directamente sus reivindicaciones –en esencia, “más hospitales y universidades y menos estadios”– y exigieron la cabeza del primer ministro, Aziz Ajanuch, que posee la segunda fortuna del país magrebí, solo por detrás del conglomerado empresarial de la familia real. El líder conservador Ajanuch, amigo del monarca y estrecho servidor político, no ha presentado su candidatura a la reelección en las legislativas del próximo día 23.
Otro de los primeros pasos reformistas del monarca fue la creación en 2004 de una comisión de la verdad llamada de Equidad y Reconciliación, que arrojó luz sobre los años de plomo de la represión de Hasán II, e indemnizó a unas 17.000 víctimas de violaciones de los derechos humanos. Tras sentarse en el trono, el rey solo tardó dos meses en permitir el regreso desde el exilio de uno de los disidentes más célebres, el izquierdista Abraham Serfaty, quien pasó 17 años en la cárcel y fue denominado el preso político más antiguo de África, después del sudafricano Nelson Mandela.
Veintisiete años después, el pasado abril, un tribunal de Rabat confirmó una nueva condena de cinco años de cárcel al exministro marroquí Mohamed Ziane, nacido hace 84 años en Málaga de madre española, por “desvío de fondos electorales públicos” de su partido político de oposición. La sentencia se suma a la impuesta en 2022 por 11 delitos, entre los que figuraban “insulto a las instituciones” o “adulterio”.
Ziane difundió un vídeo en las redes sociales en el que criticaba “las ausencias de Mohamed VI” de Marruecos por desentenderse presuntamente de los asuntos del reino, y reclamaba la abdicación del monarca en favor de su hijo, el príncipe heredero Hasán. Está considerado el político preso más viejo de África.
En 2022, Mohamed VI pasó más de seis meses fuera de Marruecos – cuatro de ellos en la capital francesa–, y cerca de tres meses en 2023 en su palacio de Gabón, así como en las Seychelles, Emiratos Árabes Unidos y de nuevo en Francia. El debate sobre la presencia pública del rey se reavivó entonces en la sociedad marroquí, al hilo de la frecuentación en el entorno real de los tres hermanos Azaitar, alemanes de origen marroquí vinculados a las artes marciales que entablaron amistad con el soberano en 2018 y fueron acompañantes habituales en sus viajes privados.
Tras permanecer en Marruecos durante la mayor parte de las vacaciones de fin de año de 2024 a causa de un accidente que afectó a su movilidad, en noviembre de 2025 viajo en visita privada a Emiratos y a otros Estados, entre ellos Francia. No regresó oficialmente al país magrebí hasta tres meses después.



