RECONOCER | Septiembre: después del listón amarillo
Cada septiembre, el listón amarillo vuelve a recordarnos que hablar de suicidio también es hablar de prevención, acompañamiento y de lo que hacemos o dejamos de hacer como sociedad. En 1990, Querétaro registraba una tasa de suicidio de alrededor de 2 personas por cada 100 mil habitantes; para 2023 la cifra rondaba las 9. No es una explicación ni alcanza para encontrar culpables, el suicidio es demasiado complejo, es simplemente un dato y uno que merece ser visible.
Los datos definitivos del INEGI correspondientes a 2024 volvieron a colocar a Querétaro con una tasa de suicidio superior al promedio nacional. Y como durante septiembre decidimos hablar de aquello que normalmente preferimos dejar en silencio, esta vez vamos a mirar solamente una pieza de un problema mucho más grande: las políticas públicas y las acciones institucionales que existen alrededor de su prevención.
Ahí aparecen los municipios. Con corte al cierre de esta columna y sabiendo que todavía pueden anunciarse actividades antes, durante o después del 10 de septiembre encontramos respuestas distintas:
El Marqués cuenta con Centro Vive, la Línea Vive *4400 y atención permanente, además de conferencias programadas sobre salud mental y prevención del suicidio, por cierto, ahí estará presente la reconocida tanatologa y amiga personal Cristina Osornio;

San Juan del Río ha convocado a portar una prenda amarilla y distribuirá tarjetas con contactos y opciones de atención en salud emocional;
Tolimán ha difundido un banner de sensibilización que invita a pedir ayuda.

En el resto de los municipios no localizamos, hasta este momento, actividades específicas anunciadas para estas fechas. No significa que no existan; significa exactamente eso: que todavía no las encontramos anunciadas.
Una publicación puede llegar a la persona correcta, una conferencia puede iniciar una conversación que llevaba años pendiente y un teléfono puede convertirse en un puente cuando alguien necesita ayuda. La pregunta interesante empieza después: ¿qué hay al otro lado? Una crisis no consulta el calendario antes de aparecer. Ahí entran las cosas menos fotogénicas de la prevención: atención psicológica, detección de riesgos, personal capacitado, primeros auxilios psicológicos, acompañamiento familiar, seguimiento y continuidad, palabras que probablemente jamás serán tendencia, pero que pueden resultar bastante útiles cuando alguien finalmente dice: necesito ayuda.
Y quizá ahí convenga empezar a hacer preguntas más incómodas. ¿El presupuesto destinado a la prevención y atención de la salud mental, tanto en los municipios como en estructuras estatales como el CESAM o el CECA, es suficiente? ¿Qué sucede después de llamar a una línea de ayuda?, ¿esa llamada puede convertirse en una cita psicológica o psiquiátrica cuando se necesita o todavía hay espacios donde la persona tiene que encontrar sola el siguiente paso?
Y si estamos hablando de políticas públicas, tarde o temprano aparece 2027. Tomamos algunos nombres que suenan —y bastante— para la gubernatura de Querétaro y buscamos algo muy concreto: ¿qué han dicho y qué han hecho respecto a salud mental y prevención del suicidio?
Luis Nava tiene antecedentes públicos de acciones relacionadas con salud mental, bienestar emocional y detección de riesgos, incluyendo programas donde se ha abordado explícitamente la ideación suicida. Felifer Macías ha incorporado la salud mental en acciones municipales, particularmente dirigidas a jóvenes, aunque en nuestra revisión no localizamos hasta ahora un posicionamiento suyo igualmente específico sobre suicidio. En el caso de Santiago Nieto y Ricardo Astudillo tampoco encontramos, hasta el cierre de esta búsqueda, al suicidio convertido en un tema visible de su discurso público. Y aquí basta una precisión: no encontrarlo no significa que nunca hayan hablado de ello; significa que nosotros no encontramos evidencia pública suficiente para afirmarlo.
No se trata de decidir desde aquí quién tiene la mejor respuesta ni de entregar puntos por haber pronunciado más veces la expresión “salud mental”.
Porque las campañas ya llegaron, con los recorridos, las encuestas, los espectaculares, las fotografías, los mercados, los abrazos y alguna que otra aparición absolutamente espontánea cuidadosamente fotografiada. Y volveremos a escuchar propuestas sobre seguridad, movilidad, agua, infraestructura, empleo e inversiones. Está excelente, todo eso importa.
Pero hay personas que necesitan seguir vivas para disfrutar cualquiera de esas cosas.
Querétaro elegirá gobernador en 2027. Quizá además de preguntarles por seguridad, movilidad, agua, obra pública, inversiones y todas esas cosas que aparecen religiosamente en campaña, podríamos empezar a preguntarles algo más: ¿Cómo están viendo la salud mental en Querétaro, qué políticas públicas establecerán y cómo piensan blindar al estado para que quienes viven aquí encuentren estructuras capaces de garantizar el acompañamiento adecuado cuando enfrenten un problema de salud mental? ¿O es que la salud mental todavía no forma parte de su proyecto para Querétaro?
Porque, al menos para mí, una propuesta de gobierno que hable del futuro de Querétaro también tendría que hablar de la salud mental de quienes vamos a vivir ese futuro.
Soy Luisa Leticia Pérez, fiel admiradora de la existencia humana, con todas sus contradicciones, sus claroscuros y esa inexplicable manía que tiene de seguir sorprendiéndonos.
Esto es Reconocer.



