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Claire Valdez, candidata demócrata al Congreso: “Tenemos que planificar cómo será la vida cuando termine la Administración Trump”


Se le vio con sus gafas redondas de siempre por los alrededores del almacén DBK4, en el tranquilo barrio de Maspeth, en Queens, junto a los trabajadores de Amazon molestos con la multinacional que domina el comercio electrónico en Estados Unidos. Se le vio en un popular Starbucks de Clinton Hill, en Brooklyn, con los baristas decepcionados de la mayor cadena de cafeterías del mundo. Se le vio también en una huelga en Harlem junto a los miembros del Sindicato de Servicios de Defensa Vecinal. Todas esas veces la gente que trabaja pidió lo mismo, lo que los trabajadores de todos los tiempos han solicitado a sus jefes: que las condiciones laborales sean dignas y que el salario alcance para vivir.

A Claire Valdez (Texas, 1989) le resuena. Ha sido ella misma una empleada de Taco Bell, de Pizza Hut o de la cadena de supermercados Trader Joe’s, por tanto, el día en que llegue como congresista a Washington quiere conseguir, entre tantas, dos cosas esenciales: que los trabajadores puedan sindicalizarse más fácilmente y que el salario mínimo federal de Estados Unidos no siga siendo de 7,25 dólares por hora, como ha sido desde 2009, cuando le sumaron 75 centavos.

Valdez hoy es una política porque primero fue, por mucho tiempo, una empleada. Ha trabajado desde los 14 años y es alguien, dice, que ha tenido que “fichar y hacer muchas veces un trabajo difícil o agotador”. Pero la conciencia sobre el país que tenía delante se desarrolló primero en Lubbock, un enclave conservador del oeste de Texas, donde creció junto a unos padres demócratas en un mundo que ya tenía otro orden. “Soy millennial, así que crecí después de los ataques del 11 de septiembre y del comienzo de la guerra contra el terrorismo, la invasión de Afganistán e Irak. Ser testigo de cómo nuestro país asesinó a un millón de personas en el extranjero en nombre de la seguridad de Estados Unidos fue algo que realmente me radicalizó desde una edad muy temprana”.

Con 25 años, en 2015, ya se había convertido en una artista visual y partió a Nueva York a trabajar en un pequeño museo de Queens. “El trabajo era gratificante, pero realmente muy duro. Trabajaba muchísimo, de noche y los fines de semana, muchas horas extras no remuneradas”, asegura. También le era difícil desarrollar a la par su propio arte, así que abandonó el puesto y se agenció otro en el departamento de artes visuales de la Universidad de Columbia. Ese sitio le cambió el rumbo de la vida. No sabía entonces que en unos años, como miembro de los Socialistas Democráticos de América (DSA), ganaría las primarias demócratas para representar el séptimo distrito congresional de Nueva York.

Su entrada al sindicato UAW Local 2110 de Columbia, filial de United Auto Workers (UAW), uno de los sindicatos de trabajadores más importantes del país, fue definitiva. Valdez se involucró cada vez más y la lucha por los trabajadores fue desplazando la práctica artística. Aun así, si lo piensa, hay mucho en común entre un artista y un político. “Tienes que depender de otras personas, tienes que ser creativa, resolver problemas. Estás construyendo de manera colaborativa con otros. El sindicato me dio la misma alegría y propósito que me daba el arte”. Entre otras prioridades que piensa llevar en su agenda cuando sea congresista, está impulsar la aprobación de la Ley PRO, que facilite la formación de sindicatos, exija responsabilidades a los empleadores y dignifique al trabajador.

PREGUNTA. La lucha por los trabajadores es algo que le distinguió del resto de los candidatos en las primarias demócratas de Nueva York. ¿Por qué ha sido tan esencial en su vida política?

RESPUESTA. Organizarme con mis compañeros de trabajo, ser parte del sindicato, me dio un salario digno, tiempo libre y un sentido de propósito que nunca había tenido antes en mi vida. Siempre esperaba que las jornadas fueran largas, que los salarios fueran bajos, que las protecciones fueran escasas y difíciles de encontrar. Y el sindicato simplemente cambió mi relación no solo con mis jefes y mi trabajo, sino con mis compañeros. Me enseñó a verlos como personas con mucho poder político que merecen excelentes condiciones laborales y buenos salarios. Todos hemos tenido trabajos de mierda y todos hemos tenido malos jefes, pero muy pocas personas han tenido la experiencia de ser transformadas por su sindicato. Y lo que es tan importante para mí de estar en el Congreso, y antes en la Asamblea Estatal, es que consigamos que tantas personas como sea posible puedan organizarse, cambiar sus vidas y reconocer su poder.

P. Usted en particular, pero el DSA en general, hablan de empoderar a la clase trabajadora, lo cual ha derivado en la discusión sobre dónde empieza y termina la clase trabajadora en EEUU. ¿Qué piensa usted?

R. Creo que la clase trabajadora se define por el control. ¿Tienes control sobre lo que haces en tu trabajo? ¿Tienes control sobre tu horario? ¿Tienes control sobre tus horas y tus salarios? Para la mayoría de las personas, la respuesta es no. Y eso puede incluir a los trabajadores de limpieza, puede incluir a trabajadores administrativos, como lo era yo en la Universidad de Columbia, puede incluir a ingenieros de software. Creo que la categoría puede ser muy amplia porque de lo que estamos hablando es de cuánto poder tienes para determinar las condiciones de tu lugar de trabajo y de tu vida. La clase trabajadora tiene que ser una categoría lo más amplia posible porque van a hacer falta millones y millones de personas organizándose juntas para ganar el mundo que merecemos. Y cuanto más podamos relacionarnos unos con otros a través de estas diferencias que nos han impuesto los jefes, más poder tendremos.

P. Los socialistas han ganado recientemente importantes batallas electorales en EE UU, aunque también atraen mucho rechazo de otros sectores. ¿Cuál es la propuesta para que este pueda ser un mejor país?

R. Para mí, el socialismo democrático consiste en ampliar la democracia, en asegurarnos de que las personas puedan organizarse en sus lugares de trabajo, en sus barrios y en sus edificios de apartamentos, que puedan ser actores políticos en sus propias vidas. Se trata de programas universales como el cuidado infantil universal, la educación pública gratuita, la educación superior, la atención médica universal, ampliar la estabilización de los alquileres, el control de alquileres y asegurarnos de que las personas puedan permitirse vivir sus vidas y tener una verdadera dignidad.

Nuestro objetivo, y ciertamente mi objetivo como alguien que ahora va al Congreso como socialista democrática, es demostrar que podemos gobernar eficazmente, que podemos conseguir cosas para la clase trabajadora. Y cada vez que ganamos una elección, estamos demostrando que existe una base electoral para el socialismo democrático. Hasta las encuestas a nivel nacional muestran que la gente está cambiando sobre este tema; están más dispuestos a identificarse como socialistas democráticos, tienen menos miedo del término. Y creo que eso se debe, en parte, al trabajo que ha hecho el alcalde Zohan Mamdani para gobernar exitosamente la ciudad durante los últimos meses.

P. Este resurgir de la izquierda también llega como respuesta a un sistema y a una Administración, ¿pero si no hubiese existido una campaña y una elección como la de Mamdani, hubiésemos presenciado este auge?

R. Es un poco difícil imaginar este momento político en el que nos encontramos si no hubiéramos tenido éxito el año pasado. La victoria de Zohran fue realmente trascendental para el movimiento. Eso nos dio una hoja de ruta para 2026, cuando estábamos tratando de decidir dónde deberíamos presentarnos, qué distritos podrían ser buenos lugares para desafiar a un titular o dónde los escaños abiertos podrían ser ventajosos para nosotros. Luego ha hecho un trabajo bastante bueno como alcalde, comunicándose eficazmente, implementando programas realmente populares muy temprano en su mandato. Sus mejoras a la red de autobuses para hacer que los autobuses sean más rápidos, el cuidado infantil universal… Estas cosas son increíblemente populares y eso muestra a la gente que los socialistas democráticos pueden gobernar bien. Por eso creo que su éxito nos ha allanado el camino para asumir mayores riesgos, para enfrentar desafíos más grandes.

P. Usted fue detenida en 26 Federal Plaza, el edificio de la corte de migración donde han detenido a tantos migrantes en los últimos tiempos, y precisamente otra de sus batallas es abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). ¿Cómo piensa trabajar para hacerlo posible?

R. Con la noticia de que hay una nueva inversión federal en guantes de descarga eléctrica que serán utilizados por los agentes del ICE, me parece muy claro que, hasta que no terminemos con esta agencia, simplemente seguirá expandiéndose, militarizándose, recibiendo fondos, y no habrá rendición de cuentas hasta que desaparezca. Y saber que son nuestros impuestos los que van a financiar esta agencia en lugar de financiar atención médica universal, en lugar de financiar inversiones en infraestructura pública, es realmente despreciable. Creo que hay cosas que podemos hacer para crear más supervisión, para crear rendición de cuentas sobre esta agencia, pero en última instancia, simplemente no debería existir.

P. Entonces, si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, ¿cree que lograr avances en sus prioridades —el ICE, los derechos laborales— va a ser una posibilidad?

R. Creo que bajo esta Administración no se va a abolir el ICE, pero tenemos que planificar cómo será la vida después de que la Administración Trump termine dentro de un par de años y estar realmente preparados para hacer todo lo que podamos para transformar la vida en Estados Unidos. Eso también incluye aprobar la PRO Act, que facilitaría que las personas se organicen en sus lugares de trabajo, que se aumente el salario mínimo. En el gran esquema de defender nuestra democracia frente al creciente fascismo y autoritarismo, asegurarnos de tener un movimiento laboral realmente fuerte es lo más importante. Tenemos que impulsar una política migratoria que sea humana, que sea acogedora. Si vamos a abordar las causas fundamentales de la inmigración, tenemos que empezar por entender nuestra política exterior y las cosas que hemos hecho durante muchos años para desestabilizar a otros países.

P. Eso quedó claro en su campaña y la de muchos socialistas cuando pedían el fin del genocidio en Gaza, un tema del que muchos evitan hablar o se desligan, pero que ustedes convirtieron en un frente…

R. Palestina fue una parte importante de nuestra campaña porque era algo que surgía mucho cuando tocábamos puertas. Cuando íbamos a hablar con la gente en sus casas, querían hablar sobre Palestina. Ya hemos pasado por casi tres años de un genocidio y es duro saber que nuestros impuestos están financiando el bombardeo de campos de refugiados, sosteniendo un Estado de apartheid. Dado que este genocidio comenzó y se desarrolló bajo un presidente demócrata, bajo Joe Biden, los demócratas perdieron una oportunidad de detener que lo peor de esta atrocidad ocurriera cuando estaban en el poder. Queremos ver ese cambio. Y creo que la gente también quiere ver un verdadero liderazgo moral. Vimos mucho de esto durante la elección de Mamdani para alcalde. Palestina no era el centro, se trataba de la asequibilidad, pero las personas que habían estado insatisfechas o desconectadas de los procesos políticos, de las elecciones, que no habían votado en 2024, que estaban indignadas por el genocidio en Gaza, vieron su coherencia sobre este tema y regresaron a la política. Vimos la participación electoral más alta que hemos visto en la ciudad de Nueva York en décadas y creo que eso es lo que la gente realmente desea en este momento.


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