Alma Guillermoprieto: “Estamos al borde de un precipicio, no sé si vamos a caer o no”
La cronista empieza su último libro (de recopilación de crónicas) con el impacto que le causó una crónica que nunca publicó. Era noviembre de 1988 y Alma Guillermoprieto vivía en Bogotá, Colombia (donde también vive ahora). Los noticieros alertaron de la masacre de Segovia, un pequeño pueblo de la Antioquía, donde en solo hora y media habían sido asesinadas decenas de personas (46 se supo después). Guillermoprieto, que entonces ya había reporteado en Nicaragua y en El Salvador, ya había escrito para The Guardian y The Washington Post, se sintió como todavía hoy se siente para poder hacer este trabajo: “Horrorizada y fascinada por la noticia”. Viajó a Segovia meses después, oyó hablar por primera vez de Fidel Castaño (uno de los máximos jefes del paramilitarismo), conversó con gente atemorizada y trató de escribir un reportaje para The New Yorker —la revista para la que lleva ahora escribiendo décadas—. No logró entregar el texto, pero entendió algo, que cuenta ahora en La improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo (Debate, 2026): Segovia fue un hilo de cómo el narcotráfico debilitó democracias y llenó de muertos este continente.
Dice Guillermoprieto que su vida, después de caminar por Latinoamérica y sus historias durante 44 años, ha sido “larga y complicada, benévola y suertuda: muy rica”. Lo cuenta este sábado desde el escenario del Teatro de la Ciudad de Querétaro, en el marco del Hay Festival, durante una conversación con el subdirector de EL PAÍS América, Javier Lafuente. Alma Guillermoprieto tiene ahora 76 años y reparte anécdotas y enseñanzas mientras da las gracias a la organización por colocar cerca un jarrón con flores, se levanta para acercarse a los asistentes y ver bien a quién pregunta o cuenta divertida que su nombre lo eligieron sus padres ateos porque era el único que no estaba en El Santoral: “Lo que me permite no ser una santa”, dice y el público ríe, claro.
La bailarina que llegó a Cuba a dar clases de danza contemporánea, se hizo reportera en Nicaragua, con la emoción de la revolución sandinista. En ese momento, relata Guillermoprieto, escribía para The Guardian crónicas a cuatro centavos la palabra: “Tenía 28 años, no sabía nada, era sumamente ingenua y me enamoré de todo, era imposible ver un defecto. Después del triunfo de la revolución yo misma me autocensurada pensamientos, me parecía incorrecto cuestionar”. La violencia de El Salvador (donde fue una de las primeras reporteras en publicar, por ejemplo, sobre la brutal matanza de El Mozote) resquebrajó parte de la inocencia. Pero fue una anciana, en un autobús de doble planta en Londres, quien lo cambió todo.
Guillermoprieto estaba en una visita a la capital británica como cortesía de The Guardian, de casualidad, conoció a su primera lectora: “La emoción fue tan grande y tan asustadora: la primera vez que yo tuve consciencia de que estaba escribiendo para alguien. ¡Hasta ese momento yo pensaba que estaba escribiendo para la Revolución! Fue un momento revelador que cambió mi manera de escribir, mi manera de reportear, cambió mi obsesión por la exactitud”.
Desde entonces ha narrado “desde el final de las dictaduras hasta ahora que empiezan de nuevo los regímenes de ultraderecha”. Ha escrito tres recopilaciones de crónicas del continente Al pie de un volcán te escribo (1995), Desde el país de nunca jamás (2011), ahora, La improbable tierra prometida. Esta última —que asegura que será la última— es, en sus palabras, “la historia de la desilusión y de un futuro resquebrajado”.
De lo que ha visto, en el papel escribe: “Es el triunfo de la violencia como forma política de expresión y el declive de la democracia como aspiración en este siglo XXI”. Esta mañana en el escenario relata: “Yo nací en un momento de la historia en que todos estábamos tranquilamente seguros de que el mundo que venía iba a ser mejor. En Estados Unidos creían en el progreso y el progreso iban a ser refrigerados más eficientes. Aquí íbamos a ser más democráticos, se iba a acabar el anafalbetismo. Y yo siento que estamos viviendo al borde de un precipicio, que no sé si vamos a caer ahí o no, pero ese es el momento. Y no me lo explico. Lo único es que estamos todos juntos”.
Guillermoprieto cree que “Latinoamérica siempre está a punto. pero sin llegar a la igualdad”, que es el nudo detrás de las violencias. Defiende haber escrito tanto sobre ellas porque “han sido muchas”: “La violencia es una gran interruptora de la realidad y nosotros tenemos la obligación de ocuparnos de esas interrupciones, noticia significa nuevo”. También defiende haber escrito tanto a pesar de ellas: haber encontrado toda la dulzura (que “no está en Estados Unidos o en Europa”), haber visto tanta belleza. “Jamás se me ocurrió irme de Latinoamérica, ¿donde más iba a estar si no es aquí de donde soy? Lo que sí se ha ampliado es eso: de dónde soy”.


