Viajar con el sargazo para conocerlo mejor
Hay preguntas sobre la trayectoria del sargazo que no tienen respuesta definitiva. Si las algas que ahora invaden las playas del Caribe realmente provienen del Norte del Atlántico, del Mar de Sargazos, ¿por qué no llegaron antes? ¿Qué factores físicos las arrastran en masa desde el 2011? ¿Desde dónde? ¿Qué observaciones pueden ser útiles para actuar antes que se acumulen en la orilla y causen graves consecuencias a las economías locales y al ambiente?
La conclusión de un grupo de científicos de la Universidad de Miami es que la primera gran proliferación que llegó a las costas de Brasil en abril de 2011 se originó dos años antes en el Atlántico tropical oriental, en la costa de Ghana, al oeste de África. Este equipo también ha diseñado un prototipo de boya, en colaboración con dos empresas privadas especializadas en rastreo satelital, que es capaz de viajar en el agua, embebida en las islas de sargazo y compartir información sobre su desplazamiento y las variaciones de la vida marina según se aproxima a tierra, en tiempo real.
La oceanógrafa física María Josefina Olascoaga es una de las investigadoras de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas, Atmosféricas y de la Tierra de la Universidad de Miami que ha estudiado desde 2018 la trayectoria del sargazo, utilizando una combinación de modelos físicos y de análisis probabilísticos. Con base en trabajo teórico y experimentos realizados en el simulador de olas de la universidad, hace tres años comenzaron a desarrollar un dispositivo que les permitiera recabar una mayor cantidad de datos sobre el movimiento de las algas, por un tiempo más prolongado.
Este verano y en colaboración con las empresas Altametry y Nebli, ha probado por primera vez en el océano una boya que está equipada con cámara de video y con un acelerómetro (para medir la velocidad y la frecuencia y altura de las olas), que puede incrustarse en las balsas de sargazo y transmitir información e imágenes durante horas. “Saber un poco más de la trayectoria del sargazo y de sus características ayuda a tomar decisiones”, explica la profesora Olascoaga durante una entrevista en su oficina con vistas a la bahía Key Biscayne, con el kayak hinchable amarillo que utilizó para el experimento aún inflado junto al escritorio.
Mejorar el pronóstico para mejorar la respuesta
La posibilidad de saber cuándo y cómo se aproxima una isla de sargazo a la costa, dice Olascoaga, podría ayudar a las autoridades locales a pensar en estrategias más eficaces para recoger o detener las algas antes o tan pronto lleguen a la orilla. En las aguas de la bahía todavía se ven parches marrones flotando, después de una temporada donde la acumulación de sargazo en las costas de Miami ha batido récords.
Solo el condado de Miami-Dade en Florida gasta entre tres y cuatro millones de dólares al año en la tarea de remover el sargazo con tractores que peinan la orilla de la playa al amanecer y al atardecer, esquivando nidos de tortugas y sombrillas. Pero la masa de algas arrastradas por el oleaje no hace sino crecer cada verano y cuando se descompone en la arena despide un hedor a huevos podridos que contamina el aire y espanta a los turistas.
La misma escena se reproduce cada año en las playas de México y de las islas del Caribe. Este año, México ha recibido cantidades de sargazo 27 veces superiores al promedio histórico. Allí, científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) también estudian y pronostican su desplazamiento con satélites y drones, las mismas herramientas utilizadas hasta ahora en la mayoría de los países.
Pero el problema de estos modelos para detectar, mapear y rastrear grandes masas de sargazo desde el cielo es que se vuelven menos precisos a medida que las algas se acercan a la costa.
“Los satélites pueden realizar un seguimiento periódico cuando el cielo está despejado y las masas son lo suficientemente grandes en alta mar como para observar su desplazamiento. Sin embargo, el desafío radica en los últimos 30 kilómetros antes de tocar tierra: ¿dónde recalará ese material? ¿Llegará a la playa, a la B o a la C?”, explica Gary Rees, director de investigación de Altametry, una de las empresas que ha participado en el desarrollo de la boya. “Ahí es donde nosotros traemos nuestra capacidad diferencial, en esos últimos 30 kilómetros, cuando las masas comienzan a fragmentarse y a dirigirse hacia México o Miami. Saber dónde va a caer es el aspecto en el que podemos aportar”, agrega Rees.
Altametry también ha desarrollado dirigibles de vigilancia que son utilizados en Estados Unidos para rastrear tiburones blancos o para vigilar eventos públicos y universidades. La empresa espera perfeccionar las boyas hasta llegar a producirlas en masa para que sean utilizadas por otros científicos y países en el seguimiento de la trayectoria del sargazo y con otros fines de investigación.



