La violencia del narco en el Estrecho alienta el debate sobre el regreso de la unidad de élite OCON-Sur
OCON Sur, el grupo de élite que tantos éxitos dio a la Guardia Civil en su lucha contra el narco del Estrecho, sigue moralmente vivo, aunque desapareciese hace ya cuatro años. Cada poco tiempo, buena parte de los 260 agentes que pasaron por él en sus cuatro años de vida encargan merchandising y se lo reparten. El último pedido incluyó parches, pulseras y navajas; el anterior, una camiseta con la lista de lo decomisado: 1,2 toneladas de droga, 72 millones de euros, 12.800 detenidos. “Si papá vuelve [por David Oliva, el que fue el jefe de OCON], vuelven los 200”, asegura uno de sus integrantes. Pero hasta él sabe que una cosa es la épica y otra la realidad. Porque por mucho que políticos y sindicatos reclamen la vuelta de la unidad, hasta quienes formaron parte de ella saben que es una posibilidad que se mueve entre lo remoto y lo imposible.
Desde que el Ministerio del Interior anunció en septiembre de 2022 el fin de OCON Sur, según argumentó, reorganizar lo transitorio de la unidad a permanente, las peticiones de su regreso son constantes. La última ofensiva, protagonizada por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (PP), se ha producido por una “escalada de inseguridad” y violencia de la que también llevan meses alertando asociaciones profesionales y fiscales antidroga. El popular se refería concretamente al luctuoso mes de agosto que ha dejado el narco en Andalucía: con apenas tres días de lapso han muerto asesinadas a balazos cuatro personas por ajustes de cuentas en Utrera e Isla Cristina (Huelva). “Esto está abandonado. La droga entra por cualquier lado y el problema es que no están llegando a los capos de las organizaciones. No llegan a la cabeza”, se queja un agente que estuvo en uno de los puestos de responsabilidad de OCON.
El Organismo de Coordinación de Operaciones contra el Narcotráfico —el nombre completo tras sus siglas— nació en septiembre de 2018 como parte del plan integral del nuevo Gobierno para restablecer el principio de autoridad perdido en el Campo de Gibraltar. La situación extraordinaria —con secuestro de un narco detenido en un hospital, incluido— precisó medidas drásticas. Oliva, criado en el Campo de Gibraltar y curtido en la batalla contra los traficantes en Barbate y la Comandancia de Cádiz, “conocía las deficiencias del sistema, así que creó la unidad salvando eso”, apunta la misma fuente de su entorno. Las máximas fundamentales eran tener una visión única de la lacra del narco, por encima de competencias y comandancias, y “prevenir, además de investigar”. “Éramos un grano en el culo para los narcos. Nos hicimos fuertes”, apunta el ex de OCON.
En la práctica, aquello se consiguió con horas y horas de investigaciones, operaciones y despliegues sin fin. Los 260 agentes que pasaron por el grupo —de una plantilla estable de unos 150 agentes— no entendían de jornadas laborales, festivos o fines de semana. “Trabajábamos 24/7. Hubo tres operaciones en las que llegamos a hacer 40 registros en un día”, añade ese guardia civil. Un mando andaluz del mismo Instituto Armado lo confirma, pero añade las consecuencias de aquel sobreesfuerzo: “Eran unos horarios tremendos que se cargaron familias y han roto matrimonios. Hubo muchas personas que pidieron el relevo; no se podía seguir así, había que cumplir la ley en lo que se refiere al trabajo”. Justo por esa dedicación extrema, ambos coinciden en que es uno de los principales problemas que hoy obstaculizan su regreso. “Crear OCON Sur hoy no tendría sentido con los sistemas de trabajo”, apunta el agente.
Un fin entre suspicacias
Pero hubo más motivos. OCON Sur levantó demasiadas suspicacias con sus macrooperaciones con centenares de detenidos en cada una, dentro y fuera de su propio cuerpo. “Éramos una unidad regional que se hizo internacional. Venían los daneses queriendo reunirse con nosotros. Anulamos a la policía y a las unidades centrales”, añade el integrante del organismo. Los éxitos se medían a titular por semana. “De tantos miles de detenidos, habría que saber cuántos fueron condenados. Hicieron su papel, hubo muy buenas operaciones, otras regulares y otras muy malas”, añade una fuente judicial que solía trabajar codo con codo con el grupo.
Y justo ahí, cuando la unidad estaba en su mayor gloria mediática, el Ministerio del Interior anunció el fin de OCON, presentada como una reorganización, tesis que aún sigue defendiendo. De facto, sus 150 integrantes se sumaron a las policías judiciales de las comandancias de las seis provincias andaluzas —todas, salvo Córdoba y Jaén— en las que operaba la unidad. Pero los tiempos endiablados pronto se solaparon: apenas siete meses después del anuncio, en abril de 2023, salió a la luz la investigación judicial por supuesta revelación de secretos y cohecho por la que Oliva aún tiene pendiente sentarse ante un tribunal. El caso partió de otro de Asuntos Internos de la Guardia Civil y de la Policía que investigaba una supuesta colaboración con el narco, que quedó archivado después de que se demostrase que emanaban de informaciones sin contrastar y seguimientos imposibles.
Aquella causa, iniciada meses antes del desmantelamiento, y las escuetas explicaciones oficiales sobre el fin de la unidad han abonado el campo de las suspicacias y sospechas desde entonces. “A ver quién sería el guapo que se pone al frente, después de lo que le pasó a David [Oliva]”, señala el mando andaluz. “OCON generó muchas presiones. Había que quitarlo, ¿pero quién dio esa orden? Aún hoy no tenemos respuesta”, valora un exintegrante del grupo. Desde el Ministerio del Interior apuntan que “no desapareció, se reestructuró” y recuerdan que, en este lapso, las plazas en la lucha contra el narco en las comandancias andaluzas han crecido: los 150 agentes que se incorporaron venidos de OCON y 240 más.
Interior apunta además como prueba de la eficacia de su estrategia la subida paulatina de las estadísticas desde su fin: de las 6.583 operaciones que se produjeron en 2021, año clave de la unidad, a las 13.587 de 2025. Esos mismos datos también reflejan una caída paulatina de la droga incautada —de las 733 toneladas recuperadas por OCON en 2021 a las 247 de 2025— y un incremento del combustible intervenido —de los 331.175 litros a los 887.975—. Para el mando de la comandancia andaluza, eso refleja la tendencia de los narcos locales a pasarse al petaqueo de combustible para las organizaciones y un movimiento de la actividad de los traficantes a Huelva y al sur de Portugal, donde ya se vislumbra que se asentarán muchas mafias.
“Estamos logrando una disminución de la peligrosidad de la actividad delictiva. Nuestro objetivo es que desaparezcan las narcolanchas, que depravan la sociedad”, añade el mismo mando. Pero el antiguo integrante de OCON difiere en el análisis de los datos de Interior: “La prueba está en que la cocaína ha pasado de los 35.000 euros el kilo, a 10.000 o 12.000 euros. A los grandes capos de la droga les llegó a interesar que estuviésemos ahí porque la droga valía más. Ahora que entra por cualquier lado, es más asequible para que cualquiera entre en el negocio”.
Las palabras de Moreno, realizadas por una carta abierta al ministro Fernando Grande-Marlaska, han venido a agitar el avispero de un debate interno en el Instituto Armado que se convierte en público cada vez que la tozuda realidad del narco demuestra que el problema sigue ahí. El jefe de la comandancia andaluza afea que la estrategia del presidente sirva para algo, más allá de generar descrédito en el trabajo que se realiza desde la Guardia Civil: “En política necesitas generar un malestar social para provocar un cambio. Se está politizando la seguridad, algo que era incuestionable”. La fuente judicial ahonda en la misma idea: “Su tiempo ya pasó”. Mientras, el agente que formó parte de OCON sigue luciendo con orgullo el merchandising de aquel grupo que sigue siendo “familia” y se limita a lanzar una sentencia: “La pena es que los tiros y la droga siguen ahí”.
