Los que no salieron a manifestarse en Ceuta: “Tengo miedo a que pueda pasar algo”
A la hora en que la masiva manifestación recorría Ceuta y cientos de miles de personas se concentraban en los ayuntamientos de toda España, un grupo de adolescentes esperaba en una playa de la ciudad autónoma a que escampara. Sin hacer mucho ruido, sin montar el follón habitual, este miércoles se escuchaban menos voces de lo normal en la playa de El Trampolín, donde duermen desde hace un mes miles de migrantes. De boca en boca se fue corriendo la voz de que esta vez sí, Ceuta se había movilizado de forma multitudinaria durante la manifestación más grande y numerosa de cuantas se han celebrado hasta entonces. Así que Zacarías, Ahmed o Kaja esperaron a que todo pasara y se mostraban comprensivos con el cabreo de los ceutíes. Separados por unas pocas calles, al caer el sol, ellos solo esperaban a que todo terminara para volver a moverse con libertad por la ciudad. Mientras tanto, no salían del paseo que rodea las playas de El Trampolín y Benítez.
Zacarías Moujahid, de 17 años y procedente de Fez, reconoce que empieza a “tener miedo” al ver cómo poco a poco aumenta la indignación entre la población. “No nos movemos de la playa porque aquí la policía está cerca”, reconoce. “Sé que hoy la gente se está reuniendo y tengo miedo a que pueda pasar algo, así que prefiero no alejarme del resto de la gente”, dice Zacarías. “Claro que entiendo la indignación y yo quiero colaborar con la ciudad. Sé que no es la mayoría de la gente, pero hay más tensión que antes”, añade su amigo Ahmed Cherogui, también de 17 años y también de Fez.
“Claro que entiendo su enfado”, reconoce Mohamed Benisse, otro migrante que duerme cada día bajo un plástico en una playa en la que ayer comenzó a llover. “Hasta ahora veníamos de 15 en 15 o de 20 en 20, pero ahora somos muchos y parece una avalancha. Es normal que estén enfadados por lo que están pasando”, señala. Aun así, tiene claro que aguantará en Ceuta el tiempo que sea necesario, “dos años si hace falta”, aunque tampoco hará nada para resistirse “si vienen a por mí”, agrega. Una de las pocas mujeres que vive junto a miles de hombres en la calle es Kaja Marimilda, de 35 años y de Casablanca. Ella siente cada día el cansancio “y cómo el odio ha ido aumentando”. Aunque “ha sido un mes horrible”, dice que no tiene miedo a que pueda radicalizarse “porque aquí respetan a las mujeres”.
Ceuta tiene la densidad de población más alta de España, después de Melilla. 84.000 personas en 20 kilómetros cuadrados, lo que es lo mismo, meter a todos los habitantes de la ciudad de Pontevedra en un espacio seis veces menor. Sin embargo, más allá del quiosco de Tarek se ha instalado la mayoría de los casi 8.000 nuevos habitantes de Ceuta. En barrios como Los Rosales, La Pantera, El Príncipe, Loma Colmenar, Hadú o Juan Carlos I, se añade más tensión a lugares de difícil equilibrio. Mientras en una parte de la ciudad de mayoría musulmana se suceden las escenas de campo de refugiados y la gente duerme masivamente en la calle, en otra los vecinos hacen vida relativamente normal, ya que el Ejército impide a los migrantes entrar en la almendra central de la ciudad.
Otro de los ceutíes que tampoco salió el miércoles a la calle fue Abdellah Mustafa, presidente de la asociación de vecinos organizados junto a la mezquita de Sidi Embarek. Aunque está tan harto y cansado como el resto de Ceuta, considera que las protestas han derivado en ataques a los musulmanes que no le han gustado, a pesar de que cada día se remanga para dar casi 5.000 comidas a los migrantes.
“No me manifiesto porque [el presidente de Ceuta] Juan Jesús Vivas ha participado del discurso de odio contra los musulmanes, cuando denunciamos que podría liarse una muy gorda, decidió echar el freno porque estaba destrozando la ciudad y la convivencia”, denuncia Abdellah. “Vivas no ha operado como líder de Ceuta, sino que ha azuzado el odio contra Pedro Sánchez. En 2021 se comportó como un hombre de Estado, pero en esta ocasión ha actuado de forma partidista. Y él es la mano que mueve todo”, reprocha.
En la ciudad hay varias manifestaciones diarias y los incidentes violentos han sido casi una anécdota en una ciudad que acumula tensión desde hace un mes. Sin embargo, para una parte de los ceutíes existe la tesis de que, presionando a las organizaciones que les dan de comer, estos se marcharán antes. Esa comida, sin embargo, es la que hace que la ciudad no se convierta en walking dead, con miles de famélicos caminando sin rumbo de lado a lado, arrastrando los pies.
El taxista Yusuf tampoco acudió a la manifestación.
—¿Por qué?
—Porque tengo que trabajar a esa hora, pero no por falta de ganas —responde.
—¿Me puede dar sus razones?
—Te las doy mientras no me hagas la pregunta idiota que me hacen todos los de fuera —dice.
—¿Y cuál es esa pregunta?
—Que si en este lío estoy con los migrantes o con la gente de Ceuta por ser musulmán. ¿Se puede hacer una pregunta tan tonta?“, se pregunta. ”Claro que estoy hasta las narices de esta situación y quiero que se vayan todos cuanto antes. Soy español y soy ceutí. ¿Pero cómo se puede confundir un país con una religión? Hay que ser ignorante ―protesta ante la pregunta mil veces escuchada.
