El desorden
Para unos, la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado un tremendo manotazo que puso en orden a su partido; para otros, se peleó con López Obrador., para unos más, llegó la “nueva Claudia”, la que tiene un gran potencial, la que hace movimientos estratégicos, la ajedrecista total de la política que no ha podido hacer lo que quiere porque fuerzas ocultas se lo han impedido. A la mejor ya se anima a imprimir su propio estilo ahora que comienza su tercer año de gobierno. Pero a unos días de comenzar su tercer año de administración, todavía no lo saca.
Lo cierto es que sí pegó un manotazo. Cuánto dure el efecto es algo que no sabemos. Por lo pronto, estos dos primeros años de claudismo pueden ser catalogados como un verdadero desmadre. Que quede claro: el desmadre ha corrido por cuenta de sus “compañeros”, como ella cálidamente le dice a la horda de habilitados que supuestamente se juegan el pellejo por ella. Son ellos los que el año pasado protagonizaron el verano de la frivolidad. Una serie incontenible de desplantes y exhibiciones de lujo y estupidez pocas veces vistas de esa manera en la vida nacional. Son ellos los que han sido señalados de tener vínculos con bandas delictivas, de abusadores y violentadores de mujeres, de corruptos insaciables y de ineptos de colección.
Para todos ellos, la presidenta ha tenido palabras de protección y apoyo. Se ha desgastado en asuntos verdaderamente ridículos. No es que le cuesten capital político sino puro coraje personal de verse metida en esos chismes decadentes. Sus “compañeros” celebran a la presidenta de vez en cuando, después de una fecha importante o un discurso al que se pueda sumar para tener alguna relevancia mediática. Acostumbrados a funcionar como rebaño, lo mismo gritan “es un honor estar con Obrador” que “presidenta, presidenta “ o “no estás solo” al Cuau o a Rocha Moya. Es parte del desmadre: estar gritando. En Morena la competencia nunca ha sido por una idea, un discurso sino por gritar más fuerte.
Más allá de los que piensan que “desde algún lugar de la selva chiapaneca” López Obrador conspira contra la presidenta, para los de Morena el desmadre sigue. No deja de ser curioso que mientras algunos anuncian que “ahora sí” Sheinbaum ya tiene todo el poder, sus compañeros no cesan de referirse al expresidente, un recurso que ellos sacan tan a menudo como sus más incisivos malquerientes. Basta leer los pronunciamientos públicos para darse cuenta quiénes están obsesionados con López Obrador. En el comunicado de los gobernadores morenistas para apoyar a Sheinbaum, y en el que le piden a Rocha Moya “madurez y responsabilidad”, también mencionan la transformación “iniciada por Andrés Manuel López Obrador”. ¿Qué necesidad?
En el desorden generalizado, el senador Enrique Inzunza decidió mandar por un tubo la sugerencia presidencial y de su bancada para pedir licencia. Él continuará con el fuero y no solamente eso. Lo de Inzunza es un permiso para extorsionar al gobierno y una garantía de impunidad. En su carta de renuncia a la bancada morenista, el sinaloense menciona que, respecto a las acusaciones en su contra “no se precisa mucha perspicacia para saber que es otro, alguien que el mayor liderazgo moral y político de la nación, el objetivo final de esta embestida”. Ni un agradecimiento a la presidenta que lo defendió durante meses.
Como si el festival de la impunidad en el segundo piso de la cuarta transformación no fuera suficiente, se abrió ya la feria de las candidaturas: un verdadero festín de sangre en el que cualquiera denuncia a su compañero. Todos participan en el desorden, es el momento de soltar golpes y dentelladas, de liberar a las bestias al grado de que cuando se les ve el hocico sangrando no se sabe si es de las tarascadas que soltaron o las que recibieron. Resulta que hasta los nuevos, los que todavía no se gastan siquiera sus 30 monedas de la reciente traición, ya participan alegremente y dicen quién debe representar al partido, quiénes son buenos y quienes malos. Es el caso de esa bazofia política que es Javier Corral, que acusa a Cruz Pérez Cuéllar –que fue su compañero inseparable durante años en el PAN-, de no tener una “trayectoria intachable”. El chiste se cuenta solo.
Inicia ya el tercer año de mandato de la presidenta. Quizá ya es tiempo de que verdaderamente ponga orden. No es un asunto de un tuitazo, sino de decisiones políticas que deben marcar lo que suceda en el futuro inmediato. Sus porristas dicen que ya viene la verdadera Claudia. Veremos.
@juaizavala



