La reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla: ni base jurídica ni apoyo de la ONU
Mientras las imágenes de saturación de Ceuta se suceden, los ánimos se calientan y la tensión empieza a desbordarse, Marruecos sigue presionando, insistiendo en una idea: Ceuta es nuestra, nos pertenece. Y no solo Ceuta. El régimen alauí también sostiene que Melilla es suya. Estas son las claves de una reivindicación de soberanía que inquieta a las dos ciudades autónomas, complica la relación con Marruecos y crispa la política española.
¿Qué ha manifestado Marruecos?
En plena crisis, el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha reivindicado los “derechos históricos y geográficos” del país magrebí sobre las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y ha reclamado un “espacio de diálogo” para abordar su “retorno al seno de la patria”.
Aunque Ouahbi está llevado la voz cantante de la reivindicación durante esta emergencia, no es la única voz que se escucha. Esta semana, en una ceremonia religiosa presidida por el rey Mohamed VI, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, aludió a la “lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas”.
¿Es una reclamación nueva?
No. Es, desde su independencia en 1956, una reivindicación permanente de Marruecos, que también ambiciona otros territorios como las islas Chafarinas y los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas. La reclamación es esencial para el arraigado nacionalismo del país y su anhelo de un “Gran Marruecos”.
Las autoridades marroquíes han sostenido durante décadas ante su pueblo y las instancias internacionales que Ceuta y Melilla son “colonias” —concepto que perdió peso a raíz del fracaso de su tentativa en 1975 de que fueran reconocidas así por la ONU—, “presidios” y “ciudades ocupadas”, “expoliadas” o “usurpadas”.
Su soberanía es una aspiración que ha expresado también—aunque no en el contexto de esta crisis— el rey alauí.
¿Qué hace distinta la actual reivindicación?
Sobre todo la hace diferente el contexto, con Ceuta desbordada por miles de inmigrantes entrados en dos días dramáticos del final julio, en una crisis todavía lejos de resolverse. Múltiples analistas —no el Gobierno de España— creen que la avalancha fue al menos tolerada por el régimen norteafricano, que lleva años presionando con distintas estrategias sobre las dos ciudades autónomas.
A ello se suma un fortalecimiento de la posición de Marruecos, aliado de Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump, ha dado muestras de falta de compromiso con sus socios de la OTAN y utilizado la crisis ceutí para atacar al Gobierno de España, diana habitual de sus invectivas y amenazas.
¿Cuál es la posición de España?
Oposición tajante a la aspiración de Marruecos, sobre la que ni se entra a discutir. Apoyándose en títulos jurídicos considerados válidos en derecho internacional, España acredita una soberanía sobre Ceuta y Melilla con orígenes anteriores a la conformación de cualquier realidad que pueda considerarse Estado marroquí. Además, España alega que tal “soberanía” fue “confirmada reiteradamente por la entidad presoberana marroquí, mediante tratados firmados con el sultán desde el siglo XVIII”, expone Alejandro del Valle, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Cádiz y experto en el tema, en un artículo en el Real Instituto Elcano.

En la actual crisis, Exteriores ha respondido por canales diplomáticos a Marruecos que “Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas” y “de la UE”, cuya soberanía está “reconocida internacionalmente”. “Rechazamos y rechazaremos tajantemente cualquier planteamiento distinto”, ha añadido el ministerio. La titular de Defensa, Margarita Robles, ha sostenido en el Congreso que las dos ciudades son “españolísimas” e “intocables”
¿Desde cuándo son Ceuta y Melilla españolas?
Aunque hay discrepancias —teñidas de ideología— sobre cuándo nació lo que podemos llamar “España”, sí puede decirse que las raíces de su españolidad tienen siglos de antigüedad y están relacionadas con acontecimientos medievales, no con el colonialismo europeo de los siglos XIX y XX.
Ceuta fue conquistada en 1415 por Portugal, que más tarde se integró en la Corona de Felipe II en 1580. Entraba así la ciudad en la Monarquía Hispánica. En 1640, cuando los reinos ibéricos se separaron, Ceuta quedó bajo la Corona española. Melilla fue conquistada en 1497 por tropas del duque de Medina Sidonia e incorporada a la Corona de Castilla con los Reyes Católicos.
¿Han sido ciudades marroquíes?
Ninguna de las dos ciudades, cuando fueron conquistadas, pertenecían a ninguna entidad administrativa que pueda considerarse conexa con lo que hoy es Marruecos. “Cuando los portugueses tomaron Ceuta [en 1415], estaba dominada por los benimerines, que no tienen nada que ver con Marruecos”, repasa Enrique Ávila, politólogo e historiador militar. En cuanto a Melilla, tomada al Sultanato de Fez [en 1497], estaba casi en ruinas y despoblada. “Solo empezó a interesar a las cabilas aldeñas cuando llega España”, señala el también ex secretario de la UNED en Ceuta.
“Que Ceuta y Melilla están en África es un hecho. Que están o han estado en Marruecos es falso”, abunda Ávila, que subraya que incluso con una interpretación extensiva que situase el nacimiento de lo que hoy es Marruecos en 1603, con el inicio de la dinastía alauí, jamás las dos ciudades habrían estado bajo su dominio, luego no cabe hablar de “devolución” o de “retorno”.
La narrativa de Marruecos, añade, solo aspira a sustentarse si se da por buena una equivalencia entre “ser musulmán” y “ser Marruecos”, planteamiento a su juicio falsario no solo porque sugiere una existencia mitificada de Marruecos previa a cualquier hecho que pueda sostenerla, sino porque se aplica a una zona que antes de nacer el Islam había visto pasar a fenicios, cartagineses, romanos y visigodos, entre otros pueblos.
En esa “falacia” incurre a juicio de Ávila el ministro Tufiq cuando, para aquilatar sus palabras sobre las “ciudades ocupadas”, citaba esta semana a eruditos islámicos nacidos en Ceuta antes de la fecha en que la ciudad puede empezar a considerarse española, en 1580. “Eran filósofos ceutíes. No españoles, pero tampoco marroquíes. Ceuta estaba entonces dominada por los almohades, que no tienen nada que ver con Marruecos”, explica.
Alejandro del Valle detecta otra debilidad en el argumentario marroquí: cualquier defensa de la existencia de Marruecos antes del Estado nacido de su independencia en 1956 permite replicarle que en consecuencia los tratados de España con el sultán desde el siglo XVIII reconociendo la soberanía española de Ceuta y Melilla “son válidos”.
¿Son Ceuta y Melilla colonias? ¿Son comparables a Gibraltar?
Marruecos solicitó en 1975 que Ceuta y Melilla fueran incorporadas por el Comité de Descolonización de la ONU a su listado de territorios no autónomos, aquellos cuyos pueblos no han alcanzado un gobierno propio pleno. El intento no prosperó.
En dicha lista, en cambio, sí están el Sáhara Occidental, que Marruecos pretende de su soberanía, y Gibraltar, que España sigue reclamando porque considera el Peñón “una colonia”. A diferencia de lo que ocurre con España y Marruecos en relación con Ceuta y Melilla, en Gibraltar sí hay una “controversia internacional” reconocida” por España y Reino Unido y “supervisada” por la ONU, expone Alejandro del Valle en su artículo. No son pues, desde el punto de vista de la comunidad internacional, casos comparables.
Hay más elementos que debilitan cualquier intento de considerar a Ceuta y Melilla no ya “colonias”, sino “ciudades ocupadas” o cualquier otro término que implique sometimiento. Su historia discurre por un carril distinto al del colonialismo europeo en África en los siglos XIX y XX. Ni Ceuta ni Melilla pertenecieron al protectorado español en el norte de África (1912-1956), porque España entendía que ambas eran tan españolas como el resto de su territorio. La inmensa mayoría de sus habitantes quieren que Ceuta y Melilla sigan en España. Las dos ciudades no solo están reconocidas en pie de igualdad con el resto del territorio español por la Constitución de 1978, que les asigna representación en el Congreso y el Senado, sino que desde 1995 tienen estatutos de autonomía.
Su atraso se da en el terreno socioeconómico, donde los principales indicadores muestran graves déficits con respecto a la media española.
¿No las convierte su ubicación en marroquíes?
Los dos puntitos de Ceuta y Melilla iluminados en un mapa global suscitan en muchos una pregunta: ¿por qué son españolas y europeas esas dos ciudades en el norte de África? La potencia de la imagen es el punto fuerte de la posición marroquí, advierte Enrique Ávila. “Ellos dicen: ‘Mira el mapa, se ve que están en Marruecos’. Es un relato simple y por eso es potente”, añade el politólogo e historiador. No obstante, cree que es fácil de desmontar. “Cuando unos periodistas del New York Times me preguntaron por esto mismo, les dije: ‘Claro, entonces mira el mapa y verás que Alaska está en Canadá”.

A juicio del investigador, compartido por el catedrático de Derecho Internacional Público Romualdo Bermejo en un artículo sobre la cuestión de 2020, ambas ciudades ni siquiera son en rigor jurídico “enclaves”, como a menudo se las cita incluso en España. El motivo es que en derecho internacional tal categorización exige que la población esté totalmente rodeada de territorio de otro país, lo que no es el caso de Ceuta y Melilla, con salida al mar. En el citado artículo, se ofrecen como ejemplos de “enclaves”, entre otros, los de la ciudad gerundense de Llivia, rodeada de territorio francés; Büsingen, perteneciente a Alemania pero dentro de Suiza; y Campione d’Italia, que igualmente se encuentra en el país helvético.
Alejandro del Valle también ve el geográfico como el argumento que más fácilmente “prende” en la opinión pública a favor de Marruecos. Entre otros por ese motivo, el académico cree que a la hora de defender la soberanía española de Ceuta y Melilla no hay que acudir a mapas, ni tampoco centrarlo todo en libros de historia y títulos jurídicos con siglos de antigüedad, sino enfatizar la “defensa de dos espacios democráticos europeos” frente a un “régimen no democrático” donde el rey y su entorno controlan gran parte del poder. Así se desplazaría la conversación, analiza, hacia el terreno de los derechos y las libertades, donde España y la UE sobresalen en comparación con Marruecos.

