Borrell asegura que la política exterior de España “tiene un coste”
“Los valores de Europa yacen enterrados entre las ruinas de Gaza”. El exjefe de la diplomacia europea en la pasada legislatura, Josep Borrell, ha atacado hoy con suma dureza a la Comisión Europea y a su presidenta, Ursula Von der Leyen, por su continuo templar gaitas con Israel en la clausura del curso Quo Vadis Europa, en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP). Borrell se enfrentó continuamente a Von der Leyen en Bruselas, y sigue siendo un crítico feroz en esa agenda (Gaza), pero también con las posiciones de Bruselas en cambio climático, la revolución tecnológica o el vasallaje feliz de Europa frente a los Estados Unidos de Trump. El contramodelo, en muchos aspectos, es en estos momentos España. Y el también exjefe de la diplomacia española se sitúa más cerca de las posiciones españolas con respecto a Israel, Estados Unidos o la política migratoria. Pero Borrell asegura que esa voz discordante viene con un peaje. “España se ha ganado al Sur global con posiciones distintas a las mayoritarias en Europa, pero eso tiene un coste. Marginaliza a España en la Unión”.
En ese ejercicio de realismo, la paradoja es que Borrell se alinea en gran medida con las posturas del Gobierno, con una Estrategia de Acción Exterior 2025-2028 cuyo leitmotiv es generar una “identidad propia”, algo que la política exterior española no tenía probablemente desde los tiempos de Felipe González. En la política de defensa el Ejecutivo se enfrentó a las exigencias de Estados Unidos de gastar el 5% del PIB. En Oriente Próximo, Pedro Sánchez ha tildado de “genocidio” los ataques a Gaza. Y en política migratoria la regularización y la mayor apertura (que explican parte del crecimiento económico español, que triplica la media europea) provocaron después de la crisis de Ceuta las duras críticas de 22 países liderados por la italiana Giorgia Meloni y la danesa Mette Frederiksen. “Las opiniones públicas europeas están como hipnotizadas con la migración y las imágenes de Ceuta; esa carta demuestra que la política migratoria es un poderoso disolvente de la unidad europea. La solidaridad ha brillado por su ausencia. Es verdad que los datos demuestran que la migración irregular se reduce: los hechos y los datos contradicen el pánico y las soflamas de los ultras. Pero es difícil hacer políticas en contra de la percepción de la realidad, y la percepción de la realidad es la que es” a día de hoy en toda Europa, ha contado Borrell.
A su juicio, “Europa se enfrenta a tres presiones”. Está la ruptura del contrato de seguridad con Estados Unidos, que ya no es el aliado histórico que era. Está la formidable presión comercial de China. Y está la presión militar de Rusia y en Oriente Próximo. A esas tres presiones se suman “la revolución tecnológica y la agenda verde”, en las que la UE ha desandado parte del camino que había recorrido: Bruselas ha desmontado parte de los avances de la pasada legislatura “con las propuestas de Von der Leyen votadas en la Eurocámara por la derecha y la ultraderecha”. “La guinda es la migración, que está provocando una fractura interna, en las propias familias políticas de Europa”, concluye Borrell.
Ante el actual revolcón del orden liberal internacional, que a día de hoy se parece más a un desorden iliberal y poco multilateral, caben dos posiciones. “Europa ha renunciado a sus valores y Von der Leyen ha llegado a decir que seguir siendo garante del viejo orden internacional no tiene sentido”, critica Borrell. El otro extremo es la posición española, muy vocal contra las acciones de Israel en Gaza, y contra las de Estados Unidos en Venezuela, Oriente Próximo, y con una política migratoria más abierta que la que ha impuesto el consenso europeo: frente a la Fortaleza Europa España encarna los viejos valores europeos, de alguna manera. “Hay que saber que eso tiene un coste”, advierte el ex alto representante de Von der Leyen y exministro de Exteriores de Sánchez.

