El chavismo frena una propuesta para dolarizar la economía venezolana
El diputado Antonio Ecarri, del partido Alianza del Lápiz, fue destituido hace una semana de la presidencia del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Estados Unidos —cargo que ocupaba desde hacía solo dos meses—, en una medida anunciada por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. El motivo: el anuncio de Ecarri de iniciar conversaciones con el economista estadounidense Steve Hanke para evaluar un plan que dolarice la economía y suprima el bolívar. Muchos dieron por cierta la versión de la dolarización formal antes de que Rodríguez la desmintiera al calificarla de “falsa, absurda y descabellada”, al tiempo que anunció una investigación contra Ecarri por atentar contra la credibilidad del Poder Legislativo.
Hanke —académico de la Universidad Johns Hopkins y conocido por asesorar a países como Montenegro, Ecuador y Zimbabue en iniciativas similares— ya redactó un proyecto de ley para el Parlamento que, según el propio economista, respeta el fuero del Banco Central de Venezuela (BCV) y los lineamientos constitucionales. La iniciativa de Ecarri cobró fuerza rápidamente en redes sociales y fue recibida con simpatía por un sector importante de la opinión pública local.
En un país sumido en una crisis cambiaria crónica y con la inflación más alta del mundo —que supera el 500% anual, según firmas privadas—, la promesa del dólar ofrece una ilusión de estabilidad difícil de ignorar. La desastrosa gestión económica del chavismo y las sanciones internacionales han mantenido a Venezuela en una tormenta financiera prolongada. El saldo incluye tres reconversiones monetarias fallidas (2008, 2018 y 2021), una hiperinflación histórica durante la década pasada y una depreciación del bolívar que roza el 100% en los últimos cinco años.
Desde 2018, impulsado en gran medida por Delcy y Jorge Rodríguez, el Gobierno de Nicolás Maduro promovió una dolarización de facto que aplacó de forma momentánea la espiral inflacionaria y devolvió cierta previsibilidad a la vida cotidiana. Hoy, la mayoría de los bienes se marcan en dólares con su equivalencia en bolívares a la tasa oficial. Coexisten un precario circulante de divisas en efectivo y transacciones digitales frecuentes desde la banca estadounidense.
El bolívar sigue siendo, sin embargo, la moneda oficial y el uso del dólar permanece sujeto a los criterios del BCV. Desde 2024, en el marco de este esquema dual, el Ejecutivo intentó replegar la influencia del dólar para fortalecer la moneda nacional, pero los resultados macroeconómicos han sido desfavorables: un crecimiento insuficiente y un nuevo repunte inflacionario.
Al tildar de “aberración” la sanción en su contra, Ecarri defendió su postura: “Como abogado y diputado puedo tener el asesor que me dé la gana, mucho más si se trata del profesor Steve Hanke, una autoridad en la materia y mi consejero personal desde hace tiempo”. El parlamentario sostiene que lleva años estudiando la dolarización para erradicar los problemas estructurales del país y asegura que la medida cuenta con respaldo popular: “Estamos en un momento clave para dar este debate. Venezuela ya está dolarizada de hecho. El propio Gobierno acaba de aprobar una ley que permite el cobro de arrendamientos en moneda extranjera”.
“Venezuela no tiene moneda”, enfatiza Ecarri. “Creamos un Foro Económico Nacional para debatir la propuesta y presentar el proyecto de ley. Debemos concretar una alianza financiera y energética con Estados Unidos. El dólar acelerará las inversiones en gas, electricidad, tierras raras, petróleo e infraestructura, además de frenar la inflación y la fuga de capitales”, explica.
Oposición de economistas
Pese al entusiasmo de sus promotores, la dolarización formal cuenta con la oposición de la mayoría de los economistas. “Entiendo que sea una opción popular porque la gente desespera por una referencia estable”, señala José Guerra, economista de la Universidad Central de Venezuela. “La ventaja es que frena la inflación rápido y permite el crédito a largo plazo. Pero para un país petrolero es una camisa de fuerza: al no tener un banco central que emita moneda, un shock externo provocará deflación, imposibilidad de pagar salarios o de financiar el gasto público, como ocurre en Ecuador. Además, genera una alta dependencia de Estados Unidos y es un camino sin retorno”, agrega.
En la misma línea se expresa Rodrigo Cabezas, profesor de la Universidad del Zulia, exministro de Finanzas de Hugo Chávez e impulsor de la reconversión de 2008: “Me opongo por completo a perder la moneda nacional. No es razonable que una nación renuncie a dos herramientas esenciales de política económica como la monetaria y la cambiaria. Se pierde el control sobre las tasas de interés y el crédito para la inversión, además de la competitividad externa que permite industrializar el país”.
Por su parte, Omar Zambrano, economista jefe de la firma Thinkanova y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, coincide: “El país llega a este debate por cansancio. El problema es que, aunque se dolarice, la inflación no convergerá de inmediato a los niveles de Estados Unidos. En ese periodo de transición, los costos internos suben por encima de los internacionales y producir se vuelve muy caro. La dolarización asfixia cualquier actividad distinta al sector extractivo que genera divisas y le pone un techo al crecimiento”.
Hanke, en tanto, detalla la mecánica de su plan: “La transición comenzaría con el establecimiento de un tipo de cambio fijo. A partir de allí, las cuentas en bolívares se convertirán a dólares. El Banco Central mantendría sus funciones administrativas, pero no tendría permitido ejecutar políticas monetarias discrecionales”.
Entre 1940 y mediados de la década de 1980, el bolívar se cotizó entre tres y cuatro unidades por dólar, lo que lo convirtió en una de las monedas más sólidas de América Latina y en un polo de atracción para la migración europea y regional. Esa reputación de moneda fuerte perduró durante tres generaciones y hoy sobrevive en la memoria de los venezolanos mayores de 60 años.



