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El rancho en California del nuevo jefe del CJNG, que el Gobierno de Trump busca decomisar

Solo usó el apellido de su madre, González, al adquirir en California un rancho que le ofrecieron por 250.000 dólares. Era una inversión que Juan Carlos Valencia González hizo en 2011, cuando tenía 26 años, sin anticipar que el valor de la propiedad casi se triplicaría por el acelerado crecimiento del mercado inmobiliario del Estado. Tampoco imaginó que terminaría al frente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que en ese tiempo acababa de crear su padrastro, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho. Aquella fue la apuesta del Pelón o el R3, 15 años antes de convertirse en uno de los narcos más buscados del mundo.

La propiedad que Valencia González dejó atrás para entrar de lleno en el crimen se encuentra en Hemet, 140 kilómetros al este de Los Ángeles. Está enclavada en una comunidad de ranchos, entre lotes donde pastan caballos, terrenos baldíos, tierras de cultivo y residencias elegantes. Al fondo, cerros pedregosos y empinados enmarcan este paisaje campirano, alejado del bullicio de la segunda metrópoli más grande de Estados Unidos. Allí el aire es limpio, aunque algunos ventarrones arrastran el olor del estiércol. Este fue el refugio del Pelón cada vez que quería apartarse de las calles de Santa Ana, la ciudad donde nació en 1984 y donde todavía viven varios de sus familiares.

“Mantén la puerta cerrada. No importa lo que te digan los caballos”, “Cuidado con los perros” y “Cámaras de seguridad y grabadora de audio en uso”, advierten los letreros colgados del cerco metálico que rodea este rancho. Dentro hay dos gallos, dos perros, un chivo y un borrego. Una pequeña casa casi en ruinas, una galera de madera, una vieja camioneta cubierta de polvo y una bandera estadounidense que ondea en el centro son otros vestigios de que alguien ocupa este lugar.

Desde hace varios años, el rancho de Valencia González ha estado en la mira del Gobierno estadounidense. Actualmente, la propiedad es administrada por un tío materno del capo, José María González Valencia, quien vive en el condado de Orange, según aseguró a El PAÍS una fuente de la Administración para el Control de Drogas (DEA) que pidió el anonimato porque no está autorizada para hablar con la prensa sobre este asunto.

A finales de julio, el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) inició ante un tribunal federal del Distrito de Columbia un proceso para decomisar la propiedad, al alegar que está vinculada con el recién ungido líder del Cartel Jalisco. El procedimiento, que ya está en manos de un juez en Washington D.C., es encabezado por la Sección de Lavado de Dinero, Narcóticos y Decomisos, una unidad de la División Criminal del DOJ.

El ascenso del hijastro del Mencho

Alias el Pelón o el R3, es hijo de Rosalinda González Valencia y Armando Valencia Cornelio, quien pasó de ser productor de aguacates a convertirse en uno de los fundadores del Cartel del Milenio, antecesor del CJNG. La relación entre ambos fue breve. Poco después, Rosalinda se convirtió en pareja del Mencho, con quien tuvo tres hijos: Jessica Johanna, Rubén y Laisha Michelle Oseguera González, todos nacidos en San Francisco, California. Varios de los hermanos de Rosalinda también están involucrados en el narco. Conocidos como Los Cuinis, han sido identificados por las autoridades como el brazo financiero del Cartel Jalisco.

Ese entramado familiar mafioso llevó al Pelón hasta la cúpula del CJNG, donde estuvo al frente del Grupo Elite, un comando de sicarios cuya principal función era proteger al jefe del cartel. Fue así que el hijastro del Mencho “organizó numerosos actos violentos. además de fabricar, transportar y distribuir toneladas de narcóticos”, según un comunicado del Departamento de Justicia, que en 2020 le fincó cargos de importación de drogas y uso de armas de fuego.

Su coronación como nuevo rey del Cartel Jalisco ocurrió en febrero pasado, tras la muerte del Mencho durante un operativo militar en Jalisco. Fue el desenlace de la persecución de un fugitivo escurridizo que, desde la clandestinidad, controlaba la producción y distribución de múltiples drogas hacia decenas de países, mientras su imperio criminal se expandía por 21 de los 32 Estados de México. “La caída del Mencho no acabó con el CJNG”, señaló el director de la DEA, Terrance Cole, durante una reciente conferencia de prensa en Washington D.C., en la que confirmó el ascenso de Valencia González. “En nuestro mundo, el Pelón es la principal prioridad de la DEA”, advirtió el funcionario.

Ahora, sobre la cabeza de este narcotraficante pesa una recompensa de 25 millones de dólares, una de las más altas jamás ofrecidas por un capo mexicano. La de Rafael Caro Quintero, el histórico enemigo de la DEA señalado por el asesinato de uno de sus agentes en 1985, llegó a 20 millones de dólares.

“Son gente de rancho”

En la tranquila ciudad de Hemet, pocos saben que el dueño de uno de sus ranchos es un varón de la droga. Lo compró en 2011 y lo registró a nombre de Juan Carlos González. Tiene una extensión de 19.468 metros cuadrados, que equivale a casi tres canchas de fútbol. El vendedor fue una entidad identificada como Hemet Auto Center Leasing Inc. Aunque el inmueble está destinado para uso “residencial”, durante los últimos 15 años no se ha solicitado ningún permiso de construcción, de acuerdo con documentos del Registro Público de la Propiedad del condado de Riverside revisados por EL PAÍS.

La compraventa se cerró por un precio bastante razonable para la época: 250.000 dólares, cubiertos en su mayoría mediante un préstamo. Desde entonces, su valor se ha disparado. El mayor salto ocurrió apenas meses después de que lo adquirió: entre 2012 y 2013, su precio subió un 51%. El inmueble ha tenido incrementos de entre 5% y 12% año con año. La oficina de catastro del condado estima que el rancho podría venderse hoy por hasta 695.000 dólares, casi el triple de su precio original. También ha aumentado la factura fiscal. En 2025 pagaron 3.747 dólares de impuesto predial, un 7% más que el año anterior, según los registros públicos.

Las sanciones que el Departamento del Tesoro impuso a finales de julio al nuevo jefe del CJNG pusieron bajo el radar a su rancho de Hemet. La designación de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) implica el congelamiento de los bienes y cuentas bancarias que el capo tenga en Estados Unidos y prohíbe a ciudadanos y empresas estadounidenses realizar transacciones o negocios con él.

Hace unos días, el criador de caballos que alquila la propiedad, quien pidió omitir su nombre, recibió una llamada de José María González Valencia, tío del Pelón. El mensaje lo dejó preocupado: “Te tienes que salir”, le dijo, sin darle explicaciones. “No hice más preguntas porque no conviene”, cuenta quien ha ocupado el lugar durante los últimos tres años. Mes a mes, el familiar del capo acude a cobrarle los 1.500 dólares de renta. El pago siempre ha sido en efectivo.

Este hombre, originario de México, ya trasladó sus caballos a una granja cercana. Ahora teme que el Gobierno tome posesión del terreno antes de que pueda sacar sus pertenencias. “Todo lo que está aquí es mío”, dice mientras señala un montón de fierros viejos, una caminadora para equinos, una silla de montar, la casita desvencijada, su pick-up cubierta de polvo y los demás animales que aún permanecen en el sitio. Cuando uno de sus gallos canta, lo mira y sonríe. Es una afición que, curiosamente, compartía con el fallecido Mencho.

Este criador de caballos asegura saber poco sobre quién administra la propiedad y nada sobre su verdadero dueño. “No es mi negocio, lo mío es pagarle la renta”, insiste. Da por hecho que la orden de sacar sus animales y cosas obedece a que no habrá una disputa legal con el Gobierno porque optarán por cederlo. A González Valencia, cuenta, lo conoció a través de amistades en común, cuando coincidieron hace algún tiempo en una finca de la zona. Tiene entendido que vive en Santa Ana y lo describe como una “buena persona, a todo dar”. De lo único que está seguro, dice, es de que él y su familia “son gente de rancho”.


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