La UNAM pone a prueba nuevamente a sus aspirantes: “No vayan a decir que hice trampas”
Lápiz, cartera, hoja de registro “y la bendición de mi mamá”. Es todo lo que ha llevado este lunes Javier García, de 19 años, al examen presencial de la UNAM. “Me recomendaron dejar el celular, el reloj y no me voy a parar ni al baño. No vayan a decir que hice trampas”, dice. Él y otros 43.000 aspirantes presentan durante los próximos tres días, y por segunda ocasión en tres meses, la prueba de acceso a la universidad pública más codiciada del país, el inédito examen de control que la institución ha tenido que aplicar tras el fracaso de la prueba en línea y a distancia en la que una buena parte de los aplicantes hizo fraude.
La explanada del Palacio de los Deportes, un recinto de conciertos al oriente de la capital, se disfrazó de una gran aula. En largas mesas, pegados unos con otros, los jóvenes se instalan frente a la computadora o tableta electrónica en la que deben resolver 120 preguntas en un máximo de tres horas. La vigilancia es absoluta: el aparato no tiene conexión a internet ni acceso a ningún otro programa y los supervisores recorren los pasillos de butacas costudiando a los participantes. Cinco minutos antes de iniciar, los directivos presentes han pedido entonar un Goya, la emblemática porra de la universidad.
Mientras, un ejército de papás, mamás, primos, hermanos y novios custodia las afueras del Palacio de los Deportes. “Tu esfuerzo siempre valdrá la pena. Estamos orgullosos de ti”, escribió en una pancarta la familia de Elizabeth. Hay ramos de flores, letreros y palabras de aliento que se mezclan con los gritos de la venta de tamales, lápices y sacapuntas. Las tres horas que definirán el futuro de los muchachos del primer turno del día empiezan a correr a las 9.00 de la mañana, pero los Gamboa se adelantaron “un poquito” y llegaron a las 6.30 desde el Estado de México. “Han sido semanas de mucha angustia y ansiedad para Brisa, queríamos acompañarla”, explica Carla. Su hermana de 21 años fue seleccionada en Psicología. Una alegría para toda la familia. “Ahora tiene que demostrar que se ganó ese lugar honradamente”, lamenta.
El otro lado de la moneda es de quienes ven en este examen una segunda oportunidad. Melanie Echeverría (Toluca, 19 años) obtuvo en la prueba de mayo 114 de los 115 aciertos que pide la carrera de médico cirujano. “Me deprimí, sentí que le fallé a mi familia. Después cuando vi que podía volver a hacer el examen fue como un rayito de sol”, comparte. Echeverría forma parte de los convocados a repetir el examen porque obtuvieron el puntaje necesario para sus carreras antes de que el fraude masivo disparara los aciertos hacia la excelencia.
El fiasco de la prueba en línea, que tuvo todo tipo de artimañas, desde acordeones hasta suplantación de identidad, le costó el puesto a la secretaria general Patricia Dávila, que renunció cuando se destapó el escándalo. En su lugar quedó Javier de la Fuente, quien se ha dirigido este lunes a los 43.000 aplicantes de todos los rincones del país que se deben presentar en Ciudad de México: “La universidad ha respondido rápido, pero hay que pedir una disculpa. Muchísimos jóvenes que hicieron el examen de forma normal están afectados con el estrés y la incertidumbre del nuevo examen”. De la Fuente asegura que la evaluación “era un principio muy noble” para evitar desplazamientos a la capital.



Hay quien reconoce esa iniciativa. Héctor Escalante, que quiere estudiar Química en Ciudad Universitaria, sale confiado tras dos horas y 15 minutos en el examen. Asegura que el primer intento “tuvo muchos errores”. “Desconozco si había alguien monitoreando aparte de la inteligencia artificial”, explica. El estudiante de 23 años compara el experimento de la UNAM con el de la Universidad Autónoma Metropolitana, que también hace la prueba a distancia. “Tiene mayor seguridad, hay una persona en videollamada que te está vigilando. En la UNAM estuvo bien intentarlo, pero la demanda es mucha y se necesita muchísima más seguridad”, comparte. “En el presencial es imposible hacer trampa. Ahí sí el que estudió, estudió”, dice.
El examen de control, la solución que encontró el comité de 16 expertos para afrontar la crisis que tuvo en vilo a 158.000 personas, empezó la semana pasada en León (Guanajuato), Oaxaca y Tijuana (Baja California). El promedio de inasistencia fue de 30% y alcanzó hasta el 50% en algunas sedes. “Es multifactorial”, asegura De la Fuente. “Es muy frecuente que los aspirantes apliquen en varios lugares. Si se quedan en las universidades de su Estado, ya no se presentan”, explica.
Los primeros en terminar el examen este lunes recibieron aplausos de las familias que esperaban fuera del Palacio. “Sí se puede, sí se puede”, animaron los padres. Pamela González, de 18 años, se dice “sacada de onda” a la salida: “No entiendo nada. Primero fue aceptar que no me quedé, y ahora otro examen”. Los resultados se publicarán el último fin de semana del mes, apenas unos días antes del inicio del curso, que se ha atrasado en este proceso. González asegura que “lo peor es lo que viene”. Esperar.



