La inflación en Estados Unidos se modera levemente hasta el 3,4% en julio, pero no despeja el camino de la Fed
La cesta de la compra sigue encareciéndose en Estados Unidos a mayor ritmo de lo deseado por las autoridades. El índice de precios al consumidor (IPC) creció el mes pasado hasta el 3,4% en comparación interanual, lo que supone tan solo una décima menos que el mes anterior, según los datos publicados este miércoles por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, en sus siglas en inglés), encargada de recopilar esta información.
La inflación subyacente, que elimina los elementos más volátiles como la energía y los alimentos, aumentó un 2,5% con respecto al año anterior, una décima menos que en junio. La energía acumula una subida del 14,7% en los últimos 12 meses, espoleada por la crisis energética desatada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Aun así, las treguas intermitentes de las últimas semanas han aliviado la tensión sobre los carburantes. Y eso se traduce en una ligera moderación de los precios energéticos del 1,5% durante el último mes.
Los alimentos se han encarecido un 3% en el último año, tras una subida del 0,1% en julio, la séptima consecutiva en lo que va de año. Pero empiezan a mostrar señales de desaceleración. “Tres de los seis principales índices de grupos de alimentos de supermercados disminuyeron en julio. Además, las carnes, aves, pescado y huevos se abarataron un 0,7% durante el mes, mientras que la carne de cerdo bajó un 1,5%”, señala la oficina estadística.
Como curiosidad, la lechuga se ha abaratado un 16,4% durante el pasado mes debido al brote de ciclospora, una bacteria que provoca diarrea explosiva, que ha infectado a miles de estadounidenses en 15 estados.
La evolución de los precios registrada en julio alivia levemente las presiones inflacionistas, pero no despeja el camino para los funcionarios de la Reserva Federal que, por un lado, son incapaces de aproximar los precios al objetivo del 2%; y por otro, ven cómo el mercado laboral comienza a ofrecer síntomas de desaceleración, con la destrucción de 23.000 puestos de trabajo durante el pasado julio. La Fed ha preferido esperar hasta septiembre antes de tomar una decisión sobre los tipos de interés.
El gobernador de la Fed, Kevin Warsh, podrá analizar a conciencia los datos de empleo e inflación de julio en la reunión de gobernadores de bancos centrales en Jackson Hole a finales de agosto, una cita que se antoja determinante para conocer el rumbo de la política monetaria de la Reserva Federal.
“El dato del IPC publicado hoy, junto con la caída de las nóminas en julio, debería reducir las expectativas de una subida de tipos en septiembre, pero no la descarta por completo”, señala, Seema Shah, estratega global principal de Principal Asset Management, en declaraciones recogidas por Bloomberg. “A menos que el dato de inflación de agosto también muestre una presión inflacionaria moderada, una subida en septiembre representa un riesgo evidente. Con el estrecho de Ormuz aún cerrado, los riesgos de una inflación al alza seguirán siendo una preocupación primordial en el futuro previsible”. Sin embargo, Shah explica que no prevé “cambios en los tipos este año”. Y concluye: “No podemos descartar el elevado riesgo de una subida a finales de año si persisten las interrupciones en el suministro energético, mientras que la amenaza de un aumento de la inflación provocado por la IA tampoco puede ignorarse”.
En términos mensuales, los precios subieron un 0,1% en julio tras una caída del 0,4% el mes precedente. La oficina estadística, dependiente del Departamento de Trabajo, explica que el auge de los precios se explica por el tirón de la vivienda, que se encareció un 0,1% el mes pasado, “lo que representa aproximadamente dos tercios del aumento mensual de todos los artículos”.
Los alimentos también se encarecieron un 0,1% en el mes y la comida fuera del hogar subió un 0,3%, lo que evidencia que la tensión sobre los precios provocada por la crisis energética se está contagiando a otros productos de la cesta de la compra.



