Vicente Fox: “A la gente hay que darle preparación, no dinero para que esté de huevón”
Hace 26 años, Vicente Fox Quesada (Guanajuato, México, 84 años) derrotó al PRI y se convirtió en el primer presidente de alternancia en México, al frente de la candidatura del derechista Partido Acción Nacional (PAN). Hoy, recuerda con nostalgia los años dorados de la transición, de la que fue protagonista y beneficiario, y describe con enojo la erosión institucional de la que culpa a Andrés Manuel López Obrador y a Claudia Sheinbaum. Fox acaba de regresar de Perú, donde atestiguó la toma de posesión de Keiko Fujimori, y se le ve entusiasmado con el arribo de gobiernos de derecha a la región; un viraje para el que tiene una explicación simple: “Cuando ya después de dos o tres gobiernos populistas no hay resultados, la gente dice: Ya basta”.
En la hacienda que habita en un rancho en Guanajuato, Fox pasa los días planeando cómo evitar que Morena confirme su mayoría legislativa en las elecciones de 2027, pues cree que es la única manera de frenar un proyecto que considera peligroso y desgastado. Junto con el empresario Ricardo Salinas Pliego y algunos de los personajes que integraron su gabinete, impulsa una iniciativa a la que llama Alma de México, para detectar y preparar liderazgos políticos locales. Su idea es formarlos y proponérselos a los partidos “de oposición democrática” (PAN, PRI y Somos), para propiciar una nueva configuración de la Cámara de Diputados en las legislativas del próximo año.
Pregunta. ¿Cómo ve el estado de la democracia en general en este momento?
Respuesta. Vamos 200 años atrás, a aquella idea genial de los padres fundadores en Estados Unidos que desarrollaron todo este concepto de democracia como un modelo que ayudara a desarrollar individuos y personas, comunidades, ciudades y naciones, que diera garantía a la justicia, al crecimiento económico y generación de empleos, a una competencia electoral justa y pareja para todos. Un verdadero sueño, un verdadero ideal. Luego venimos los demás y de alguna manera le dimos en la madre a toda aquella idea tan bien integrada y tan genial. Hoy en día hay una treintena de países verdaderamente democráticos. Y todos los demás, o somos democráticos a medias o somos democráticos con poco sentido de participación, y muchos más son democracias simuladas. Se ha usado la democracia como un escalón para llegar al poder, se inventan mil promesas, los candidatos se ponen listos y buscan cómo saltar al poder; llegan y que dios nos agarre confesados. Eso está pasando en medio mundo. Y luego está la otra desviación de la democracia, que es el populismo.
P. ¿Qué es el populismo?
R. Es todo y es nada. Es un brinco para llegar al poder y llegando al poder ya hacen lo que se les antoja. Desvirtúan todos los principios y valores de la democracia, de la libertad, de la economía de mercado, le dan en la torre a la economía de mercado, las instituciones las destruyen y por tanto nada tiene que ver con democracia. En el mundo hoy, donde están las democracias hay éxito económico, hay generación de empleos, hay progreso y prosperidad a grados muy elevados. Pero es un puñado de naciones que realmente son democráticas.
P. ¿Entre las cuales usted no cuenta a México?
R. Claro que no, ¿me vienes a vacilar, o qué?
P. La democracia está en crisis, se afirma desde hace años…
R. En México ya no hay crisis, ya se la chuparon estos populistas. ¿Cómo puedes entrar a gobernar un país y destruir un aeropuerto con una inversión ya realizada de 13.000 millones de dólares? Eso no pasó por el Congreso, ni por el pueblo de México, ni por el sector económico y empresarial. Fue aprobado en la mente turbulenta de López Obrador. Entró así para agarrar el control y decir: “Ojo, mexicanos, aquí mando yo, y el que proteste me lo chingo”. Y Claudia Sheinbaum, mucho más elegantita, con una sonrisa en la boca, pero ya destruyó el Poder Judicial, ya destruyó el poder electoral, ya destruyó todos los balances y contrapesos.
P. ¿A qué atribuye el viraje de América Latina a la derecha?
R. La corriente populista llegó desde el foro de São Paulo, allí arranca, y rápido fue ganando gobiernos en varios países: Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, y esa ideología del populismo [de izquierda] conquistó, ¿cómo?, muy sencillo: “Yo te doy lo que quieras, pero te sometes a mi voluntad. No protestes, yo te doy programas sociales, yo te maiceo, te doy lo que quieras, pero tú me obedeces a mí”. Ve este engaño monumental de López Obrador de “el pueblo, el pueblo, el pueblo”. ¿Cuál pueblo? Nomás ellos deciden y roban. Yo decía: “esto no puede llegar a México porque estamos al otro lado de Estados Unidos, porque hemos traído una trayectoria democrática, porque somos un país más estructurado”, y ¡bolas!, que llega López Obrador y nos sorprende a todos.

P. ¿Por qué cree que ganó López Obrador?
R. Lo que hicimos mal fue olvidarnos en la realidad de los pobres, de los que menos tienen, de los que no tienen oportunidad. No hicimos suficiente, ni los empresarios, ni los gobiernos, para que la gente que fuera ciudadana estuviera con su gobierno. O sea, buena parte de la culpa la llevamos nosotros.
P. ¿Qué le dice que Argentina, Chile, Colombia, Perú estén volteando a la derecha?
R. Es decepción, falta de entrega de los gobiernos populistas. Puro “bla, bla, bla”, “voy a hacer, te voy a dar, te estoy entregando, te hago transferencias directas, te hago programas sociales, pero tú tranquilo, me respetas y yo soy el gobierno”. Pero la decepción ha sido grande. Cuando ya después de dos o tres gobiernos populistas no hay resultados, la gente dice “ya basta”.
P. Han pasado 26 años desde que usted sacó al PRI de Los Pinos, luego de una larga lucha de varias generaciones. ¿Dónde ve usted los errores de los gobiernos de la transición?
R. Lo veo bajo una óptica de mercadotecnia. Para llegar al poder a veces ofreces demasiado, prometes demasiado. Y luego se empieza a erosionar esa alegría y ese compromiso de la gente con ese líder, porque los resultados no aparecen tan rápido. Pero si no prometes, llega otro y promete más. Te digo una cosa: yo siento que es terriblemente desviado el tema de los programas sociales. Han llegado a tal nivel que ya son una burla y ve a Claudia Sheinbaum en las encuestas: a la pregunta de qué hace bien Claudia, la respuesta es los programas sociales, en un 90%; la gente dice: “Claudia es buena porque me da dinero”, ¡chíngale!, porque ese dinero se va a acabar y no es la manera de crear ciudadanos íntegros, éticos, ciudadanos exitosos que vean por su nación y que vean por sí mismos. Los programas sociales destruyen la iniciativa personal, el emprendimiento y le quitan a la gente ese deseo de luchar por ser alguien y alcanzar metas grandes. Te llevan a la comodidad, a la tranquilidad de vivir mediocremente, destruyen toda la iniciativa del ser humano.
P. ¿Usted, en su gobierno, qué pudo haber hecho mejor?
R. Me muerdo la lengua, porque es a favor del pinche Lopitos [López Obrador], que destruyó el país, pero tuvo una buena medida; alguien lo iluminó un día y le dijo: “Sube el salario mínimo”. Yo tuve esa oportunidad, discutí ese tema con los empresarios, me reunía con ellos cada mes y, cuando mencionaba el tema del salario, de subirlo más aprisa, la respuesta era rotundamente en contra y yo me tragué el anzuelo. Esa es una de las cosas que yo pude haber hecho mejor. Lo otro: revolucionar a toda velocidad el sistema educativo. Porque es la manera de darle a la gente, no dinero, sino preparación, competitividad, hambre por emprender actividades económicas, artísticas, de lo que sea. No darle dinero para que esté de huevón. Y claro, esto va a salir y Morena va a decir: “Ahí está el pinche Fox, les va a quitar el programa social”, y me van a dar un buen garrotazo, pero hay que decir la verdad.
P. ¿Qué es la iniciativa Alma de México que está impulsando?
R. Vicente Fox cabalga de nuevo…
P. Suena a quiere hacer algo antes de jubilarse políticamente.
R. Tengo 84 años. No, hombre, mira, ¿de qué se trata? Es que la historia se repite: 71 años de aguantar hasta que reventó la pelota y se logró en el año 2000: el PRI para fuera. Pero en 8 años estos cuates han hecho más daño al país que el PRI en 70. Entonces, ¿qué digo yo?, que la única manera de sacarlos es democráticamente, con el voto, y por eso hay que generar ciudadanía, por eso hay que convencer a la gente de votar y por eso hay que dar el primer paso, el que sí está al alcance, que en el 2027 nadie tenga mayoría. Ni siquiera que vayamos a ganar la oposición o el PAN o el PRI, no. Que nadie tenga mayoría y que todos allá adentro a la hora del presupuesto tengamos que razonar, pelear, meter ideas, hacer propuestas y que no agarren el presupuesto completo los de Morena. Es tan sencillo que yo espero que la gente lo entienda. Y para eso es esto, para detectar y formar cuadros, ponerlos para que los partidos puedan postularlos.
P. ¿Usted duerme tranquilo?
R. Mi vida es rutinaria, me levanto 6 de la mañana, me acuesto 8 de la noche y duermo como angelito.


