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Quién se emociona con un eclipse


COLUMNA

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Hay cosas que es mejor no pensar ni ver todos los días; otras son momentos de magia

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ESO/Landessternwarte Heidelberg-Königstuhl/F. W. Dyson, A. S. Eddington, & C. Davidson
Raquel Peláez

Me pregunto desde dónde verá el eclipse total Andreas Karaolis, un fotógrafo que se pasa la vida viajando a lugares del mundo donde la noche es tan negra como la zona hadal, residencia habitual del pez diablo. Su especialidad es retratar cuerpos celestes. Gracias a su loable actividad en redes, he sabido que hay cámaras comerciales con las que cualquier ciudadano con pericia y presupuesto para plantarse en ubicaciones sin contaminación lumínica puede captar el esplendor multicapa y exuberante de la Vía Láctea.

Ahí están siempre esas nebulosas multicolores llenas de mundos ignotos que él resalta con programas de retoque especializados. El ojo humano no alcanza a captar ese espectáculo cotidiano solo mirando hacia arriba. Qué alivio. Hay cosas que es mejor no pensar ni ver todos los días. Por ejemplo, cuán monstruosos son los bichos que nos contemplan desde el lecho de los océanos, de los que sabemos menos aún que del cosmos. O eso que dijo la astronauta de la Artemis, Christina Koch: “La Tierra desde la Luna se ve como una pequeña canica suspendida en la inmensa oscuridad del espacio profundo”. Uno de sus compañeros no fue más tranquilizador cuando dijo que nuestro planeta es una nave espacial.

Ir a toda castaña girando por el éter dentro de una bellísima peonza da vértigo, pero pensar que estamos encerrados con algunos influencers y ciertos líderes en un planeta en cuyos azules cada vez más calientes nos cocemos como ranas impotentes, es aterrador. Esta semana, Musk, como un Méliès posmoderno, le metió un cohete en el ojo a Selene, pero de momento los únicos sitios donde podemos respirar oxígeno y plantar tomates son la Tierra y su tierra. El único lugar donde el agua potable cae del cielo gracias a un ciclo milagroso que damos por sentado es el que habitamos. El único emplazamiento donde se puede pescar truchas es el tercer planeta del sistema solar. Muchas de ellas boquean moribundas en los lechos de los ríos de toda Europa, que este verano son autopistas de tierra. Pienso ahora en una frase que leí en ese ensayo prodigioso de Robert Macfarlane titulado ¿Están vivos los ríos? Tras una trepidante travesía fluvial en kayak, se recuesta en una roca al sol en la que su cuerpo encaja a la perfección. Por abajo le calienta la espalda el duro mineral; por arriba, le dan en el pecho los rayos de luz: “Es como si me hubiera vestido con una piedra de gneis casi tan antigua como la Tierra y con fotones que el sol ha disparado hace apenas ocho minutos”. Para él, en ese instante, el tiempo es una banda de Moebius, y no hay separación entre el espacio y la tierra. El eclipse es un momento de una magia similar, y lo veré desde un castillo templario que la NASA ha nombrado observatorio oficial. Soy tan afortunada que está junto a mi casa.



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