Los migrantes registrados por entidades sociales y organismos públicos en Ceuta superan con creces las cifras de Interior
“Ya está, no quedan más. Otra vez”, certifica una trabajadora de Cruz Roja en la playa del Trampolín de Ceuta. Entrega la última bolsa de plástico blanco con comida y agua, y agita los brazos en dirección al resto de migrantes que se apelotonaban en una cola caótica para recibir su ración y que hoy no comerán. “Lo siento, no hay más”, se excusa, alzando los brazos en señal de ausencia. Este jueves, la organización ha entregado más de 2.500 raciones, 500 más que los días anteriores, y siguen sin ser suficientes. En este trozo de costa, tanto la Policía que la custodia como los trabajadores humanitarios afirman que hay más de 2.000 personas, la mayoría subsaharianos. Una cifra que discute las dadas por el Ministerio del Interior, que el pasado martes aseguró que de las 72.000 personas que entraron en Ceuta, ya habían vuelto 70.000 a Marruecos, por lo que quedarían unas 2.000 en la ciudad. Una cifra que fuentes de Interior confirman que mantienen, porque no disponen de otros “datos fiables” que les permitan cambiarla, aunque subrayan su carácter estimativo.
Los cálculos del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, son más abultados. Este jueves, tras su reunión con el rey Felipe VI en Mallorca, elevó la cifra a “3.000 o 6.000 personas, que no están calculadas porque los servicios de extranjería no han terminado de identificar a todos los que llegaron”, dijo. Vivas hizo referencia a la situación “de colapso” que vive el Centro Temporal de Inmigrantes (CETI) que ha ampliado sus plazas y actualmente acoge a 727 personas, aunque no todas proceden del cruce masivo del 30 de julio.
En la ciudad se hace evidente que esos datos siguen quedándose muy cortos en su estimación. La muestra más patente es el censo oficioso que la asociación de vecinos de la barriada de El Príncipe lleva días haciendo, y que este jueves tuvo que cerrar a pesar de que los menores continúan llegando para apuntarse. Marian, la vecina que se ha ocupado de procesar los datos, exhibe dos carpetas de plástico transparente que contienen páginas y páginas con los datos de niños y adolescentes. Sobre ella, un post-it resume los números: “Primer día, 2.672 censados; segundo día, 2.188; total, 4.860”, se lee. Al mediodía, los vecinos dieron por concluido el censo y por la tarde entregaron los datos a la Delegación del Gobierno. “Sabemos que hay más, pero los entregamos ya porque siguen sin dar soluciones y no podemos más”, dice Ahmed Enfed-dal, presidente de la asociación. “Es imposible lo que dicen los datos de la tele, no hay 1.000 niños, son muchos más”, asegura. Enfed-dal recuerda que muchos de ellos están acogidos en casas particulares.
1.342 menores registrados
A esos 4.860 menores del censo improvisado, hay que sumar los que ya duermen en dos colegios que el Gobierno ha habilitado como acogida, según confirma el Ministerio de Juventud e Infancia. En uno de ellos, el CEIP Reina Sofía, desde el miércoles pernoctan 110 niñas en camillas instaladas en las cocheras. La ministra Sira Rego, que llegó a Ceuta el jueves, confirmó este viernes que el recuento de la población más vulnerable por edad avanza: han contabilizado 1.342 niños en los sistemas de acogida. Además, preguntada por lo complejo del recuento que están llevando a cabo las autoridades, defendió que hay que ser “muy rigurosos con las cifras” y que “se está generando el procedimiento para que afloren esos niños y que se registren en la policía, y así habilitar las estructuras para atenderlos”.
En la Jefatura Superior de Policía de Ceuta, se repiten a diario largas colas de menores esperaban para ser registrados, contenidos por un vallado gris. Cuando, en torno a las ocho de la tarde, un oficial salió a comunicarles el jueves que ya no apuntarían más esa jornada y que regresaran al día siguiente, muchos de ellos decidieron quedarse a dormir allí. No tenían otro sitio al que ir y preferían hacer noche frente a la instalación para reservar así su sitio en la fila a la mañana siguiente. Aunque al principio pensaron que podrían hacerlo, una pareja de agentes les ordenó dispersarse tras advertirles de que no está permitido pernoctar allí.
La situación dio lugar a una escena cada vez más insólita en Ceuta: menores cruzando las partes nobles de la ciudad en dirección a algún lugar donde pasar la noche. Y era insólita porque, cuando ya se cumple más de una semana desde el cruce masivo, es difícil ver a migrantes, menores o adultos, atravesando por el centro, ya que, cuando lo hacen, la policía o los comerciantes les conminan a irse hacia la playa del Trampolín o hacia las barriadas.
Muchos de ellos son los migrantes que el gobierno ceutí ha ubicado en las naves de El Tarajal, un polígono cercano a la frontera que también suma jornadas de colapso. En ese lugar, las dos nuevas naves tienen 500 plazas más, ocupadas por menores, que duermen en unas instalaciones sin acceso a baño ni a duchas.
En cualquier caso, la cifra resultante de estas estimaciones rebasa con mucho las ofrecidas por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Pero incluso así, el número está incompleto. Falta el censo más escurridizo, el de los migrantes que no están en la playa del Trampolín, ni en las naves del Tarajal, ni en el CETI ni en los colegios. Son los que se esconden en los muchos montes de Ceuta, entre las zarzas o en tiendas improvisadas, y no han sido tenidos en cuenta en ningún registro. Temen ser expulsados y apenas circulan por la ciudad. Tampoco los que, tras cruzar la frontera a nado, se refugiaron en casas particulares, bien porque fueron acogidos por vecinos o bien porque acudieron a hogares de familiares.
En cualquier caso, el mapa numérico de la crisis está incompleto. Y certifica la conversación más repetida, tanto en el centro de la ciudad como principalmente en las barriadas, que han acogido gran afluencia de migrantes. “Son muchos más de lo que dicen”, se escucha a todas horas y por todas partes.
