México estrecha los lazos con Brasil en plena escalada de la tensión entre Lula y Trump
México y Brasil están cada vez más aislados en un continente que responde casi enteramente a la batuta de Donald Trump y el paisaje cada vez más adverso por el norte y por el sur los obliga a mirarse mutuamente. Con ese telón de fondo ha acudido este jueves el canciller mexicano, Roberto Velasco, a Brasilia para copresidir junto con su homólogo, Mauro Vieira, la VI Reunión de la Comisión Binacional México-Brasil, “el principal mecanismo de diálogo político y cooperación bilateral entre ambos países”, según ha reseñado la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana. El momento es especialmente sensible para el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cada vez más cerca de enfrentarse a la reelección en las urnas y en plena escalada de desencuentros con el mandatario estadounidense, tras la cancelación de la visa de la embajadora brasileña.
En la reunión que más tarde se ha producido directamente entre Lula y Velasco, que acudía en representación de Claudia Sheinbaum, han conversado, entre otras cosas, de la “situación de la democracia en América Latina”, según ha manifestado el brasileño, que ha extendido de nuevo su invitación para que la mandataria mexicana visite el país. Tras la derrota en primavera del partido de Gabriel Boric en Chile y la de este mismo verano de Gustavo Petro en Colombia, la victoria de Lula en otoño es más importante que nunca para México. Más aún para Lula sentir el abrigo mexicano.
Los Ejecutivos de Lula y de Claudia Sheinbaum son prácticamente el último reducto progresista en la región, el principal muro de contención al afán intervencionista que llega desde el país anglosajón, con ganas de hincarle el diente a sendos territorios. Ambos han sufrido la amenaza arancelaria de Trump, consumada contra Brasil por partida doble: de un 50% hace un año y de otro 25% este verano. México ha corrido mejor suerte, pero los amagos de castigos comerciales como forma de presión política obligan a su vecino a mantenerse siempre alerta y a buscar aliados fuera. Brasil es el principal socio natural: por su potencia económica y por la sintonía ideológica.
Los esfuerzos se emplean en ambos frentes. La brasileña Petrobras y la mexicana Pemex, las dos mayores petroleras de América Latina, sellaron un acuerdo de colaboración en junio para explorar las aguas del golfo de México en busca de petróleo, otro de los temas que han discutido este jueves en la mesa binacional de trabajo. La autonomía de las dos economías más grandes de la región es tan importante como la contención política de la ultraderecha. De acuerdo con los datos del propio Gobierno brasileño, las proyecciones de 2025 hablan de un intercambio comercial de 13.900 millones de dólares. Brasil es también el principal exportador latinoamericano al mercado mexicano y México, el segundo en el brasileño.
En su capacidad para potenciar esas cifras también se juegan ambos países la defensa de la soberanía nacional, el eje de la política exterior mexicana y el principio que vuelve a vertebrar la geopolítica del continente. Sheinbaum batalla para evitar el intervencionismo de Trump en su cruzada contra el narcotráfico y Lula se enfrenta al apoyo explícito que el republicano extiende al expresidente Jair Bolsonaro, preso por intento de golpe de Estado, y al resto de su familia. El tarifazo del 50% impuesto el año anterior, de hecho, buscó sin éxito evitar la condena al político, que cumple una pena de 27 años. Ahora será su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, quien compita contra Lula en los comicios del próximo octubre.
En el marco de las elecciones que están por llegar ha leído Lula las últimas acciones emprendidas por Trump, una “escalada deliberada de medidas hostiles” que solo se entiende, alega, en clave ideológica. Estados Unidos acaba de cancelar la visa de la embajadora brasileña, Maria Luiza Viotti, una respuesta, han argumentado desde el Gobierno norteamericano, a la demora del Ejecutivo de Lula para conceder la aprobación al embajador designado para Brasil. Washington también reprocha el rechazo de los visados a dos diplomáticos que querían visitar el país. El argumento del latinoamericano fue entonces que buscaban alentar a la ultraderecha brasileña y poner en duda la credibilidad del sistema electoral.
La tensión es total entre los dos dirigentes, que hablan sin tapujos de su rechazo mutuo. Más sutil es Sheinbaum, que comparte una frontera de 3.000 kilómetros con su vecino del norte y no quiere provocar de más al republicano. Aun así, el tablero obliga a tomar posiciones y la mexicana está elevando su perfil internacional, una señal de distancia con su predecesor, el también morenista Andrés Manuel López Obrador, poco dado a los desplazamientos.
La actual mandataria ha acudido a distintos foros y este abril respondió el llamado del presidente español, Pedro Sánchez, para asistir a la IV Reunión en Defensa de la Democracia, donde cerró filas con los líderes progresistas de la región. Un mes después, reafirmaba con Lula el frente común frente a la presión estadounidense en Colombia y Cuba. En apenas un par de meses, sin embargo, Petro ya se había caído de la foto de familia. Los esfuerzos están ahora en mantener en ella a Lula, con quien México también busca promover la candidatura de la chilena Michelle Bachelet como secretaria general de la ONU. Cualquier cosa puede ayudar en un escenario cada vez más desnivelado. Los mandatarios aún no han exprimido el potencial de la relación bilateral y ese es quizá el último salvavidas para los progresistas frente al volantazo a la derecha en la región.

