Paraguay se indigna con Lula por sus dichos sobre la Guerra de la Triple Alianza
En plena campaña electoral en busca de su reelección, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva visitó el pasado 24 de julio la fábrica de armas Avibras, en São Paulo y para justificar el aumento del gasto militar en la defensa, dijo: “A nosotros nos gusta la paz, pero no podemos olvidar que un buen día Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá y, al mismo tiempo, invadió Uruguay y Argentina. Y aquella guerra, que parecía que no iba a ser gran cosa, duró cinco años”.
Su interpretación sobre la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) —la más larga y sangrienta de América Latina— despertó rápidamente una oleada de indignación en Paraguay. Como respuesta, Asunción reanudó en los últimos días los pedidos para que Brasil devuelva objetos de los que se apoderó después de la guerra, como los cañones Presidente López y Cristiano y copias de documentos históricos.
La Guerra de la Triple Alianza enfrentó a Paraguay contra los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay. Más de siglo y medio después, la memoria de un conflicto bélico que provocó la muerte de decenas de miles de paraguayos sigue muy viva en este país. La derrota supuso también la ruina económica de Paraguay y la pérdida de tierras a manos de Brasil y Argentina.
El historiador Fabián Chamorro critica que Lula intentase justificar el aumento del gasto militar de Brasil con una referencia hecha de “medias verdades” sobre lo ocurrido. “El Paraguay entró a la guerra luego de que el Brasil haya invadido innecesariamente y de manera agresiva al Uruguay, para echar a un gobierno constitucional uruguayo”, explica Chamorro.
Declaración de repudio
A pedido del senador liberal y también historiador Eduardo Nakayama, la Cámara Alta aprobó por unanimidad una declaración de repudio a las declaraciones de Lula. El Gobierno de Santiago Peña decidió convocar al embajador brasileño en Asunción, José Antonio Marcondes, para expresarle “su desagrado y absoluto rechazo” a las palabras del mandatario. Marcondes intentó calmar las aguas al asegurar que en ningún momento hubo intención de ofender a Paraguay y señalar que Lula fue sacado de contexto.
El incidente diplomático ha puesto de relieve las diferencias de interpretación que se mantienen a un lado y otro de la frontera. “Estamos muy cerca de escribir una historia común sobre la guerra con historiadores de Argentina y Uruguay, pero no así con Brasil”, enfatiza Chamorro, quien considera que el gigante sudamericano mantiene el relato de “la agresión paraguaya para justificar la destrucción del Paraguay durante la guerra”.
Chamorro cuenta que, en el sistema educativo de Brasil, la Guerra do Paraguai, como la denominan, se enseña como un conflicto desencadenado por la invasión paraguaya a Mato Grosso en 1864, presentando Brasil como un país agredido que actuó en defensa propia. Para Chamorro, esa narrativa minimiza o ignora la intervención previa de Brasil en Uruguay, destaca la figura del mariscal paraguayo Francisco Solano López como un dictador tiránico y enfatiza el rol del ejército brasileño en la unidad nacional y en el proceso hacia la abolición de la esclavitud.
Hay historiadores brasileños que tienen otra mirada, como Julio José Chiavenato, autor del clásico Genocidio Americano: A guerra do Paraguai. Chiavenato cuestiona la actuación de su propio país en la Triple Alianza al plantear que no fue un conflicto defensivo, sino un exterminio impulsado por intereses económicos británicos y ejecutado por Brasil y Argentina para destruir el exitoso modelo autónomo de la época en Paraguay. El autor describe con crudeza la desigualdad de la guerra, especialmente en la Batalla de Acosta Ñu, librada el 16 de agosto de 1869, donde el ejército brasileño, con 20.000 soldados y armas modernas, masacró a una tropa sobreviviente de unos 3.000 paraguayos, en su mayoría ancianos, niños y adolescentes con armamento precario.
Urariano Motta, otro historiador brasileño, coincide también en que la guerra comenzó antes de la entrada de las fuerzas paraguayas en territorio brasileño. “¿Fue un error de Solano López? No lo sé. Pero sé que la respuesta fue contundente e imperialista, con la unión de tres países (Brasil, Argentina y Uruguay) contra un país hermano. Y que aquello generó un genocidio en Paraguay, silenciado hasta hoy por la mayoría de los historiadores brasileños”.
Motta cree que las palabras de Lula responden al “consenso existente entre las Fuerzas Armadas” brasileñas, pero incluso así le parecen un error. “Siendo el político extraordinario que es, nunca debió haber hecho tal declaración”, dice. Opina que Brasil debe devolver los trofeos de guerra paraguayos que mantiene en su poder. Los cañones, que fueron confeccionados con la fundición de campanas de las iglesias paraguayas, son considerados reliquias de gran significación simbólica. Hasta ahora, Brasil se ha negado a devolverlos.


