La mujer que no pudo oír las alarmas del fuego y se quedó sola en su pueblo
En La Vilavella todo hacía ruido. A las cuatro de la tarde del pasado sábado, las campanas comenzaron a sonar sin descanso. El incendio, que unas horas antes se había declarado en la Vall d’Uixó, ya había alcanzado la ladera sobre la que se asienta este municipio de apenas 3.000 habitantes. Los policías recorrían las calles golpeando puerta por puerta para ordenar la evacuación. Y, cuando la tensión parecía no poder aumentar más, los teléfonos móviles vibraron con el estridente aviso de ES-Alert. Aturdidos por la urgencia, los vecinos salieron de sus casas con lo puesto y corrieron hacia sus coches.

