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Un cohete de Elon Musk que lleva más de un año a la deriva chocará contra la Luna en unos días


Millones de fragmentos de satélites inactivos y cuerpos de cohetes abandonados, sin utilidad ni control, deambulan por el espacio. Y un cohete Falcon 9 de SpaceX, empresa del multimillonario Elon Musk, es una de ellas. Tras impulsar en enero de 2025 dos módulos privados con destino a la Luna, quedó abandonado sin combustible suficiente para regresar a la Tierra. Tras vagar sin control durante más de un año, su recorrido terminará por fin el próximo miércoles, 5 de agosto, de forma abrupta. Chocará contra la superficie lunar a unos 8.700 kilómetros por hora, levantando una nube de polvo gris que quizá veamos desde la Tierra.

El impacto no supone ningún riesgo para nuestro planeta, pero para los expertos tiene un gran valor simbólico sobre la deficiente gestión de la basura perdida en el espacio. Además, encierra una oportunidad poco frecuente. El choque permitirá observar, casi en tiempo real, cómo se forma un cráter en la superficie lunar a partir de un choque. “La gran ventaja es que conocemos todos los parámetros del impacto”, explica César González, divulgador científico del Planetario de Madrid.

El objeto que chocará contra la superficie lunar es la etapa superior de un Falcon 9, lanzado en enero del año pasado para transportar los módulos lunares Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y Resilience, de la empresa japonesa Ispace. Estos cohetes constan de dos etapas: la primera, más grande, impulsa la carga útil (en este caso los módulos) y luego regresa a la Tierra y aterriza en una barcaza, y puede ser reutilizada. La etapa superior, que entra en órbita y no puede reutilizarse, mide más de 12 metros y pesa cuatro toneladas.

Aquel lanzamiento formaba parte del programa de Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS, por sus siglas en inglés), una iniciativa de la NASA integrada en el programa Artemis para impulsar el regreso de los astronautas a la Luna y establecer una presencia sostenida en su superficie. El proyecto abrió la puerta a la participación de empresas privadas en el transporte de instrumentos científicos y demostradores tecnológicos hasta el satélite. En él colaboran Estados Unidos, Europa, Japón, Canadá y otros socios internacionales.

A diferencia de las colisiones naturales, de las que solo pueden estudiarse las huellas que dejan, en este caso los investigadores conocen la masa del objeto, su velocidad, su trayectoria y el ángulo con el que golpeará la superficie. “Cuando se forme el cráter, podremos medir su diámetro, su profundidad y la energía liberada. Al disponer de todos esos datos, entenderemos mucho mejor cómo se forman los cráteres en la Luna”, señala González.

La colisión también permitirá estudiar el comportamiento del regolito, la fina capa de polvo y fragmentos de roca que recubre la superficie lunar tras miles de millones de años de impactos de meteoritos. “Cada choque ha ido pulverizando la roca hasta crear esa cubierta que envuelve prácticamente toda la Luna”, explica el experto.

Según las estimaciones, el Falcon 9 se estrellará cerca del cráter Einstein, en las proximidades del límite entre la cara visible y la cara oculta de la Luna. “Todo el regolito que se expulse podrá contrastarse con el fondo negro del cielo y eso facilitará su estudio”, concluye el divulgador científico. El choque será a las 7.30 del miércoles, hora peninsular española.

Aunque el escenario es poco favorable para observar un destello visible, ya que el impacto ocurrirá prácticamente sobre el borde del disco lunar y en una zona iluminada por el Sol, existe una pequeña posibilidad de detectar el material expulsado por el choque, según calculan los expertos. Se estima que el impacto podría levantar en torno a una tonelada de regolito con una energía que podría lanzar parte de esos fragmentos hasta tres kilómetros de altura antes de volver a caer, casi invisible desde la Tierra. Pero el cráter que dejará sí podrá fotografiarse por las sondas que estudian la Luna.

No es la primera vez que sucede

Pero no es la primera vez que un cohete descontrolado acaba su viaje golpeando la superficie lunar. En 2022, se detectó un artefacto camino de impactar contra la Luna, que inicialmente se pensó que se trataba de un Falcon de Musk. Finalmente, los expertos dedujeron que se trataba de una nave china que quedó fuera de control en 2014, que chocó en marzo de 2022 tras varios años errante. Fue la primera vez que un objeto construido por el ser humano impactaba de forma accidental contra el satélite.

Para González, los desechos espaciales en el entorno terrestre “son un problema gravísimo”. De acuerdo con el técnico, un impacto contra un satélite operativo podría dejarlo “totalmente inutilizado” y supone un riesgo permanente para la Estación Espacial Internacional, donde viven de forma continuada entre cinco y nueve astronautas.

Además, con el renovado impulso de las misiones tripuladas a la Luna de la NASA y el creciente protagonismo de empresas privadas en la exploración espacial, el divulgador advierte de que el problema se agravará. “Es una situación que va in crescendo”, señala. A su juicio, solo un hecho impactante podría generar un cambio de actitud. “Nuestro planeta está completamente rodeado de porquería de todos los tamaños. Parece que tendría que ocurrir una desgracia, un incidente realmente serio, para que se tomara conciencia de la necesidad de evitar que sigamos dejando restos en la órbita terrestre”, lamenta.

A medida que se acelera la carrera por establecer una presencia humana permanente en el satélite, el marco regulatorio sigue siendo inexistente. “Toda esta basura espacial que ahora rodea la Tierra se va a extender al espacio cislunar”, advierte González. Pero la regulación, si llega, lo hace años tarde.

“Deberíamos haber empezado hace muchísimo tiempo”, sostiene. Aunque existen tratados internacionales sobre el espacio exterior, recuerda que no tienen la fuerza de una legislación vinculante para todos los países ni existe un organismo internacional con capacidad para hacerlos cumplir. “Todo funciona sobre la buena fe”, resume.

Se calcula que unos 140 millones de desechos espaciales orbitan sin control solo alrededor de la Tierra, en movimientos a más de 28.000 kilómetros por hora, según estimaciones de la ONU. Entre ellos, etapas de cohetes abandonadas como esta. Los cuerpos de estos vehículos figuran entre los objetos más grandes que permanecen en órbita después de los lanzamientos.

La Luna recibe de forma natural el impacto de miles de meteoritos. Sin embargo, este tipo de colisiones tienen diferencias importantes. La principal, además de su origen artificial, es la masa y la velocidad del objeto. “La etapa superior del Falcon 9 tiene una masa estimada de unas cuatro toneladas. Los meteoritos pueden ser mucho más grandes y, sobre todo, viajan a velocidades considerablemente superiores”, explica González.





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