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Juan Orlando Hernández regresa a Honduras tras ser indultado por Trump de su condena por narcotráfico


El expresidente Juan Orlando Hernández regresó este domingo a Honduras tras haber sido indultado por Donald Trump de su condena por narcotráfico, por la que fue sentenciado en 2024 a 45 años de prisión. Hernández informó en abril de que una resolución de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York ordenó desestimar el caso de raíz, calificándolo de “improcedente”. El presidente aterrizó en su país con un recibimiento de héroe por parte del conservador Partido Nacional, al que pertenece junto al actual presidente, Nasry Asfura.

El exmandatario llegó en un vuelo privado procedente de Miami a la terminal de Palmerola, a unos 75 kilómetros de Tegucigalpa, acompañado por su abogado en Estados Unidos, Renato Stabile, y por un nutrido grupo de aliados castrenses —los generales Willy Oseguera, Tulio Romero y Javier Barrientos— que testificaron a su favor durante el juicio en la Gran Manzana. En la pista de aterrizaje le aguardaban su madre, Elvira Alvarado, su esposa, la exprimera dama Ana García, y tres de sus hijos. Apenas descender de la aeronave, la familia protagonizó una escena de abierta religiosidad al arrodillarse a orar sobre el asfalto.

Hernández, de 57 años, llega a su país en un escenario de profunda polarización. Pese a la escenografía de triunfo orquestada por la militancia del conservador Partido Nacional, que acudió a recibirlo entre banderas e himnos, la situación procesal de Hernández en Tegucigalpa dista de estar resuelta. El político deberá comparecer el próximo 3 de agosto en audiencia inicial por acusaciones locales de lavado de activos y fraude. Pese al apoyo de las bases del Partido Nacional, e Honduras hubo un enorme el descontento de la gente por los escándalos de corrupción durante su mandato. Uno de los casos más sonados fue el desfalco al instituto de seguridad social por más de 200 millones de dólares. Investigaciones periodísticas revelaron que parte de ese dinero sirvió para financiar a la campaña electoral del Partido Nacional.

El presidente Asfura no ha reaccionado al retorno de Hernández, pero en un guiño al electorado más conservador del país, dijo tras conocerse el indulto de Trump: “Para la familia, el indulto deja atrás sus tristezas y les permite recuperar la tranquilidad y la felicidad que se merecen”, dijo el político.

El expresidente fue condenado en 2024 a 45 años de prisión por asociarse durante más de una década con narcotraficantes que pagaban sobornos para asegurarse de que más de 400 toneladas de cocaína llegaran a Estados Unidos, según la acusación en su contra. La sentencia fue, según detalló el tribunal, una advertencia a los individuos “bien educados y bien vestidos” que adquieren poder y piensan que su estatus les blinda ante la justicia.

Hernández abandonó la cárcel gracias a un indulto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien influyó en las elecciones presidenciales de 2025 ofreciendo su apoyo al candidato conservador Nasry Tito Asfura, del mismo partido que Hernández, quien ahora es el presidente del país centroamericano.

El proceso contra Hernández fue muy polémico en Honduras, pero también en Washington. Durante los años que estuvo en el poder, Hernández había sido un fiel aliado de la Casa Blanca. Aparentemente, había colaborado en la lucha contra el narcotráfico, pero en realidad se aprovechaba de su influencia en el país centroamericano para que la policía, el ejército y los jueces miraran para otro lado mientras él hacía negocios con los narcos.

El indulto de Trump se produce pese a las múltiples señales que relacionan a Hernández con el narco. Su hermano Juan Antonio, con el que mantenía una estrecha relación, fue condenado hace cuatro años por el mismo tribunal de Nueva York por sus vínculos con los cárteles de la droga hondureños. Cuando aún estaba en el poder, la fiscalía de Manhattan llegó a acusar a Juan Orlando Hernández de recibir un millón de dólares del capo mexicano Joaquín El Chapo Guzmán. Los fiscales recabaron testimonios de otros narcotraficantes del cartel local Los Cachiros que revelaban las actividades de Hernández como pieza fundamental del engranaje del narco. Los documentos judiciales en los que se basó la sentencia condenatoria señalan: Hernández “estuvo en el centro de una de las conspiraciones de narcotráfico más grandes y violentas del mundo”.



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