Dos años de la captura del Mayo: traición en el Cartel de Sinaloa, una espiral de violencia sin fin y una relación bilateral con EE UU dañada
Sería una de las efemérides más extrañas: tal día como hoy, hace dos años, Ismael Zambada, El Mayo, el último capo del Cartel de Sinaloa, era llevado a la fuerza en un avión a un aeropuerto de Nuevo México, Estados Unidos, para entregarlo a las autoridades de ese país. Sería una efeméride tan inusual como trágica: ese hecho, que El Mayo calificó de traición ―y acusó de ello directamente a la descendencia de Joaquín El Chapo Guzmán, su viejo socio―, desató una guerra interna en el cartel sinaloense que a la fecha sigue cobrando muertos y desaparecidos.
Zambada ha sido condenado esta semana a cadena perpetua en Nueva York por narcotráfico, crimen organizado y blanqueo de recursos. El juez Brian Cogan —el mismo que sentenció al Chapo en 2019— también ordenó que se le confiscara la estrafalaria cifra de 15.000 millones de dólares como reparación del daño por sus actividades criminales en Estados Unidos. El Gobierno de México también ha dicho que peleará por una parte de esos fondos, habida cuenta de la violencia que sufrido este país durante años a raíz del mismo negocio criminal.
La arriesgada operación para secuestrar al Mayo —así definió el propio Zambada su captura— lastimó profundamente la relación bilateral de México con EE UU. El hecho ocurrió el 25 de julio de 2024, a pocos meses de que concluyera el mandato de Andrés Manuel López Obrador y comenzara el de Claudia Sheinbaum, la actual presidenta. López Obrador no solo denunció que Washington actuó a espaldas del Gobierno de México —lo que suponía una violación a la soberanía nacional, cosa grave—, sino que también anticipó que la maniobra rompería el frágil equilibrio en Sinaloa y derivaría en una oleada de violencia.
Los periodistas de Sinaloa han contado desde hace dos años el sangriento saldo de la guerra entre La Mayiza —la facción de Zambada— y Los Chapitos: más de 3.000 muertes, más de 4.000 desapariciones y decenas de familias desplazadas. El entonces embajador estadounidense, Ken Salazar, negó en aquel momento que su Gobierno haya estado involucrado en la operación contra El Mayo. Todavía en un reciente libro de memorias, Salazar atribuyó el asunto a una “traición” de gran calado entre miembros del mismo cartel. “No fue nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra operación”, ha dicho el exfuncionario.
Sin embargo, nuevos indicios recogidos por este periódico revelan que Washington sí tuvo un rol de director de orquesta, si bien es cierto que no participó directamente en el operativo. Documentos judiciales indican que Los Chapitos actuaron en concierto con el Gobierno de Estados Unidos, interesado en alcanzar un acuerdo con altos miembros de esa facción del cartel sinaloense para que colaborasen como testigos en otros casos. Todo apunta a que esa colaboración fue fundamental en la acusación de EE UU contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, por presuntos nexos con el crimen organizado, una bomba política que sacudió México y causó un fuerte daño a Morena, el partido oficialista, y al legado de López Obrador.
Tras su detención en Estados Unidos, El Mayo relató que aquel 25 de julio fue llevado con engaños a una reunión a la que lo convocó Joaquín Guzmán López, su ahijado. El encuentro tenía el objetivo de resolver un diferendo entre el mandatario de Sinaloa y Héctor Melesio Cuén, un político con mucha influencia local y adversario de Rocha. Este detalle apuntaba al rol del narco en la política estatal: nada más y nada menos, el jefe del Cartel de Sinaloa acudía como mediador entre dos partes en disputa (aunque Rocha no estuvo en el encuentro). Lo que siguió en el sitio fue una vorágine: al Mayo lo sometieron los hombres de Guzmán López, a sus escoltas los mataron o los desaparecieron, a Cuén lo asesinaron.
El Mayo, sedado, fue subido a un avión privado, que lo llevó de Sinaloa a la frontera del lado estadounidense, donde ya lo esperaban las autoridades de ese país para arrestarlo. Ahora se sabe que el piloto de confianza de Los Chapitos, Mauro Alberto Núñez Ojeda, El Jando, fue quien condujo la aeronave. El Gobierno de EE UU había preparado una jugada que implicaba hacerse con El Mayo, con Guzmán López y con El Jando. El plan también incluía trasladar desde México a familiares de Los Chapitos para darles protección en Estados Unidos.
Hace unas semanas, el FBI exhibió en un museo de Nuevo México el avión en el que se trasladó a Zambada, muestra de la hazaña de la que EE UU no ha querido asumir abiertamente el crédito, por las repercusiones políticas que ello tendría en la relación con su vecino y socio comercial, pero que sutilmente exhibe como un trofeo. Un capo hecho a la vieja usanza, El Mayo, de 76 años, ha decidido no colaborar con Estados Unidos. Se llevará sus secretos a la tumba. Solo ha pedido no compartir el mismo destino que su exsocio, El Chapo, en una prisión de máxima seguridad. Una era ha terminado, no solo para el Cartel de Sinaloa, sino para el narco en el continente. Ni EE UU ni México alcanzan a ver hasta dónde llegarán las secuelas de aquella operación del 25 de julio de 2024.

