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La Fortuna de Costa Rica: cuando la comunidad toma su parte en la industria del turismo


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Decenas de turistas extranjeros chapoteaban al pie de una catarata de más de 70 metros en medio de selva la húmeda, viviendo la primitiva experiencia de bañarse en un río inmaculado junto a peces del tamaño de un pie, bajo la llovizna tibia y algún rayo de sol para completar la escena de postal. Nadie parecía preocupado por las 500 escaleras que debían subir luego para salir de este lugar que en este año entró al 1% de mejores sitios para visitar en el mundo, según la plataforma Tripadvisor. Una mujer irlandesa meditaba para conectar con las fibras de la naturaleza, dos jóvenes indios hacían videollamada a su madre para contarle que llegaron a la cascada que ella les recomendó al lado del volcán Arenal y muchos otros llenaban sus móviles de imágenes que luego invitarán a otros a venir, como lo hacen unos 350.000 cada año, pero eso no es un negocio más.

A la cascada llega casi la mitad de los viajeros que pasan por La Fortuna, el pueblo más visitado de Costa Rica, el país centroamericano donde el ecoturismo se ha consolidado como una industria emblemática y lucrativa gracias a la amplia red de negocios privados. Este sitio, en cambio, es propiedad de una asociación comunal y los beneficios no llegarán a las cuentas de un empresario, de las cadenas internacionales ni las del Estado.

Mientras decenas de extranjeros nadaba en el río, una docena de ancianos de la comunidad lo hacían allá en el pueblo en una piscina semiolímpica construida con las ganancias de la catarata, como ocurre con otra infraestructura comunal, servicios de ornato, inversiones culturales y ayudas sociales a cargo de la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (Adifort), una agrupación con marco legal de estructura privada sin fines de lucro e interés público. Eso lo desconocen casi todos los miles de visitantes que seleccionaron Catarata La Fortuna en Tripadvisor como destino popular favorito, según la notificación que recibió la asociación a finales de abril.

Tampoco lo sabía Yeray Macías, un veterinario español que llegó con su familia buscando naturaleza, verde denso y ríos limpios, aunque mientras toma fotografías a la catarata nutrida por las lluvias de finales de mayo se entera complacido de que este destino es diferente también por sus beneficiarios finales. Ninguno de los visitantes tendría por qué haber escuchado que todo empezó con una destructiva erupción del volcán Arenal en 1968 y la intención del Estado de mantener la población en la zona.

Lugareños recibieron en los años 70 terrenos para producir, pero a un hombre le adjudicaron este trozo quebrado de pared volcánica y no le vio utilidad alguna para sembrados ni ganadería, por lo que lo donó a la asociación comunal. Con el tiempo se vio cómo locales y extranjeros vivían la experiencia extrema de caminar horas entre senderos con barro y descender con los bejucos o cuerdas hasta el lugar que ahora, convertida La Fortuna en el epicentro turístico del país, se puede visitar casi cualquier persona con facilidades de acceso, seguridad y servicios complementarios.

“Nos alegra saber que esto queda para esta comunidad”, dice Macías complacido de haber acertado en la búsqueda que comenzó explorando en internet y acabó en un pueblo acondicionado para combinar naturaleza con buenas instalaciones turísticas. Cientos de hoteles, restaurantes y atracciones con anuncios en inglés forman parte del paisaje marcado por la estampa cónica del volcán Arenal que a veces se deja ver completo entre las nubes y que hasta hace poco daba un espectáculo incandescente cuando hacía erupción por las noches. De esto se vale Adifort. “Es como si hubieran hackeado a la industria, intrusos del sistema”, dice riendo Mark Rodríguez, un joven turista de Nueva Jersey, tratando de entender cómo funciona la operación a cargo de una organización comunal con casi 500 afiliados locales.

“Tenemos un apoyo del Estado, pero el 95% de los recursos que tenemos son por gestión propia. Esto nos permite invertir en el distrito (15.000 habitantes) de muchas maneras gracias en buena parte a eso que paga cada turista por venir a Catarata Río La Fortuna”, dijo a América Futura José Eduardo Jiménez, director comercial de Adifort, que también posee en un centro comercial, la estación de autobuses, el campo de fútbol y hasta la plaza central del pueblo con seguridad particular. “Le llaman ‘mamá Adifort’”, acota Humberto Mora, vicepresidente de la asociación que maneja activos por casi 44 millones de dólares, gracias a actividades como esa catarata que aparece en las redes sociales de miles de viajeros en decenas de países.

“Nos hace sentir muy bien porque se promueve un turismo de conciencia, no solo de apoyo a la naturaleza y al conservacionismo (…) Mostramos que otros pueblos también podrían hacerlo”, agregó Jiménez rodeado de turistas que parecían disfrutar de la lluvia. La asociación confía en que los viajeros seguirán llegando en abundancia a La Fortuna atraídos por los negocios de aguas termales, las atracciones de aventura y la red de servicios turísticos. Se beneficia del total de visitantes que Costa Rica recibe de manera creciente cada año después de la pandemia, sin aparente impacto del deterioro de inseguridad ni de precios altos en comparación con otros destinos de América tropical. Por eso compraron hace poco un nuevo terreno junto a la catarata y planean construir frente a ella un puente de cristal único en el país.

“Estamos cumpliendo el legado de los caudillos que fundaron el pueblo y la asociación. Esta es nuestra gallinita de huevos de oro. Sabemos generar ingresos y canalizarlos en beneficio de la gente, aprovechando una actividad que nos es muy propia”, dice Mora aludiendo a factores culturales que propician hacer inversiones comunales sin depender del Gobierno.

Esa imagen la perciben los viajeros como Keyla Rodríguez, de Puerto Rico, que se pasa buena parte del año viajando por distintos países. “Tienen muy buenos accesos y buenos servicios sin perder lo natural. El guía nos dijo esta mañana que esto es de la gente local y se comprende cómo lo cuidan”, dijo la mujer. En los planes de la asociación también está crear un itinerario para que los turistas conozcan las obras comunales y puedan entender mejor dónde están. Por ejemplo, pasar por el cementerio del pueblo para conocer la fosa común donde están los cuerpos de las personas que murieron en aquella erupción que ayudó a convertir a La Fortuna en lo que hoy es.



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