Internacional

Cómo el observar pájaros ralentiza el declive de nuestro cerebro (y nos hace sonreír de nuevo))

Cada semana, un grupo de personas mayores aficionadas a la observación de aves pasa horas apostado en un escondite de madera en la campiña inglesa; con los prismáticos en la mano, observan el entorno y comparten con entusiasmo lo que logran avistar: el largo y brillante pico de un ostrero (o pipilén) explorando el terreno pedregoso, o dos somormujos lavancos balanceándose en el agua, con sus cabezas emplumadas erguidas.

La mayoría de estos observadores de aves tiene dificultades para recordar lo que ocurrió ese mismo día, a veces, les cuesta seguir una conversación.

Sin embargo, se animan visiblemente cuando intercambian impresiones sobre las aves que pueblan el cielo en torno a Forge Mill Lake, en la región de West Midlands, Reino Unido.

Entre ellos se encuentra Harold*, de 78 años. De joven le encantaba estar al aire libre, pero, últimamente, la demencia lo ha vuelto retraído y ansioso. Su hija Lucy* lo trajo aquí, con la esperanza de que el cambio de entorno y la tranquilidad del lago le sentaran bien.

Tras un comienzo marcado por la inquietud, Harold empezó a sonreír cuando alguien señaló un petirrojo, y disfrutó viendo a los patos chapotear en el agua. Unos herrerillos revoloteaban entre los árboles cercanos, y Lucy vio a Harold reír por primera vez en mucho tiempo.



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