“La cámara del teléfono es tu arma”: cómo las mujeres iraquíes desafían las amenazas de muerte para luchar contra la violencia sexual
Advertencia: Esta historia contiene detalles sobre violencia sexual.
“¡Sal del coche!”, grita una mujer, acusando al conductor de exhibicionismo y de proferir comentarios obscenos mientras ella pasaba. La mujer graba la escena con su teléfono en una concurrida calle de Bagdad, y la cámara capta cómo él se resiste a abrir la puerta mientras ella lo increpa.
El video, junto con otros similares, puede verse en la página de Instagram de Sarah Jassim, activista iraquí por los derechos de las mujeres. Ella los publica en nombre de las mujeres que denuncian abusos y acoso sexual por parte de hombres y jóvenes.
“Tu cámara es tu arma”, le dice a la BBC. “Es una forma de documentar pruebas en caso de que una mujer decida demandar a su acosador, o al menos es un medio para avergonzarlo”.
Según ella, uno de los videos que publicó condujo a la detención del presunto autor, un policía acusado de acosar a estudiantes.
Fuente de la imagen, Instagram
Jassim afirma que publicar los videos es arriesgado tanto para ella como para las mujeres involucradas.
Hemos hablado con numerosas víctimas de abuso sexual en Irak, quienes aseguran que la sociedad suele culparlas a ellas.
“He recibido amenazas de muerte y también me han amenazado con ataques con ácido”, dice Jassim. “Me han acusado de incitar a la indecencia pública porque animo a las mujeres a hablar en una sociedad que espera que guardemos silencio”.
Ahora apenas sale de casa, por su propia seguridad, y en su lugar pasa horas jugando con su perro.
Opina que es necesario contar con leyes más estrictas, incluyendo medidas que tipifiquen explícitamente como delito el acoso y la violencia de género, términos que actualmente no figuran en el código penal del país.
“Reconocer el problema es la mejor manera de abordarlo”, afirma.
“Necesitamos protección; hay que disuadir a los agresores”.
“Nadie se enterará si te mato”
Muchas mujeres iraquíes han declarado a la BBC sentirse defraudadas por los sistemas judicial y policial.
Emprender acciones legales contra un acosador o un violador es un proceso largo en Irak, con procedimientos complicados y resultados inciertos, según varios activistas y abogados con los que hemos hablado.
De acuerdo con un informe publicado en mayo por un comité de la ONU, la violencia contra las mujeres y las niñas en Irak está “generalizada y no se denuncia lo suficiente”. El documento pedía una legislación más estricta.
Entre decenas de recomendaciones, instó a las autoridades a derogar las leyes “discriminatorias” que exoneran a los violadores si se casan con sus víctimas y permiten penas reducidas por asesinato en los casos en que el perpetrador haya cometido un llamado “crimen de honor”.
Amal (un pseudónimo) lleva unos cinco años luchando en los tribunales. Acusa a su exmarido de haber violado repetidamente a su hija, que era menor de 18 años en aquel momento, a punta de pistola.
Recuerda el desgarrador relato de su hija sobre el incidente, cuando dice que el padre entró en la habitación de la niña y dejó su arma sobre la cama. Afirma que él le advirtió: “Nadie se enterará si te mato”.

El abuso sexual ha sido durante mucho tiempo un tema tabú en Irak.
He estado en contacto con muchas sobrevivientes que dicen preferir guardar silencio por temor a represalias familiares. Otras nos contaron que tenían miedo de acudir a la policía, por temor al estigma social y al posible acoso.
Pero Amal estaba decidida a buscar justicia y fue rápidamente a las autoridades para denunciar el incidente.
“Tenía muchos moretones alrededor de las muñecas, porque él le sujetaba las manos con fuerza. Cada vez que intentaba gritar, él le tapaba la boca con las manos”, cuenta Amal.
Amal me mostró documentos médicos, incluyendo pruebas de ADN, que respaldan su versión de los hechos.
También relata que otra muestra de la crueldad de su exmarido se produjo cuando lo oyó decirle a un familiar que “lavara nuestra deshonra” si lo arrestaban. Esta expresión se usa en Irak para referirse a los llamados crímenes de honor, cometidos bajo la creencia de que una mujer ha manchado la reputación de la familia.
Amal afirma que cree que el padre amenazó con acabar con la vida de su hija “para que no se publicara el informe médico y no se probara la agresión”.
Ella señala que su exmarido está prófugo y que el caso judicial sigue abierto.
“Luché completamente sola”, afirma Amal, rompiendo a llorar mientras cuenta que su exmarido contrató a varios abogados, pero ella no podía costearse la representación legal, y su familia hizo la vista gorda ante la situación.
Ya no tiene ninguna esperanza de que un fallo judicial le sea favorable.
“Solo quiero que se mantenga alejado de mi camino para siempre”, dice con un suspiro de desesperación.
Activista asesinada
Muchas sobrevivientes no tienen ingresos propios ni adónde ir. Irak cuenta con muy pocos refugios para mujeres maltratadas.
Las organizaciones de las que tenemos constancia fueron fundadas por Yanar Mohammed, una defensora de los derechos de las mujeres reconocida internacionalmente.
En marzo pasado, fue asesinada frente a su casa en Bagdad por hombres armados. Los autores del crimen aún se desconocen.
En abril, expertos que trabajan para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU escribieron que Mohammed había estado recibiendo amenazas de muerte y abusos en línea durante años, que “se cree que provenían de milicias religiosas extremistas”.
Fuente de la imagen, Cortesía: Hanaa Edwar
Las activistas nos han dicho repetidamente que los ataques selectivos contra sus colegas han aumentado en los últimos años.
Hanaa Edwar, otra destacada activista por los derechos de las mujeres, afirma haber visto a Mohammed apenas dos días antes de su asesinato. Añade que también ha recibido amenazas.
“En Irak no hay leyes, ni protección, ni justicia para las mujeres”, me cuenta.
“El problema en Irak no es que las mujeres guarden silencio. Es que cuando hablan, el sistema está muy poco preparado para escucharlas”, declaró Mustafa Saadoon, director del Observatorio Iraquí de Derechos Humanos a la BBC.
“Una mujer que denuncia violencia sexual primero tiene que pasar por su familia, luego por una comisaría, después por un tribunal, y en cada una de esas instancias es probable que alguien le diga que lo resuelva en privado”.
“Me siguieron en un vehículo”
Entre las mujeres iraquíes que afirman sentirse defraudadas por el sistema se encuentra Samira, nombre ficticio.
Según declaró a la BBC, caminar por la calle la pone muy nerviosa tras sufrir acoso repetidamente.
En una ocasión, cuenta que un hombre “estaba viendo una película porno en su teléfono y me la puso en la cara” en el transporte público.

En otro incidente ocurrido en Bagdad, cuenta que un hombre la siguió en su automóvil durante más de 10 minutos. “Fue muy angustiante. Vi una patrulla de policía. Me acerqué y les conté lo sucedido. Me dijeron que no tenían autoridad para hacer nada”.
Aunque su madre es cariñosa y la apoya, Samira no comparte con ella ninguna historia de acoso sexual. “Si se lo cuento a mi familia, enseguida me pedirán que no salga de casa para estar a salvo”, dice.
Ha perdido la fe en las instituciones estatales: “Muchos hombres, incluidos los policías, no ven nada malo en el acoso sexual. Si no eres un acosador, no eres un hombre; así es como lo ven”, añade.
Muchas mujeres con las que hablé en Irak incluso acusaron a la policía de acoso sexual. Le presenté la acusación a Muqdad Miri, portavoz del Ministerio del Interior de Irak.
“Se dan casos de acoso por parte de agentes de policía, pero son muy pocos. Reciben un castigo muy severo, de hasta 10 años de prisión, y son despedidos”, afirma Miri.

Le comenté que algunas mujeres estaban documentando el acoso en las redes sociales porque tenían miedo de denunciarlo a la policía. Él respondió que lo hacían porque era más fácil que presentar una denuncia oficial y porque se había convertido en una forma habitual de visibilizar una causa.
También le mencioné la experiencia de Samira, quien afirma que un agente le dijo que no tenía autoridad para detener el acoso. Miri comentó que Samira podría haber presentado una denuncia contra dicho agente.
No existen estadísticas fiables sobre la violencia o acoso sexual en Irak.
Miri me comentó que la policía ha recibido alrededor de 300 denuncias de violencia sexual desde principios de año. Sin embargo, reconoce que la cifra real es mayor: “Muchos casos nunca llegan a la policía debido a la sociedad, las costumbres y las tradiciones”.
Las historias de las mujeres con las que habló la BBC dibujan un panorama de su lucha no solo contra la violencia sexual en sí misma, sino también contra mentalidades y creencias sociales profundamente arraigadas que permiten que persista.
Edwar lleva más de 50 años defendiendo los derechos de las mujeres y su evaluación es desalentadora: “Veintitrés años después del derrocamiento del régimen de Saddam Hussein, parece que estamos retrocediendo en lo que respecta a los derechos de las mujeres”.
Pero tanto ella como Jassim afirman que se niegan a rendirse: “Si todos vamos a tener miedo, nadie cambiará nada”, dice Sarah.
Información adicional de Salma Khattab.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.



