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Marlon, Netflix te va a hacer una película


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Entramos en la colonia Infonavit Alta Progreso, una zona alta de Acapulco, donde los edificios todavía conservan sus paredes. Es el 28 de octubre de 2023: han pasado tres días desde que el huracán Otis arrasó la ciudad. En un departamento sencillo, que no es el suyo (él vive más arriba, pero bajó al de una vecina para que las periodistas “no subieran tanto”), ahí, nos espera un chico. Tiene 24 años, es alto y sonríe amable, algo tímido. Está —esto lo dice su madre— en shock; no recuerda completo todo lo que vivió, tiene flashbacks —esto nos lo dice él—.

—Hola, me llamo Marlon. Mi nombre completo es Marlon Alfonso Valdez y era marinero.

—¿Dónde estabas el martes?

—El martes estaba en la embarcación.

Grabamos 35 minutos de entrevista y le hicimos 92 preguntas. Marlon las contestó a todas con paciencia, con precisión exacta. Coronó muchas de ellas con una pequeña, corta, risa nerviosa, irónica: “Se supone que estábamos preparados para salvaguardar todo” y se ríe; “en mi caso no había un plus por velar el barco más que la cena, un kilo de pastor, eso era todo: un kilo de pastor” y se ríe; “le dije a mi madre ‘no te preocupes, voy a estar bien, te marco al rato’, y ya me estaba hundiendo” y se ríe; “cuando yo fui a reconocer los cuerpos había gente muerta que yo había saludado horas antes” y simula que se ríe.

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Nosotras llegamos a Acapulco 56 horas después que Otis. Entramos en una ciudad destruida y saqueada. No había electricidad, agua, ni red telefónica. No quedaba gasolina, tampoco mucha comida. La recorrimos con la fotógrafa Mónica González y la periodista Celia Guerrero, quien quería comprobar que su familia estaba a salvo. Lo estaba. Fue su hermana quien nos dijo lo imposible: en el edificio de su suegra había un marinero que había vivido el huracán desde su barco. “¿Pero está vivo?”. Está vivo. Siempre es así: no podemos hacer solos nuestro trabajo, siempre hay detrás una cadena, la confianza y la generosidad de otro; después siempre hay un destello, algo súbito: “¿Y el marinero querría hablar con nosotras?”. Iban a preguntarlo.

Ser reportera en México te enseña que este trabajo no es posible sin la suerte. Muchas de las mejores historias te encuentran, se aparecen y tú solo reaccionas, señalas con el dedo, abres la boca, preguntas algo, te quedas. “Es solamente el azar lo que me ha puesto eso ante los ojos. Pudo ocurrir a 100 kilómetros, pudo ocurrir cuando yo no estaba”, escribió Rodolfo Walsh, en Operación Masacre, antes de escribir la frase que le metió en una investigación solo por estar “erizada de improbabilidades”: “Hay un fusilado que vive”. Este trabajo no es posible sin la suerte, pero es más fácil llegar a tener suerte si hablas con 40 personas que con cuatro. Ese día, nosotras hablamos con decenas de personas, entre ellas, una de ellas, se acordó de Marlon.

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En la noche del 24 al 25 de octubre de 2023, Marlon Valdez vio llegar un huracán de categoría cinco desde un barquito de 56 pies, vio cómo los vientos de 250 kilómetros por hora volvían todo blanco y destrozaban los muelles, las embarcaciones a su alrededor, vio como una de ellas se estrellaba contra ellos y abría un agujero al yate, vio a su marinero, Yahir, de 19 años, llorar porque se hundían, quiso rezar y no pudo porque no se acordaba, sintió la cabeza “atrofiada” pero supo que tenían que brincar al agua antes de que el océano Pacífico los succionara, supo —tuvo claro— que no se quería morir. Brincó y durante 40 minutos sobrevivió a la deriva, agarró a Yahir, a quien una madera le había perforado el brazo y se desangraba, y después nadó 10 metros hasta un velero que no se había hundido.

—¿Cómo se nada 10 metros en medio de un huracán?

—No sé, no, realmente en este punto no puedo describirte cómo fue porque no recuerdo bien, o sea, son flashbacks, no me viene a la mente todo completo. Simplemente cuando llegué, me alcancé a agarrar de un cabo roto que tenía [el velero] y como yo traía a mi marinero, entonces mi objetivo era llegar con él, siempre fue llegar con él, porque cuando nos tiramos yo le dije: “Si tú te quieres morir, yo no”. Le dije: “Cuídame porque yo te voy a cuidar.” Fue lo que le dije y él entendió. Trató de nadar hasta donde pudo, pero ya también estaba cansado.

Marlon terminó ese día su historia. Le dije a él y se lo dije después a otros sobre él: “Marlon, cuando Netflix lea el reportaje, te va a hacer una película”. Se rió otra vez. Nos despedimos.

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Este 15 de octubre, Netflix estrena en los cines de México Contra el huracán, la película basada en la historia de Marlon, dirigida por Jorge Michel Grau. Es una ficción, que incluye y mezcla lo que vivió también Jonathan Chino, el mejor amigo de Marlon, quien también sobrevivió al huracán, a quién todavía no había visto en nuestra primera entrevista (él sí estuvo herido) y con quien hablamos seis meses después en la bahía de Acapulco. La película, que está producida por Perro Azul en coproducción con LACOproductora del grupo Prisa, llegará a la plataforma de streaming el 23 de octubre, casi en el aniversario de Otis.

Los dos marineros fueron asesores en todas las etapas de la ficción, hacen un cameo (aparecen en el puerto en el momento en que se preparan los barcos) y sus voces suenan por las radios cuando los dos protagonistas —Wirpul y Cándido— llaman a sus compañeros en la Aguada esa tarde. Ahí donde realmente estaban.

Ninguno ha vuelto al mar. Marlon trabaja ahora en un hotel de Playa del Carmen, en Quintana Roo, y Jonathan es desarrollador de software en Ciudad de México. Todavía no han visto la película. “¿Cuánto te gustó del 1 al 10?”, “sin spoilers”, “¿nos veremos en la premier?”, “nervios, muchos nervios, ya estoy listo para llorar”, “Beaaaaaaaaa, qué loco”, escriben por WhatsApp. Después, manda una nota de voz: “Es como un sueño. Algo un poco difícil de creer”.

Marlon, Netflix te ha hecho una película.


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