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Instituciones especializadas y más articuladas: octubre, mes de la salud mental

Septiembre fue para Reconocer un mes dedicado a hablar del suicidio, de sus cifras, de la prevención, de los factores protectores y de la necesidad de pedir ayuda, pero, sobre todo, nos permitió comprender algo indispensable para continuar esta conversación: los grandes problemas sociales rara vez tienen una sola causa y, por lo mismo, difícilmente pueden encontrar respuesta desde un solo lugar; por eso, octubre queremos dedicarlo a la salud mental ampliando la mirada, no solamente hacia aquello que ocurre en una persona, sino hacia las condiciones sociales que la rodean, los recursos que destinamos para atenderla y la manera en que nuestras instituciones consiguen encontrarse frente a problemas que, por naturaleza, atraviesan más de una de ellas.

Porque la salud mental también puede ayudarnos a observar un fenómeno mucho más amplio: la forma en que construimos nuestras instituciones para responder a sociedades cada vez más complejas, una historia que forma parte de la conformación del Estado moderno, entendido de manera sencilla como la forma en que una sociedad organiza el poder público, crea instituciones, establece leyes y distribuye responsabilidades para atender las necesidades colectivas; conforme esas necesidades fueron creciendo, el Estado también tuvo que organizarse, distribuir funciones, crear organismos, especializar conocimientos y delimitar responsabilidades y, en México, ese proceso dio lugar a instituciones y estructuras diferenciadas para atender la educación, la salud, la seguridad, la asistencia social, las adicciones, la protección de derechos y muchas otras áreas.

La especialización tiene entonces una razón de ser: ninguna institución podría atender por sí sola todas las necesidades de una sociedad. Un hospital no puede convertirse en escuela, una escuela no puede sustituir un servicio de salud mental y una institución de asistencia social no puede asumir las atribuciones de todas las demás; sin embargo, mientras el Estado aprendió a dividir y especializar sus funciones, los fenómenos sociales siguieron comportándose de una manera mucho menos ordenada, porque la pobreza puede encontrarse con la enfermedad, la violencia con las adicciones, la deserción escolar con los problemas familiares y una crisis de salud mental puede atravesar simultáneamente la casa, la escuela, los servicios de salud y la comunidad.

Ahí aparece uno de los retos de las sociedades contemporáneas: la articulación, porque especializar no significa necesariamente articular y contar con muchas instituciones tampoco garantiza, por sí mismo, que sus capacidades se encuentren alrededor de un mismo problema; Ricardo Uvalle Berrones, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ha señalado que la administración pública contemporánea enfrenta problemas de creciente complejidad y que su atención exige procesos de dirección, coordinación e implementación, mientras que distintos estudios universitarios han analizado precisamente cómo la organización del Estado mexicano ha debido transformarse conforme aumentan las demandas y responsabilidades que tiene frente a la sociedad.

En el campo de la salud, esta historia resulta particularmente visible. Miguel Ángel Zamarrón Serratos, en una investigación de maestría realizada en la UNAM, estudió la atención pública de salud en México desde lo que denomina “la fragmentación en sus inicios” hasta el propósito de integración de sus instituciones, una perspectiva especialmente útil porque nos permite alejarnos de una explicación simplista: la fragmentación no significa necesariamente que no existan instituciones o que quienes trabajan en ellas no hagan su trabajo, significa que un sistema construido históricamente mediante instituciones, poblaciones atendidas, atribuciones y mecanismos distintos enfrenta después el enorme desafío de conseguir que todas esas capacidades puedan coordinarse.

Y quizá la salud mental sea uno de los mejores lugares para observarlo, porque una persona no llega dividida de acuerdo con nuestras competencias administrativas; un adolescente puede necesitar simultáneamente a su familia, a su escuela y a los servicios de salud, una persona con una adicción puede requerir atención médica, psicológica y social, una mujer que vive violencia puede necesitar protección, atención jurídica y acompañamiento psicológico, y una persona que atraviesa una crisis emocional puede requerir más de una respuesta en momentos distintos, no porque alguna institución deba resolverlo todo, sino precisamente porque ninguna puede hacerlo sola.

Entonces, ¿cómo conseguimos que instituciones necesariamente especializadas puedan responder de manera articulada ante fenómenos sociales que no reconocen las fronteras entre una dependencia y otra? Esa pregunta nos parece mucho más útil que buscar responsables individuales, porque nos permite reconocer lo construido, comprender las razones históricas de nuestra organización institucional y, al mismo tiempo, mirar aquello que todavía puede fortalecerse.

Por eso, octubre puede servirnos para mirar la salud mental desde una perspectiva diferente, primero entendiendo cómo llegamos a construir instituciones cada vez más especializadas, después preguntándonos cómo conseguimos articularlas y, más adelante, mirando también los recursos que destinamos para que puedan cumplir sus funciones, porque presupuesto y coordinación son problemas distintos, aunque inevitablemente terminan encontrándose: podemos necesitar más recursos y, al mismo tiempo, mejores mecanismos para utilizar conjuntamente las capacidades que ya existen.

Septiembre nos llevó a hablar de la importancia de pedir ayuda y cerramos diciendo que la responsabilidad no podía terminar en quien conseguía reunir el valor para pedirla; octubre puede ayudarnos a comprender por qué esa frase implica mucho más que tener disponible un número telefónico, un consultorio o una institución, implica construir una respuesta capaz de reconocer que los fenómenos sociales son complejos y que atenderlos requiere conocimiento especializado, recursos suficientes y, cada vez más, instituciones capaces de trabajar juntas.

Porque quizá una de las grandes paradojas del Estado moderno sea precisamente ésta: necesitamos instituciones cada vez más especializadas para comprender nuestros problemas, pero necesitamos instituciones cada vez más articuladas para poder resolverlos.

Escrita por Luisa Pérez, fiel admiradora de las vicisitudes humanas.

Referencias consultadas

Uvalle Berrones, Ricardo (2019). Dinámicas de la Administración Pública en las transformaciones de la vida estatal contemporánea. Encrucijada. Revista Electrónica del Centro de Estudios en Administración Pública, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

Juárez Quezada, Guadalupe (2024). Las Formas de Organización Administrativa en México: Una Visión desde el Ámbito Constitucional. Revista de la Facultad de Derecho de México, UNAM.

Zamarrón Serratos, Miguel Ángel (2016). La atención pública de salud en México: de la fragmentación en sus inicios al propósito de la integración en sus instituciones: un enfoque descriptivo. Tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México.